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El ministerio que falta: la salud, en vilo a dos semanas del cambio de gobierno

Organizaciones de pacientes y senadores exigen a Abelardo de la Espriella designar cuanto antes a la ministra de Salud, mientras el sistema arrastra cerca de 10 millones de quejas y una crisis financiera sin precedentes dejada por el gobierno Petro.
Imagen ilustrativa
viernes 24 de julio de 2026

La escena lo dice todo. A dos semanas de que Abelardo de la Espriella asuma la presidencia de Colombia, el Ministerio de Salud y Protección Social sigue sin cabeza visible. Es una de las tres carteras que el gobierno electo no ha completado, y la que más presión acumula: el sistema de salud colombiano atraviesa, según quienes lo conocen por dentro, su peor crisis financiera y humanitaria en años.

Pacientes Colombia, movimiento de la sociedad civil que agrupa a 204 organizaciones en el país, lanzó esta semana un llamado formal al gobierno entrante para que acelere esa designación. La urgencia no es protocolar. Según la organización, el sistema registra cerca de 10 millones de peticiones, quejas, reclamos y solicitudes presentadas por usuarios, además de barreras crecientes para acceder a medicamentos, procedimientos, consultas especializadas y otros servicios esenciales.

«Cada día que pasa sin ministro electo es un día más de crisis. Colombia no puede llegar a un nuevo gobierno sin una cabeza visible, técnica y con capacidad para tomar decisiones frente a una situación que afecta directamente la vida y la continuidad de los tratamientos de millones de personas», afirmó Denis Silva, vocero de Pacientes Colombia.

La organización fue explícita en el perfil que exige: idoneidad técnica, experiencia en el sector, capacidad de diálogo y una visión centrada en las necesidades de los usuarios. Y fijó prioridades: antes de cualquier debate sobre reforma estructural, el país necesita certezas operativas. Evaluar el estado financiero real del sistema, evitar nuevas interrupciones en la atención y proteger el acceso efectivo a los servicios. «De la salud dependen la vida y la dignidad de los colombianos», añadió Silva.

Desde el Congreso, el senador Andrés Forero, del partido Centro, sumó su voz. «Estamos a dos semanas del cambio de gobierno y todavía no se sabe quién ocupará el Ministerio de Salud», señaló, y pidió directamente a De la Espriella acelerar el nombramiento. «Gustavo Petro deja una crisis sin precedentes y no hay tiempo que perder para empezar a resolverla», agregó el congresista.

Hay un elemento adicional que acota el margen de maniobra del presidente electo: por la ley de cuota de género, quien lidere ese ministerio debe ser mujer. La restricción no amplía las opciones; las ordena dentro de un universo ya delimitado.

Los detalles cuentan la historia. Cuatro años de gobierno Petro dejaron, según las fuentes consultadas, un sistema al que no se le incrementaron los recursos para la atención de pacientes. El resultado es visible en los números: millones de reclamos acumulados, servicios cerrados, tratamientos interrumpidos. Pacientes Colombia advirtió que la salud no puede convertirse en la «cenicienta» del nuevo gobierno.

Para entender el presente hay que volver a esa semana. La transición no es un trámite administrativo: es el momento en que se decide si la crisis se gestiona o se hereda sin mapa. Cada día sin titular en Salud es un día en que nadie firma, nadie convoca y nadie responde ante los actores del sistema —aseguradoras, prestadores, pacientes— que esperan señales.

Hemisferio observa aquí un patrón que el libre mercado conoce bien: cuando el aparato estatal demora sus propias decisiones, los costos los pagan los ciudadanos, no los funcionarios. El sistema de salud colombiano no es un mercado libre —es, en gran medida, una arquitectura regulada y financiada con dinero de los contribuyentes—, pero sus fallas tienen consecuencias tan reales como las de cualquier empresa que quiebra por mala gestión. La diferencia es que aquí no quiebra una empresa: quiebran tratamientos, diagnósticos y, en el extremo, vidas.

De la Espriella tiene la oportunidad de marcar desde el primer día una distancia nítida con la gestión saliente. Nombrar cuanto antes a una ministra técnica, con autoridad real y mandato claro de estabilización, sería la primera señal de que este gobierno entiende que gobernar no empieza el día de la posesión, sino en la trastienda de la transición.

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