La escena lo dice todo.
Ante un micrófono de Nuevo Mundo, Lautaro Carmona, presidente del Partido Comunista de Chile, eligió sus palabras con cuidado y luego soltó la frase que resumía su diagnóstico: «Vienen por todo». No hablaba de un episodio menor. Hablaba de Codelco.
La propuesta de privatizar la mayor empresa cuprífera del mundo —y principal fuente de ingresos del Estado chileno— llegó desde el presidente del Partido Republicano. Para Carmona, el planteo no es una «salida de madre», sino la expresión coherente de un proyecto político más amplio. «De ahí viene, coherentemente, no es una salida de madre, un reparto de papeles, la formulación que hace el presidente del Partido Republicano acerca de vender Codelco o de privatizar Codelco», afirmó el dirigente comunista.
La reacción de Carmona fue inmediata y abarcó mucho más que el cobre. Según su lectura, la propuesta se inscribe en una ofensiva destinada a desmontar funciones que el Estado chileno ha acumulado históricamente en educación, salud y vivienda. «Están desmontando todas las labores históricamente adquiridas desde el punto de vista social por el Estado de Chile», sostuvo. El diagnóstico lo llevó a convocar a partidos de oposición, sindicatos y organizaciones estudiantiles a construir una respuesta común.
El dirigente también acusó al Gobierno de impulsar una «refundación neoliberal» mediante la reducción de presupuestos sociales y el traspaso de áreas clave hacia el sector privado. En su visión, el proceso podría consolidar la desocupación y los bajos salarios.
El Foro de Madrid y la sombra de Trump
El debate sobre Codelco no fue el único frente que abrió Carmona en esa conversación. El dirigente comunista apuntó también contra el Foro de Madrid, una cumbre internacional de derecha anunciada para los primeros días de septiembre en Chile. Calificó el encuentro como una «convocatoria del imperio» y afirmó que tendría una influencia decisiva del sector político encabezado por Donald Trump.
Según Carmona, la instancia buscaría construir una plataforma regional para prolongar «la política reaccionaria de Trump y Marco Rubio» y disputar influencia en países como Brasil y México. El hecho de que el encuentro esté previsto para septiembre —mes marcado en Chile por el aniversario del golpe de Estado de 1973— lo calificó de provocación política deliberada. Anticipó que los partidos comunistas y progresistas deberán articular una respuesta e impulsarán actividades alternativas y movilizaciones durante esas fechas.
Lo que está en juego
Para entender el presente hay que volver a esa semana. La propuesta de privatizar Codelco no llegó al vacío: llegó a un país donde el debate sobre el tamaño y el rol del Estado lleva décadas sin resolverse, y donde la empresa cuprífera es, simultáneamente, el mayor activo del fisco y el símbolo más cargado de la historia económica reciente.
Los detalles cuentan la historia. Que el presidente del PC haya dedicado una entrevista entera a conectar Codelco, el gasto social y un foro internacional de derecha revela cuánto ha subido la temperatura del debate. La propuesta republicana —sea o no viable en el corto plazo— logró exactamente lo que suelen lograr las ideas que tocan un nervio: forzar al adversario a definirse.
Desde la línea editorial de Hemisferio, la pregunta relevante no es si Codelco debe o no privatizarse —eso es materia de política chilena y de sus ciudadanos—, sino qué principios están en juego. Una empresa estatal que opera en mercados globales con deuda, desafíos de productividad y necesidades de inversión no es, por definición, intocable. El argumento del «principal patrimonio de Chile» merece debate técnico, no solo retórica de barricada. Que la izquierda chilena responda con la palabra «imperio» cada vez que alguien menciona la palabra «mercado» dice más sobre el estado de la conversación pública que sobre los méritos reales de cualquier propuesta de reforma. El libre mercado no es una conspiración: es, en buena parte del mundo, la razón por la que los contribuyentes tienen algo que proteger.



