La escena lo dice todo. En enero pasado, una farmacia en el barrio capitalino de Bella Vista —Canna Pharma— abrió sus puertas como el primer establecimiento dedicado exclusivamente a la venta de productos de cannabis medicinal en Panamá. Solo comercializa CBD, el compuesto no psicoactivo, y únicamente bajo prescripción médica. Fue el pistoletazo de salida de un mercado que ahora empieza a correr.
El creciente interés de farmacias y agencias distribuidoras por sumarse a ese mercado llevó al Ministerio de Salud (Minsa) a publicar el Comunicado No. 019-DNFD-2026 de la Dirección Nacional de Farmacia y Drogas. El mensaje es claro: quien quiera vender derivados de cannabis medicinal clasificados como sustancias sujetas a control deberá solicitar una modificación de su licencia de operación por aumento de actividad antes de iniciar cualquier comercialización.
Los requisitos varían según el punto de partida de cada establecimiento. Las farmacias y distribuidoras que ya manejan sustancias controladas tendrán un trámite más expedito: bastará con presentar un documento notariado que acredite la autorización expresa del licenciatario —la empresa habilitada por el Estado para fabricar o comercializar esos productos—. Los establecimientos que no manejan este tipo de sustancias deberán someterse, además, a una inspección técnica de la Dirección Nacional de Farmacia y Drogas para verificar que cumplen las condiciones exigidas por la normativa.
El andamiaje legal que hace posible todo esto tiene fecha y nombre: la Ley 242 de 13 de octubre de 2021, que regula el uso medicinal y terapéutico del cannabis y sus derivados en Panamá. Su reglamento llegó después, con el Decreto Ejecutivo No. 6 de 4 de abril de 2025, que autoriza a los licenciatarios a distribuir sus productos a través de establecimientos farmacéuticos debidamente habilitados. La implementación fue gradual —elaboración del reglamento, otorgamiento de licencias, aprobación de los primeros establecimientos—, pero el mercado ya tiene movimiento.
El director nacional de Farmacia y Drogas, Uriel Pérez, confirmó la apertura de Canna Pharma y precisó que en esta primera etapa solo se comercializarán productos con CBD, adquiribles únicamente con receta médica. La legislación reserva las actividades de fabricación, importación, distribución y comercialización a los licenciatarios autorizados por el Estado; las farmacias operan como puntos de dispensación dentro de esa cadena, siempre que cumplan los requisitos sanitarios.
Lo que la Dirección Nacional de Farmacia y Drogas no ofrece en su comunicado son cifras: cuántas solicitudes han llegado, cuántos establecimientos están en proceso, qué volumen mueve el sector. La ausencia de datos duros impide dimensionar el crecimiento, pero la propia emisión de la circular es una señal: la presión del mercado fue suficiente para que la autoridad sanitaria se viera obligada a ordenar el acceso.
Los detalles cuentan la historia. Panamá lleva años construyendo su reputación como hub de inversión y estabilidad jurídica en la región. La apertura regulada —y gradual— del cannabis medicinal encaja en esa lógica: un marco legal claro, licencias estatales, trazabilidad y controles sanitarios antes de que el mercado se desborde. No es liberalización a ciegas; es apertura con reglas del juego definidas desde el principio.
Para Hemisferio, el dato relevante no es el cannabis en sí, sino el modelo. Panamá opta por habilitar un sector emergente a través del aparato regulatorio existente —licencias, inspecciones, cadena de suministro controlada— en lugar de bloquearlo o dejarlo crecer en la informalidad. Eso protege al consumidor, da certeza jurídica al inversionista y genera un mercado fiscalizable. El reto, ahora, es que la burocracia no ahogue con trámites lo que la ley quiso abrir: si los requisitos se vuelven laberínticos, el incentivo para operar fuera del sistema crece. La velocidad con que la Dirección Nacional de Farmacia y Drogas procese las modificaciones de licencia dirá mucho sobre si Panamá puede convertir este sector incipiente en una industria formal y competitiva.



