La escena lo dice todo. Un operario en Lurín toma un lector de radiofrecuencia, escanea una caja, confirma la ubicación en el sistema y sigue. Hace cinco años, ese mismo movimiento lo hacía con una planilla en papel. Hoy, si el dato no entra al WMS en tiempo real, la entrega se retrasa y el stock se desordena. El almacén cambió. El trabajador tiene que cambiar también.
La expansión de los parques logísticos en Lima Sur es, a estas alturas, uno de los fenómenos económicos más silenciosos y más concretos del Perú reciente. Entre 2018 y 2024, la superficie destinada a almacenes en Lurín creció cerca de 70%, según datos citados por Adecco, y podría superar el millón de metros cuadrados durante 2026. No es un dato menor: Lurín concentra buena parte del movimiento de distribución que alimenta a la capital.
Detrás de esa infraestructura hay una demanda laboral que también creció. Los requerimientos de personal para posiciones de almacenamiento, inventario y distribución en Lima Sur aumentaron alrededor de 25% durante el último año, de acuerdo con Adecco. Y el mercado de almacenes en Lima, en términos generales, creció alrededor de 12% en los últimos doce meses.
El motor es conocido: el comercio electrónico. El aumento de las compras por internet obliga a recibir, clasificar, almacenar y despachar más productos, especialmente durante campañas comerciales como Cyber, Fiestas Patrias y fin de año. En esos periodos, algunas operaciones pueden duplicar temporalmente su planilla habitual para responder al incremento de pedidos.
Pero el volumen no es el único cambio. Lo que está transformando la estructura del empleo logístico es la tecnificación del trabajo operativo. Escáneres, lectores de radiofrecuencia y sistemas de gestión de inventarios —los llamados WMS— forman parte ahora de tareas que antes dependían en mayor medida del control manual. Los perfiles que encabezan la demanda son operarios de almacén, especialistas en picking y packing, personal de recepción y despacho, encargados del control de inventarios y supervisores de turno. La diferencia frente a años anteriores está en la forma de realizar esas tareas.
«Los perfiles más valorados son aquellos que combinan experiencia operativa con conocimientos tecnológicos», señaló Alejandro Botero, director de Adecco Industrial & Logistics. No se exige que los operarios sepan programar, aclaró, pero sí que puedan aprender a usar los equipos, seguir indicaciones digitales y registrar la información sin frenar el ritmo de la operación. La capacidad de adaptación, agregó Botero, empieza a tener mayor peso en los procesos de selección.
Algunas posiciones siguen siendo difíciles de cubrir. Los operadores de montacargas certificados —que requieren preparación específica y experiencia en manejo seguro de maquinaria— escasean. También cuesta encontrar personal disponible para jornadas nocturnas o de madrugada. El reto no es solo sumar trabajadores por algunas semanas, sino incorporarlos con rapidez a una cadena donde un error de registro puede retrasar una entrega o desordenar el stock.
Adecco prevé que la automatización continuará elevando las exigencias para los puestos operativos. La firma también anticipa una mayor profesionalización de los trabajadores, estándares de seguridad más estrictos y avances en la formalización laboral ante la llegada de centros de distribución de mayor escala.
Para entender el presente hay que volver a esa semana en que el primer gran parque logístico se instaló en Lurín y nadie habló de «transformación digital» porque nadie lo llamaba así. Hoy el lenguaje cambió, pero la lógica es la misma de siempre: el capital se mueve hacia donde la infraestructura y la regulación lo permiten, y arrastra empleo consigo.
Lo que está ocurriendo en Lima Sur es, en el fondo, una demostración de lo que el libre mercado hace cuando el Estado no lo estorba demasiado: construye, contrata y exige más de quienes quieren participar. El desafío para el Perú no es frenar esa exigencia sino preparar a los trabajadores para cumplirla. Eso requiere formación técnica real, no burocracia certificadora. La brecha de talento que hoy frena algunas contrataciones no la cierra ningún decreto; la cierra la inversión privada en capacitación y un sistema educativo que entienda que un lector de radiofrecuencia también es una herramienta de movilidad social.



