La escena lo dice todo. Desde la madrugada del martes, operarios colocaban paneles fenólicos alrededor del Obelisco mientras los primeros hinchas comenzaban a ocupar las veredas de la Avenida 9 de Julio. Para cuando el reloj marcara las 18 horas —el momento en que el árbitro pitara el final del partido entre Argentina e Inglaterra por la semifinal del Mundial 2026—, la zona más icónica de Buenos Aires ya estaría convertida en un perímetro controlado.
El operativo fue coordinado por el ministro de Seguridad porteño, Horacio Giménez, con la colaboración de la titular de Seguridad Nacional, Alejandra Monteoliva. Ambas gestiones activaron un comando unificado que contempla la participación de entre 700 y 800 policías en el área del Obelisco, un número superior al desplegado durante los festejos por la victoria argentina ante Suiza en fases previas del torneo.
El dispositivo incluye efectivos de Orden Urbano, la División Despliegue de Intervenciones Rápidas, motos del GAM de la Policía Motorizada, brigadas de la Superintendencia de Investigaciones y personal de las comisarías Vecinales 1B y 1D, según confirmó el Gobierno de la Ciudad a Infobae. A eso se suman cortes preventivos de tránsito, relevamiento en tiempo real desde el Centro de Monitoreo Urbano e inspección reforzada de objetos sospechosos, incluyendo las conservadoras utilizadas habitualmente para transportar bebidas.
«El partido finaliza a una hora crítica para el regreso de la gente a su casa, por lo que se establecerá algún corte, porque siempre es multitudinario el punto de concentración en el Obelisco», explicó Monteoliva en diálogo con TN. La ministra precisó que la Policía de la Ciudad será la primera en intervenir por cuestiones de jurisdicción, pero garantizó apoyo de fuerzas federales «en el caso de que se requiera». Sobre la embajada británica, señaló que «hay presencia suficiente de seguridad», con posibilidad de refuerzo si la situación lo demanda.
Más allá del Obelisco, el operativo se extiende a otros puntos sensibles de la ciudad, entre ellos la Plaza Seeber de Palermo, donde funciona el Buenos Aires Fan Fest.
Atlanta, 1.600 agentes y puertas separadas
La otra mitad del operativo transcurre en Atlanta, sede de la semifinal. La FIFA trabaja en conjunto con las autoridades locales ante la calificación del partido como de alto riesgo. Según detalló Monteoliva, se desplegarán aproximadamente 1.600 agentes policiales en la ciudad, cifra definida tras una reunión en el Centro Internacional de Cooperación Policial en Leesburg, Virginia, donde participaron representantes de la FIFA, el FBI, las policías de Atlanta y Miami, y delegaciones de seguridad de ambos países.
De ese encuentro surgió el documento «pre match», que incluye análisis de riesgo, antecedentes de incidentes entre hinchadas y mapeo de los puntos de mayor concentración de aficionados. Una de las medidas concretas: los hinchas argentinos ingresarán al Mercedes-Benz Stadium por la Puerta 4 y los ingleses por la Puerta 3. Dentro del estadio no habrá separación física, pero la diferenciación de accesos busca reducir cruces en los ingresos principales.
Queda prohibido el ingreso de botellas y de cualquier elemento con mensajes provocativos de contenido político, racial o que puedan incitar a disturbios. Según Monteoliva, eso incluye carteles, banderas o imágenes de las Islas Malvinas.
Un dato que el gobierno nacional exhibe como logro: la presencia de barrabravas argentinos en Estados Unidos es mínima en comparación con ediciones anteriores, fruto de un trabajo conjunto entre los gobiernos nacional, de la Ciudad y de la provincia de Buenos Aires. Las autoridades compartieron con sus pares norteamericanos el Registro Nacional de Personas con Derecho de Admisión, que incluye a 33.000 personas. A lo largo de la Copa del Mundo, 13 argentinos fueron identificados e incorporados a ese registro.
Los detalles cuentan la historia. Lo que Buenos Aires y Atlanta están ejecutando esta tarde no es solo logística de fútbol: es la demostración de que el Estado puede —y debe— garantizar el orden sin cancelar la fiesta. La coordinación entre fuerzas locales, federales e internacionales, la transparencia en los protocolos y la exclusión preventiva de quienes ya tienen antecedentes de violencia son exactamente el tipo de política de seguridad que protege al ciudadano de bien sin criminalizar al hincha común. El contribuyente que sale a festejar merece calles seguras; el que viajó a Atlanta merece un estadio sin provocaciones. Esta tarde, al menos sobre el papel, el aparato estatal parece haber hecho su tarea.



