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El peronismo bonaerense sale a las provincias

Mientras Milei avanza con el ajuste fiscal, los ministros de Kicillof recorren el país para construir una plataforma nacional de oposición. El debate sobre el gasto en salud pública es el ariete.
Imagen ilustrativa
miércoles 5 de agosto de 2026

La escena lo dice todo. Un ministro provincial viaja mil quinientos kilómetros desde Buenos Aires hasta Comodoro Rivadavia, firma convenios con una universidad patagónica, lanza un foro y lee un documento llamado «Compromiso por el Derecho a la Salud en la Patagonia». El acto sanitario es real. Pero la agenda política es la que manda.

Nicolás Kreplak, ministro de Salud de la provincia de Buenos Aires, visitó Chubut este lunes con una hoja de ruta que combinó lo técnico con lo electoral. Se reunió con el intendente de Comodoro Rivadavia, Othar Macharashvili, con autoridades de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco y firmó un convenio de cooperación entre esa casa de estudios y su cartera. También presentó el Manual de Salud Pública y lanzó el Foro por el Derecho a la Salud.

El eje central del discurso fue el impacto del ajuste del gobierno nacional sobre el sistema sanitario. «La salida no es resignarse al ajuste», afirmó Kreplak ante su audiencia patagónica. Según el ministro, «el 80% de las obras sociales nacionales no recauda lo suficiente para financiarse», el PAMI «sufrió un recorte presupuestario de más del 40%» y el gobierno nacional «dejó de financiar programas esenciales como REMEDIAR, redujo la provisión de medicamentos, vacunas e insumos y cerró decenas de programas que sostenían a las provincias».

Los detalles cuentan la historia. Kreplak no fue solo. En los últimos días, el ministro de Gobierno bonaerense, Carlos Bianco, estuvo en San José, Entre Ríos; el ministro de Trabajo, Walter Correa, compartió actividades en Concordia junto al titular de ATE local, Enrique Vázquez; y el ministro de Desarrollo Agrario, Javier Rodríguez, recorrió Santa Fe. El patrón es claro: el gabinete del gobernador Axel Kicillof sale del territorio provincial en una cadencia que no parece improvisada.

Para entender el presente hay que volver a esa semana. El peronismo atraviesa una interna que tiene a Kicillof y a La Cámpora como protagonistas de un diferendo que, hasta ahora, se había mantenido en sordina. Máximo Kirchner, titular de La Cámpora y diputado nacional, declaró en una entrevista con C5N estar «convencido de que no estamos en veredas opuestas» respecto al gobernador y mostró disposición a reunirse con él. El hijo de los dos expresidentes, según la misma fuente, está construyendo un perfil nacional con el objetivo de recorrer el país como delegado de Cristina Fernández de Kirchner y asumir un rol electoral de mayor envergadura.

En ese contexto, los viajes ministeriales adquieren otro peso. El «Movimiento Derecho al Futuro», mencionado entre los temas relacionados de la cobertura, opera como paraguas político de esta expansión territorial. La salud pública es el lenguaje; la construcción de una mayoría opositora al gobierno de Javier Milei es el objetivo declarado por el propio Kreplak, quien llamó a «organizarse para cambiar el rumbo político del país».

Desde Hemisferio, el cuadro merece una lectura sin anestesia. El aparato estatal de la provincia más grande y más poblada del país —con su ministerio de salud, sus convenios universitarios y sus recursos de gestión— se despliega fuera de sus fronteras para hacer campaña contra una política fiscal que, guste o no, busca corregir décadas de déficit crónico. El debate sobre si el ajuste daña o no la salud pública es legítimo y los números que cita Kreplak merecen escrutinio. Pero usar los recursos del Estado provincial para construir plataformas electorales en otras jurisdicciones es una práctica que los contribuyentes bonaerenses tienen todo el derecho de conocer y evaluar.

El principio en juego es sencillo: el dinero de los contribuyentes de Buenos Aires financia ministerios para gestionar la provincia, no para exportar oposición a la Patagonia. Que nadie lo diga en voz alta no significa que el cálculo no esté hecho.

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