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El mar que los sismos remodelaron

Un volcán de lodo emergió frente a la costa sur de Trinidad como consecuencia directa de los terremotos que sacudieron el noreste de Venezuela a principios de julio. La geología de la isla sigue cambiando.
Imagen ilustrativa
domingo 12 de julio de 2026

La escena lo dice todo. A 2,5 kilómetros al este de Beach Camp, en Palo Seco, una columna de arcilla blanda empujada desde el fondo oceánico asomó sobre el mar y formó una isla que nadie había visto antes. El geocientífico Xavier Moonan fue quien confirmó el hallazgo a la agencia EFE: un volcán de lodo de aproximadamente cuatro metros de altura, compuesto por arcilla extruida del lecho marino, con fragmentos de roca incrustados y grandes rocas ricas en calcita que, según describió, «en algunos lugares se asemejan al coral».

El origen del fenómeno apunta directamente a los poderosos terremotos que sacudieron el noreste de Venezuela a comienzos de julio. «Por lo tanto, es muy probable que esta extrusión de lodo haya sido provocada por los recientes terremotos en Venezuela», señaló Moonan. La nueva formación se ubica además a 3,3 kilómetros al este del ya conocido Volcán de Lodo de Anglais Point, lo que sitúa el evento dentro de una zona geológicamente activa y con antecedentes documentados.

Los detalles cuentan la historia. Neil Sookram, del grupo Southwest Adventures y presuntamente la primera persona en avistar la isla, describió a EFE que la formación ha sufrido erosión continua desde su aparición. «Aproximadamente un tercio de la isla ya ha sido arrastrada por las olas», precisó Moonan, aunque también apuntó que la parte superior permanece estable y que la arcilla ha comenzado a endurecerse, lo que podría ralentizar el proceso erosivo.

El volcán de lodo no es el único cambio geológico registrado en Trinidad tras los sismos. Pocos días antes, geólogos confirmaron un aumento costero de seis metros en Galfa Point, en Cedros, donde parte del fondo marino fue empujado por encima del nivel del mar, modificando de forma permanente sectores de la costa suroeste de la isla. En Los Iros, el cuadro fue distinto pero igualmente severo: aproximadamente 50 acres de tierras agrícolas resultaron dañados, los estanques se vaciaron por grietas en el terreno y carreteras, viviendas e infraestructura costera acusaron el golpe.

Sin embargo, Moonan fue preciso al distinguir los mecanismos detrás de cada evento. «La playa y los acantilados cercanos no muestran daños, levantamiento ni ningún tipo de movimiento. Por lo tanto, este evento, aunque fue desencadenado por los mismos terremotos, no es un fenómeno de deslizamiento como Galfa o Los Iros», explicó. La isla de lodo recién formada responde a un proceso geológico diferente: la presión sísmica forzó material blando desde el subsuelo marino hacia la superficie, sin que la costa inmediata registrara movimiento apreciable.

El Centro de Investigación Sísmica de la Universidad de las Indias Occidentales, el Instituto de Asuntos Marinos y la consultora ResiLog Limited, con sede en Trinidad, trabajan en el análisis de muestras de lodo recogidas en el lugar para determinar la antigüedad y el origen del material. Los resultados permitirán establecer con mayor precisión la dinámica del subsuelo en esa franja del Caribe y calibrar el alcance real de los sismos venezolanos sobre la geología regional.

Para entender el presente hay que volver a esa semana de principios de julio, cuando los terremotos en Venezuela pusieron en movimiento un sistema geológico que Trinidad comparte con su vecino continental. Lo que emerge del fondo del mar no es solo arcilla: es el recordatorio de que la estabilidad del territorio —condición primera para cualquier actividad humana, económica o de otro tipo— descansa sobre fuerzas que ningún aparato estatal puede regular ni anticipar del todo. La ciencia, en cambio, puede medirlas. Y esa medición, paciente y rigurosa, es lo que los equipos desplegados en Palo Seco están haciendo ahora mismo.

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