La escena lo dice todo. Mientras buena parte de la región acumula titulares de inestabilidad, el Perú recibe un reconocimiento que no se compra con decretos: Lonely Planet lo eligió el mejor destino turístico de Sudamérica en su listado Best in Travel 2026 y lo incluyó entre los 25 lugares recomendados para visitar en el mundo durante el próximo año.
La prestigiosa guía de viajes no se limita a celebrar lo que siempre estuvo ahí —el legado histórico de miles de años, la biodiversidad, la gastronomía— sino que subraya algo más reciente y más significativo: la modernización de la infraestructura que facilita el desplazamiento de los visitantes. Nuevos aeropuertos en Lima y Huaraz, y otro próximo a inaugurarse cerca de Cusco, son los datos concretos que respaldan la afirmación de la guía de que el Perú «avanza a toda velocidad hacia el futuro mientras encuentra espacio para honrar su ilustre pasado».
Los detalles cuentan la historia. En Machu Picchu, uno de los grandes imanes del turismo mundial, se han establecido tres nuevos circuitos que agrupan diez rutas turísticas, con el objetivo de reducir la presión del turismo masivo sobre el santuario histórico. La medida responde a una demanda real: un número creciente de viajeros opta también por destinos menos concurridos, como Choquequirao o el Qhapaq Ñan, la antigua red de caminos del Imperio inca. La diversificación de la oferta no es un eslogan; es una estrategia con destinos concretos detrás.
En gastronomía, el reconocimiento llega desde varios frentes. Lonely Planet consolida a Lima como una de las principales capitales culinarias del planeta y menciona el crecimiento de la cocina nikkei, representada por preparaciones como el tiradito. A eso se suma el reconocimiento que la Unesco otorgó en 2023 a Arequipa como Ciudad Creativa de la Gastronomía, un sello que refuerza la proyección internacional de la cocina tradicional del país.
La guía concluye que uno de los mayores atributos del Perú es la variedad de escenarios dentro de un mismo territorio: costa, cordillera de los Andes, Amazonía, ciudades coloniales, áreas naturales protegidas y una amplia riqueza cultural. Por su parte, PromPerú, entidad adscrita al Ministerio de Comercio Exterior y Turismo, indicó que continúa impulsando estrategias para consolidar la imagen del país como un destino integral vinculado con la naturaleza, la historia, la aventura, la cultura y la gastronomía.
Para entender el presente hay que volver a esa semana en que los rankings globales se publican y los países compiten no con ejércitos sino con aeropuertos, rutas y platos. El turismo es, en el fondo, libre empresa a escala internacional: el viajero vota con su billetera y su pasaporte. Cuando una guía con la autoridad de Lonely Planet elige un destino, lo que está certificando es que la inversión en infraestructura y la apertura al visitante producen resultados medibles.
El reconocimiento al Perú es, en ese sentido, una señal de que las reformas en conectividad y la gestión de los atractivos emblemáticos generan retornos reales —para el sector privado, para las comunidades locales y para el Estado en forma de divisas. El desafío que sigue, como en todo mercado competitivo, es sostener la calidad y profundizar la inversión sin que la burocracia o la inestabilidad política dilapiden la ventaja que hoy el mundo le reconoce.



