La escena lo dice todo. Una hija habla en radio nacional sobre su padre presidente y no describe una familia unida por el proyecto político sino una dispersada por él. Andrea Petro, hija de Gustavo Petro, concedió una entrevista a Blu Radio en la que describió con precisión quirúrgica lo que, según ella, ocurrió puertas adentro de la familia presidencial colombiana.
Su diagnóstico fue directo: «La familia se fracturó fue por el poder». No por la separación del presidente con la primera dama, Verónica Alcocer, como especulaban algunos observadores. Según Andrea Petro, esa lectura es equivocada. «No, para nada», respondió cuando le preguntaron si Alcocer era la causa del distanciamiento.
El origen, señaló, hay que buscarlo en otro episodio: el caso judicial que involucra a su hermano Nicolás Petro, investigado por presunto enriquecimiento ilícito y lavado de activos. «Ahí empezó todo», afirmó. Y luego reiteró: «Ahí empezó ya la familia a fragmentarse profundamente».
Los detalles cuentan la historia. Andrea Petro vive en Francia. Su hermano Andrés está en Canadá. Sofía Petro reside en Brasil. La geografía del distanciamiento es, también, literal. Sobre Nicolás, la hija mayor fue aún más tajante: «Desde ese momento, no. Ruptura total».
La entrevista incluyó una frase que merece detenerse: «Actualmente está completamente fracturada por el poder. Nada más y nada menos que por el poder. De pronto está la codicia adentro». La palabra «codicia» salió de su boca sin que nadie se la pusiera. Y añadió que todavía está «tratando de digerir algunas cosas», anticipando que parte de esos episodios será relatada en un libro que publicará en octubre próximo.
Para entender el presente hay que volver a ese momento en que Nicolás Petro quedó en el centro de una investigación penal mientras su padre gobernaba desde la Casa de Nariño. El caso no solo abrió un frente judicial incómodo para el Gobierno; según Andrea, abrió también una grieta que ninguna conversación familiar logró cerrar.
Lo que Andrea Petro describe no es una anécdota doméstica. Es el retrato de una dinámica que el petrismo nunca ha querido discutir en público: qué ocurre cuando el aparato estatal, con toda su capacidad de distribuir poder, contratos e influencia, rodea a una familia. La «codicia» que menciona la hija del presidente no es un juicio moral abstracto; es, según su propio relato, una fuerza concreta que actuó sobre personas concretas y produjo consecuencias concretas.
El Gobierno de Petro ha construido su narrativa sobre la idea de que representa a los de abajo frente a las élites. Pero el testimonio de su propia hija sugiere que la llegada al poder reproduce, dentro del círculo más íntimo, exactamente las tensiones que ese discurso dice combatir afuera: la disputa por recursos, la ruptura de lealtades, el silencio entre quienes antes se hablaban. Hemisferio no afirma que el presidente sea responsable de las decisiones de sus hijos, pero sí observa que cuando una familia se dispersa por cuatro continentes y una de sus integrantes anuncia un libro sobre lo vivido, el relato oficial de un proyecto político virtuoso enfrenta su contrapeso más difícil de manejar: el testimonio de adentro.



