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El nuevo lujo habla en artesano

En Colombiamoda 2026, diseñadores colombianos redefinen el valor de la moda desde la tradición, el oficio manual y la identidad cultural — y el mundo empieza a escuchar.
Imagen ilustrativa
domingo 2 de agosto de 2026

La escena lo dice todo. Una falda larga, un sombrero, una blusa con boleros: prendas que cualquier colombiano reconocería en la finca de un abuelo. Pero esta semana aparecieron en la pasarela de Colombiamoda 2026, bajo focos y ante compradores internacionales, como si fueran la propuesta más contemporánea de la industria. Porque, según el argumento que atravesó la feria entera, lo son.

El tema central de la edición 2026 fue «Uniqueness is the New Luxury», una declaración que plantea por qué la autenticidad, la identidad y el valor cultural están redefiniendo el lujo. Dentro de ese marco, tres firmas concentraron la atención: Alado, Juan Pablo Socarrás y Manuela Álvarez. Distintas trayectorias, distintos estilos, un factor en común: la tradición artesanal no como decoración de temporada, sino como núcleo técnico y estético de las colecciones.

Alado presentó La Aurora, una colección construida a partir de una investigación de ocho meses en fincas cafeteras. La historia y el oficio de las mujeres caficultoras colombianas fueron el punto de partida. Andrés Restrepo, diseñador de la marca, lo explica sin rodeos: «Para mí hay muchísimo lujo en una prenda tejida a mano, incluso con las pequeñas imperfecciones propias de un proceso manual. El verdadero lujo es el rastro de humanidad que conserva un producto». Una pieza de la que se puede rastrear quién la hizo, dónde y cómo, dice Restrepo, «representa el nuevo significado del lujo».

Juan Pablo Socarrás tomó como punto de partida la vida de la primera vocalista cumbiera de una orquesta profesional en Colombia. Manuela Álvarez, creadora de la marca MAZ y encargada de la pasarela inaugural, construyó su propuesta desde una oda a la impermanencia a través de técnicas de comunidades tradicionales. Álvarez lleva más de una década trabajando junto a comunidades de diferentes regiones del país, y ha desarrollado una metodología en la que esas comunidades reciben herramientas en mercadeo, costeo, conceptualización y definición de paletas de color y fibras, con el objetivo de que sean autosostenibles.

Para entender el presente hay que volver a esa semana. En 2025, un escándalo recorrió las redes sociales cuando comerciantes e influencers chinos aseguraron que era en China, y no en talleres europeos, donde grandes marcas elaboraban artículos que podían costar miles de dólares. Buena parte de esas publicaciones terminó siendo falsa, según recoge la fuente, pero sí sembraron dudas en un contexto en el que ya había iniciado un cambio en la concepción del lujo — el que enmarcan marcas como Dior, Chanel o Valentino. La caída de la demanda de esas marcas obedece a múltiples factores, pero uno de ellos es que esas piezas ya no representan el estatus que desea proyectar quien las compra.

William Cruz Bermeo, profesor de la UPB e investigador de moda, lo sintetiza con precisión: «El lujo ya no se entiende como esos objetos de las grandes marcas o de los diseñadores europeos que cuestan millones. Esta nueva concepción del lujo implica ser capaces de mirar hacia adentro y valorar la tradición artesanal que tenemos en todos los sectores: el textil, la marroquinería, el calzado y la joyería, para integrar todo ese patrimonio a los productos de moda». Los diseñadores colombianos, agrega Cruz, están cada vez más enfocados no solo en recuperar la tradición artesanal de las diferentes regiones del país, sino también «las narraciones que nos son propias».

Manuela Álvarez coincide: el lujo latinoamericano proviene de la riqueza cultural, del trabajo hecho a mano y de la diferencia entre una pieza elaborada por una máquina y otra realizada por una comunidad o por una persona.

Los detalles cuentan la historia. Lo que Colombiamoda 2026 pone sobre la mesa no es solo una tendencia estética: es un modelo de negocio. Cuando el valor de un producto descansa en el oficio, en la trazabilidad y en la identidad cultural, la cadena de valor se ancla en el territorio y en quien trabaja con las manos — no en el logo ni en la burocracia de una casa europea. Eso es libre empresa con raíces: el artesano como productor soberano de su propio capital simbólico y económico. Colombia tiene, en ese sentido, una ventaja competitiva real que no depende de subsidios ni de aparatos estatales, sino de un patrimonio vivo que aún preserva sus oficios.

El riesgo, como en todo mercado emergente, es que ese valor sea capturado por intermediarios antes de llegar a las comunidades que lo generan. La metodología que describe Álvarez — herramientas de costeo, mercadeo y conceptualización directamente en manos de las comunidades — apunta exactamente en la dirección correcta: que quien crea el valor sea también quien lo retiene. Esa es la apuesta que Colombiamoda 2026 lanzó a la pasarela.

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