La escena lo dice todo. Un agricultor extiende fertilizante sobre su campo. Casi la mitad de ese nitrógeno nunca llega a la planta. Se filtra hacia napas y ríos, daña la vida acuática y favorece la proliferación de algas tóxicas. El resto se convierte en óxido nitroso en el suelo. Ese gas atrapa calor 273 veces más que el dióxido de carbono en un período de cien años.
Ese es el problema de fondo. Y un equipo de investigadores de Argentina y Estados Unidos acaba de encontrar una pieza clave del mecanismo que lo perpetúa.
La proteína se llama HHO5. Actúa como un interruptor interno. Cuando la planta ya dispone de suficiente nitrógeno orgánico —el que ella misma fabrica para crecer y nutrirse— HHO5 le ordena parar. Le indica que deje de tomar más del suelo. Sin esa señal, la absorción continúa aunque el exceso termine contaminando el entorno.
El estudio fue publicado en la revista The Plant Cell. Lo lideró la doctora Mariana Obertello, investigadora del CONICET en el Instituto de Investigaciones en Ingeniería Genética y Biología Molecular INGEBI y docente de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires. La codirección estuvo a cargo de Gloria Coruzzi, de la Universidad de Nueva York. El equipo incluyó a Will Hinckley, Joseph Swift, Samantha Frangos y Shao-shan Carol Huang por parte de NYU, y a Francisco Romei y Jorge Muschietti del INGEBI.
«Los resultados de nuestra investigación en ciencia básica podrían abrir el camino hacia el desarrollo de cultivos que necesiten menos fertilizante para alcanzar el mismo rendimiento», dijo Obertello en declaraciones recogidas por Infobae.
Los detalles cuentan la historia. HHO5 se expresa de manera preferencial en el floema, el tejido que transporta nutrientes de un extremo al otro de la planta. Esa ubicación la convierte en reguladora central de las señales de nitrógeno. No actúa sola. Su comportamiento cambia según con quién interactúa.
Cuando HHO5 opera de forma independiente, apaga los genes que permiten absorber nitrógeno del suelo. Cuando se asocia con otra proteína llamada WRKY21, hace lo contrario: activa los genes que permiten a la planta utilizar el nitrógeno orgánico que ya posee. Dos funciones opuestas. Un mismo actor.
Para demostrarlo, los investigadores trabajaron con Arabidopsis thaliana, una pequeña planta con flor usada como modelo en biología vegetal. Aplicaron una técnica llamada DoubleTARGET. El método vincula HHO5 y WRKY21 a marcadores fluorescentes de distintos colores. Ambas proteínas se introducen en células vegetales aisladas. La lectura del ARN de esas células revela qué genes están activos cuando las dos proteínas operan en conjunto.
Los resultados fueron precisos. Las plantas mutantes a las que les faltaba el gen HHO5 absorbieron más nitrógeno que las normales en condiciones de baja disponibilidad. Obertello aclaró que ese aumento se registró en las raíces y a bajas dosis. También señaló que «aún queda pendiente evaluar la eficiencia de esas plantas en términos de producción vegetal».
«Al identificar reguladores genéticos sensibles a distintos niveles y tipos de nitrógeno, descubrimos un factor regulador que controla el uso del nitrógeno y una clave para mejorar su absorción y asimilación en nitrógeno orgánico en las plantas», afirmó Coruzzi.
El equipo ya trabaja con arroz. El objetivo es identificar el gen equivalente a HHO5 en esa especie y en otros cultivos de interés agronómico. Obertello indicó que el estudio sienta las bases para avanzar con ensayos a campo que permitan evaluar el impacto real sobre la producción.
Para entender el presente hay que volver a esa semana. El fertilizante nitrogenado no es solo un insumo agrícola. Es una cadena logística frágil, costosa y con componentes químicamente inestables. Cada kilogramo que una planta deja de necesitar es un kilogramo que el productor deja de comprar, transportar y aplicar. El ahorro no es marginal.
Hemisferio lo ve así: la ciencia básica —financiada en este caso por instituciones públicas como el CONICET— puede, cuando se orienta bien, producir herramientas que reduzcan la dependencia del sector agrícola respecto de insumos importados y volátiles. HHO5 no es todavía un producto comercial. Es un principio activo del conocimiento. Lo que viene después —los ensayos a campo, la transferencia tecnológica, la llegada al productor— dependerá de cuánto espacio tenga la libre empresa para convertir ese hallazgo en valor real.


