La escena lo dice todo.
Un documento judicial citado por The Washington Post reveló que la empresa de inteligencia artificial Anthropic bautizó como «Proyecto Panamá» su esfuerzo para, según el texto reproducido por el diario, «escanear de forma destructiva todos los libros del mundo» con el fin de entrenar a su sistema de IA. El nombre de un país soberano, usado sin permiso ni explicación para rotular un plan que implica la destrucción masiva de obras protegidas.
La reacción oficial en Ciudad de Panamá fue el silencio.
Ni el Ministerio de Cultura ni la Cancillería emitieron pronunciamiento público alguno. Ninguna nota diplomática, ninguna exigencia de explicaciones, ninguna campaña de imagen para deslindar el nombre del país de lo que el columnista de La Prensa califica como «un proyecto deleznable». La tibieza, escribe ese mismo texto, «demuestra que nos da bastante igual que nos traten así».
Lo que reveló el documento
El caso llegó a la luz a través de un proceso judicial. El documento interno de Anthropic, incorporado al expediente y publicado por The Washington Post, describe el «Proyecto Panamá» como un esfuerzo de escaneo «destructivo» de libros a escala global. La palabra «destructivo» no es metáfora: alude al proceso físico de desencuadernar volúmenes para digitalizarlos, práctica que elimina el ejemplar original.
La elección del nombre «Panamá» por parte de Anthropic no ha sido explicada públicamente por la compañía, al menos no en las fuentes disponibles. Lo que sí quedó expuesto es que una corporación tecnológica de primer nivel tomó el nombre de un Estado para identificar internamente una operación de compra y destrucción masiva de libros, sin que mediara consulta ni acuerdo con las autoridades panameñas.
El patrimonio inmaterial y su precio
El nombre de un país es, en términos jurídicos y diplomáticos, parte de su patrimonio inmaterial. No existe un tratado internacional que prohíba explícitamente a una empresa privada usar el nombre de una nación como denominación interna de proyecto, pero la práctica roza terrenos sensibles: reputación, imagen-país y, en este caso, la asociación involuntaria con una actividad que enfrenta cuestionamientos legales sobre derechos de autor.
Para entender el presente hay que volver a esa semana en que el documento se hizo público y Panamá no respondió. El contraste es elocuente: países con menor exposición internacional han activado sus cancillerías ante usos indebidos de su nombre o bandera por parte de actores corporativos. Panamá, cuyo nombre es una de sus marcas más reconocibles en el mundo —canal, hub financiero, zona franca—, dejó pasar la oportunidad sin rechistar.
La trastienda del silencio
La columna de La Prensa apunta a una hipótesis incómoda: que la tibieza no es accidental sino estructural. «Cuando despreciamos la importancia de llamarnos Panamá, pasan estas cosas», escribe el autor. La pregunta que deja abierta es si el aparato estatal panameño tiene la agilidad institucional —y la voluntad política— para defender activos intangibles del país con la misma energía con que negocia concesiones portuarias o acuerdos comerciales.
Los detalles cuentan la historia: un gobierno que se presenta bajo el lema «paso firme», según la misma columna, no dio un solo paso ante una afrenta simbólica documentada en tribunales estadounidenses y difundida por uno de los diarios de mayor circulación del mundo.
Lectura editorial
Hemisferio ha sostenido que el gobierno de Mulino representa una oportunidad para reconstruir la imagen de Panamá como plaza seria, predecible y respetable. Esa imagen se construye también en los detalles: en la velocidad con que un Estado defiende su nombre cuando alguien lo usa para rotular operaciones cuestionadas ante un juez.
El libre mercado no exige pasividad estatal ante el uso indebido del nombre soberano de un país. Exige, precisamente, reglas claras y su defensa activa. Una cancillería que no reacciona cuando una corporación tecnológica asocia el nombre «Panamá» con la destrucción de libros en un expediente judicial no está protegiendo la inversión colectiva que representa esa marca. Está dejando que otros la deprecien, gratis y sin consecuencias.



