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El metro que Bogotá aún no tiene ya educa a sus futuros usuarios

Con las obras al 82,25% y la apertura prevista para 2028, la alcaldía despliega 'Bogotá Modo Metro', una campaña para moldear comportamientos ciudadanos antes de que el primer tren circule. La infraestructura avanza; la cultura, también.
Imagen ilustrativa
lunes 10 de agosto de 2026

La escena lo dice todo. Un grupo de escolares bogotanos sube y baja por una escalera eléctrica de práctica, aprende a colocarse a la derecha y a dejar libre el carril izquierdo. El metro no existe todavía como servicio, pero el entrenamiento ya comenzó.

Con un avance del 82,25% en las obras de la Primera Línea del Metro de Bogotá y la mitad de la flota de trenes ya disponible, la administración distrital no espera a la inauguración para trabajar el factor humano. La operación comercial está prevista para 2028, pero la estrategia 'Bogotá Modo Metro' lleva meses en marcha, con un diagnóstico claro detrás: de nada sirve una infraestructura de primer nivel si los usuarios no saben —o no quieren— comportarse a la altura.

«Si esperamos a que el metro esté construido y esté funcionando para enseñarle a la gente, ya habrá sido tarde», advirtió el secretario general de la Alcaldía, Miguel Silva, al presentar los pilares del programa.

Tres ejes, un mismo objetivo

La estrategia se articula en torno a tres pilares bautizados como sentir, entrenar y compartir.

El primero apunta a la dimensión emocional: convertir el metro en motivo de orgullo colectivo. Una de sus acciones más visibles es la elección participativa de la voz oficial del sistema, un guiño simbólico que invita a los bogotanos a apropiarse del proyecto desde antes de pisarlo.

El segundo eje, entrenar, es el más concreto. Contempla enseñar el uso correcto de las escaleras eléctricas, el respeto de las filas, la prioridad para el descenso de pasajeros y el cuidado de los espacios públicos. La práctica internacional de ubicarse a la derecha en las escaleras —para dejar libre el paso por la izquierda— es uno de los primeros ejercicios que se replica en los talleres.

El tercer pilar, compartir, apuesta por la multiplicación: quienes adopten primero los nuevos hábitos los transmiten a su entorno. El modelo incluye pruebas piloto y ajustes continuos, lo que le da un carácter iterativo poco frecuente en campañas institucionales de este tipo.

28.816 ciudadanos y 9.000 niños

Los números del primer semestre de 2026 dan una dimensión concreta al esfuerzo. La Empresa Metro de Bogotá reporta que el Vagón Escuela atendió a 28.816 ciudadanos de todas las edades. En paralelo, los procesos de formación dirigidos específicamente a niños y niñas alcanzaron a 9.000 menores.

El programa 'Bogotá Modo Metro al colegio' lleva la campaña a las aulas mediante talleres creativos, piezas teatrales, murales y actividades lúdicas. Una de sus piezas centrales es El Vagón de los sueños, una puesta en escena que permite a los estudiantes conocer el proceso de construcción, los componentes del viaducto y las características de los trenes, además de la cultura de pago y el funcionamiento de las estaciones. Los colegios podían inscribirse hasta el 14 de agosto.

La apuesta pedagógica tiene una lógica de largo plazo: los estudiantes de hoy serán los usuarios habituales de mañana y, según la campaña, también los agentes de cambio que repliquen las buenas prácticas en sus familias.

Los detalles cuentan la historia.

Bogotá lleva décadas intentando resolver su crisis de movilidad. El metro es la apuesta más ambiciosa y costosa de ese esfuerzo. Que la administración haya decidido invertir en cultura ciudadana antes de que el sistema opere —y no después, cuando los malos hábitos ya estén instalados— es una decisión de gestión que merece reconocimiento, independientemente del signo político de quien la ejecuta.

Para entender el presente hay que volver a esa semana en que otras ciudades latinoamericanas inauguraron sus metros sin preparación previa y vieron cómo el vandalismo, el desorden y el colapso en las filas erosionaban la confianza pública en la inversión. El costo de reparar infraestructura dañada por el mal uso recae, invariablemente, sobre el contribuyente. La lección es simple: el dinero público invertido en un sistema de transporte solo rinde si los ciudadanos lo cuidan. 'Bogotá Modo Metro' es, en ese sentido, una póliza de seguro sobre una inversión que ya no tiene marcha atrás.

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