AHORA
Zacharia cae a los cinco días y expone el costo político de la improvisación en la Casa Blanca•Trump frena la transmisión pública de la ejecución de Hasan tras el rechazo por convertirla en espectáculo•Pope Leo pasa la primera prueba tras la cirugía de pulmón y el Vaticano habla de recuperación normal•La mansión de Durazo se convierte en universidad: Tlalpan gana una sede y el gobierno presume recuperación de espacio•Museo Nacional: 30 obras retiradas y una batalla cultural que avanza sobre la memoria•Sonora frena sus exportaciones de ganado por una sospecha de aftosa•El Vaticano descarta complicaciones en la cirugía del papa León XIV, con un pronóstico aún por definir•Caen dos presuntos extorsionadores tras el ataque a la casa de Elvis Guerra•Tecnología, individualismo y política: la alarma de Ades sobre una sociedad más replegada•Anthropic pide reglas comunes para la IA mientras acelera ingresos y salida a bolsa•Zacharia cae a los cinco días y expone el costo político de la improvisación en la Casa Blanca•Trump frena la transmisión pública de la ejecución de Hasan tras el rechazo por convertirla en espectáculo•Pope Leo pasa la primera prueba tras la cirugía de pulmón y el Vaticano habla de recuperación normal•La mansión de Durazo se convierte en universidad: Tlalpan gana una sede y el gobierno presume recuperación de espacio•Museo Nacional: 30 obras retiradas y una batalla cultural que avanza sobre la memoria•Sonora frena sus exportaciones de ganado por una sospecha de aftosa•El Vaticano descarta complicaciones en la cirugía del papa León XIV, con un pronóstico aún por definir•Caen dos presuntos extorsionadores tras el ataque a la casa de Elvis Guerra•Tecnología, individualismo y política: la alarma de Ades sobre una sociedad más replegada•Anthropic pide reglas comunes para la IA mientras acelera ingresos y salida a bolsa•
Hemisferio
PolíticaAméricasMundoNegociosTecnologíaCulturaIdeas
Hemisferio
Secciones
El medio
Tecnología

El mecatrónico que lleva robots al campo mexicano

Zuriel Uribe, 25 años, construyó con ahorros propios y becas un robot que analiza suelos agrícolas mediante espectrometría. Su historia pone sobre la mesa lo que el talento y la voluntad de emprender pueden lograr cuando la necesidad es real.
Imagen ilustrativa
lunes 27 de julio de 2026

La escena lo dice todo. Un taller, un padre llamado Renato, pedacería de metal y la misma curiosidad que de niño llevó a Zuriel Uribe a desarmar electrodomésticos que ya no funcionaban. Del hockey al campo: así se resume, en trazo grueso, la trayectoria de uno de los emprendedores tecnológicos más singulares que ha dado la agronomía mexicana en años recientes.

Zuriel Uribe, ingeniero mecatrónico de 25 años egresado de la Universidad Autónoma Chapingo y del Instituto Politécnico Nacional, construyó su primer robot móvil a los 18 años. Aquel prototipo podía jugar hockey. Hoy, su creación más reciente pesa 25 kilogramos, perfora suelos agrícolas y arroja, mediante espectrometría, un mapa de los elementos químicos presentes en la tierra que un agricultor trabaja.

El robot se llama Zury. Y detrás de ese nombre hay una decisión que, según el propio Zuriel, «pensé mucho» y que fue «difícil también»: abandonar la ruta laboral convencional para apostar por su proyecto. «Al final tiene muy buenas consecuencias», dice. «Me ha traído una gran satisfacción porque cuando ves el robot moviéndose o funcionando, o cuando ganamos estas competencias a nivel internacional, siento una gran alegría de saber que tomé la decisión correcta».

El camino que llevó a Zuriel hasta ese punto no fue el de un laboratorio bien dotado ni el de una incubadora corporativa. Fue el de la preparatoria agrícola de Chapingo, donde vio de cerca la realidad del campo: productores que «viven con lo mínimo», cosechas mal pagadas y un sector «muy desconectado de los avances tecnológicos que hay actualmente». Esa observación directa fue el motor.

Del prototipo de 100 kilos al modelo actual

El primer Zury pesaba alrededor de 100 kilogramos. La estructura era, en palabras de su creador, «más rudimentaria y robusta». Con los aprendizajes acumulados, el modelo actual bajó a 25 kilogramos. El diferenciador que Zuriel identifica respecto a otros robots especializados ya existentes en el mercado es preciso: el análisis del suelo agrícola mediante espectrometría.

El funcionamiento es el siguiente: Zury se desplaza por puntos de medición en el campo, perfora el suelo en cada uno y activa un sensor que identifica los elementos químicos presentes. Con esos datos, Zuriel genera un reporte con inteligencia artificial que él mismo interpreta para recomendar qué producto orgánico aplicar y qué estrategias regenerativas emplear para mantener la fertilidad del suelo.

El diseño, la construcción y el ensamblaje del robot fueron realizados en el taller familiar, con la participación de don Renato, el padre de Zuriel, quien aportó creatividad y la estética futurista del proyecto. Los detalles cuentan la historia: no hay aquí un equipo de ingenieros ni una ronda de inversión. Hay un taller, una familia y un problema concreto que resolver.

El financiamiento, el nudo

Uno de los mayores desafíos que Zuriel identifica es el financiamiento. «No es como que nos sobre el dinero», reconoce. El proyecto se ha sostenido con recursos propios, ahorros y becas obtenidas por su desempeño académico. Adicionalmente, Zuriel y su equipo han participado en convocatorias de distintos programas, tanto nacionales como internacionales, en los que han sido premiados. «De esa forma es como vamos fondeando el proyecto», explica.

Ese modelo mixto —ahorro propio, becas por mérito académico y concursos competitivos— refleja tanto la iniciativa personal del emprendedor como las limitaciones estructurales que enfrenta cualquier proyecto de hardware agrícola en México: capital escaso, acceso restringido y un sector que históricamente no ha sido el destino preferido de la inversión tecnológica privada.

Zuriel tiene además un objetivo que trasciende el robot: inspirar a niñas, niños y jóvenes a elegir ciencias e ingenierías, y demostrarles que «todo lo que están aprendiendo dentro de sus carreras lo pueden aplicar a resolver problemas que vive la sociedad». A más largo plazo, apunta a la automatización progresiva de los procesos agrícolas, en parte porque, señala, los productores actuales son de edad avanzada.

Lo que está en juego

Para entender el presente hay que volver a esa semana en que Zuriel eligió no seguir la ruta convencional. La historia de Zury es, en el fondo, la historia de un emprendedor que identificó una falla de mercado —agricultores desconectados de la tecnología, suelos sin diagnóstico, cosechas mal pagadas— y decidió atacarla con ingeniería, no con peticiones.

Desde la línea editorial de Hemisferio, el caso ilumina un principio que vale la pena nombrar: el mérito académico y la disposición a competir en convocatorias abiertas fueron los mecanismos que permitieron a Zuriel avanzar donde el capital privado aún no llega con fluidez al hardware agrícola. El desafío que queda planteado no es de talento —ese, como este caso demuestra, existe— sino de entorno: acceso a capital, protección de propiedad intelectual y una regulación que no aplaste los proyectos antes de que lleguen al mercado. Que un robot de 25 kilogramos nacido en un taller familiar compita a nivel internacional dice algo sobre el potencial. Lo que México decida hacer con ese potencial es, todavía, una pregunta abierta.

Más de Tecnología