La escena lo dice todo. Álex de la Iglesia recorre los salones del Club Hípico de Santiago, levanta el teléfono para fotografiar molduras y techos, y ya está calculando ángulos de cámara. Apenas ha aterrizado en Chile y el director de El día de la bestia (1995) tiene la cabeza en otro lugar: dos países europeos imaginarios, una guerra que empieza por accidente y líderes con «graves problemas cognoscitivos».
Ese es el argumento de El malentendido, su próximo largometraje. Escrito junto a Eugenio Lasarte, el filme narra el conflicto entre Litovenia y Stalovaquia: tras años en estado de preguerra, ambas naciones entran en pugna cuando se tergiversa un comentario en la Asamblea de Naciones y la tensión se dispara. La sinopsis oficial lo resume con precisión: «busca la carcajada de los hermanos Marx, mezclada con la angustia existencial de una película bélica».
El rodaje arrancará en España en octubre y llegará a Chile en noviembre, bajo el sello de Pokeepsie Films, la productora que De la Iglesia fundó en 2009. El socio local es Pablo Díaz, productor y actor chileno, fundador de Río Estudios, con quien el director se cruzó por primera vez en el Festival de Guadalajara 2024 y volvió a coincidir en Santiago durante Sanfic 2025, donde De la Iglesia recibió un homenaje a su trayectoria y Río Fundación lo invitó a dar una clase magistral.
«Es un honor invitar al mejor chef del mundo a cocinar en nuestra casa», dice Díaz. «Me crié viendo sus películas y aluciné con lo visceral y satírico que es. Eso está muy presente en esta película».
El elenco confirma la envergadura del proyecto: Alberto San Juan, Antonio Resines, Pepón Nieto, Carlos Areces y Gorka Otxoa por el lado español; y Benjamín Vicuña como figura latinoamericana de peso, actor con quien De la Iglesia acaba de coincidir en Argentina rodando Felicidades, cinta que llegará próximamente a Netflix.
Para los exteriores, el director exploró durante su visita el Parque de los Gasómetros, el Club de la Unión y la cuesta Chacabuco, en el límite de la Región Metropolitana. La semana cerró con una reunión con Claudio Orrego, gobernador de la Región Metropolitana, en busca de apoyos institucionales para el rodaje. De la Iglesia describe Chile como un «plató de cine» y subraya su eclecticismo: «Parece un sitio del sur de Francia, pero de pronto te fijas y hay cosas como alemanas».
La referencia cinematográfica central es Stanley Kubrick. «Paths of glory está muy presente, hay referencias directas. No quiero destriparla antes, pero la hemos visto diez veces», admite el director. La película, añade, es «más frontal» que Balada triste de trompeta (2010), su único acercamiento previo al tema bélico, pero también «más cínica, más loca».
Sobre el momento político que rodea al proyecto, De la Iglesia no esquiva la pregunta. «Vivimos un momento de tensión política delirante, que parecería broma en otra época. Entonces nosotros tenemos que hacer una broma sobre una broma. Nuestra película va a ser más amable que la realidad». La guerra del filme, precisa, «empieza por accidente y termina por accidente. Nadie sabe bien lo que pasa. Los dirigentes tienen graves problemas cognoscitivos a la hora de intentar pensar una solución. Todos están comidos por la envidia, el caos, la soberbia desmedida».
De la Iglesia y Díaz prometen que esta es solo la primera entrega de una colaboración más larga. «Esta es la primera de muchas colaboraciones», sentencia el director.
Lo que El malentendido pone sobre la mesa va más allá del chiste geopolítico. El cine de género —sátira, comedia negra, esperpento— ha sido históricamente el espacio donde la cultura de libre expresión procesa lo que el discurso oficial no puede decir en voz alta: que los conflictos nacen de vanidades, malentendidos y élites incompetentes, no de causas nobles. Que un realizador de la trayectoria de De la Iglesia elija Chile como escenario, y que lo haga a través de una coproducción privada sin depender de grandes estudios, es también una señal del tipo de industria que se construye cuando el talento y el capital encuentran reglas de juego predecibles. Los detalles cuentan la historia.



