AHORA
Zacharia cae a los cinco días y expone el costo político de la improvisación en la Casa Blanca•Trump frena la transmisión pública de la ejecución de Hasan tras el rechazo por convertirla en espectáculo•Pope Leo pasa la primera prueba tras la cirugía de pulmón y el Vaticano habla de recuperación normal•La mansión de Durazo se convierte en universidad: Tlalpan gana una sede y el gobierno presume recuperación de espacio•Museo Nacional: 30 obras retiradas y una batalla cultural que avanza sobre la memoria•Sonora frena sus exportaciones de ganado por una sospecha de aftosa•El Vaticano descarta complicaciones en la cirugía del papa León XIV, con un pronóstico aún por definir•Caen dos presuntos extorsionadores tras el ataque a la casa de Elvis Guerra•Tecnología, individualismo y política: la alarma de Ades sobre una sociedad más replegada•Anthropic pide reglas comunes para la IA mientras acelera ingresos y salida a bolsa•Zacharia cae a los cinco días y expone el costo político de la improvisación en la Casa Blanca•Trump frena la transmisión pública de la ejecución de Hasan tras el rechazo por convertirla en espectáculo•Pope Leo pasa la primera prueba tras la cirugía de pulmón y el Vaticano habla de recuperación normal•La mansión de Durazo se convierte en universidad: Tlalpan gana una sede y el gobierno presume recuperación de espacio•Museo Nacional: 30 obras retiradas y una batalla cultural que avanza sobre la memoria•Sonora frena sus exportaciones de ganado por una sospecha de aftosa•El Vaticano descarta complicaciones en la cirugía del papa León XIV, con un pronóstico aún por definir•Caen dos presuntos extorsionadores tras el ataque a la casa de Elvis Guerra•Tecnología, individualismo y política: la alarma de Ades sobre una sociedad más replegada•Anthropic pide reglas comunes para la IA mientras acelera ingresos y salida a bolsa•
Hemisferio
PolíticaAméricasMundoNegociosTecnologíaCulturaIdeas
Hemisferio
Secciones
El medio
Tecnología

El interruptor de la cosecha

Investigadores del Conicet identificaron la proteína SlBBX20, que regula cómo el tomate responde a la sombra y determina su rendimiento. El hallazgo abre la puerta a variedades comerciales de alto rendimiento.
Imagen ilustrativa
martes 28 de julio de 2026

La escena lo dice todo. Dos plantas de tomate, una junto a la otra, bajo la misma luz de invernadero. Una crece, se estira, produce frutos. La otra —modificada para que no exprese un solo gen— se queda quieta, hace menos fotosíntesis y entrega menos tomates con menor peso. La diferencia entre ambas es una proteína llamada SlBBX20.

Un equipo de investigadores del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) publicó en la revista Plant Physiology and Biochemistry un estudio que identifica esa proteína como el «interruptor biológico» que permite a las plantas de tomate detectar la sombra generada por ejemplares vecinos y ajustar su crecimiento para captar más luz solar.

El trabajo fue liderado por Javier Botto, investigador del Conicet en el Instituto de Investigaciones Fisiológicas y Ecológicas Vinculadas a la Agricultura (IFEVA, Conicet-UBA). «Los resultados de este trabajo demuestran que esta proteína es fundamental para que la planta optimice la cosecha de luz para hacer fotosíntesis y ajuste su rendimiento en respuesta a la sombra», explicó Botto.

El mecanismo

Cuando las plantas de tomate se siembran en alta densidad —práctica habitual en la agricultura comercial— compiten entre sí por la radiación solar. La proteína SlBBX20, cuyas instrucciones están codificadas en el gen del mismo nombre, es la pieza que activa la respuesta adaptativa: regula el crecimiento, las hormonas responsables de ese crecimiento y la apertura de los poros estomáticos por donde entra el dióxido de carbono.

Mariano Mejía, ingeniero agrónomo, becario doctoral del Conicet y primer autor del trabajo, describió con precisión lo que ocurre cuando esa proteína no está presente. «Las plantas que carecen de esta proteína pierden casi por completo la capacidad de crecer en respuesta a la sombra. Además, al no poder regular correctamente sus procesos biológicos en respuesta a la luz, hacen menos fotosíntesis porque tienen y abren menos sus poros estomáticos y, como consecuencia directa, producen menos frutos».

Gabriel Gómez Ocampo, doctor en Ciencias Agropecuarias, becario posdoctoral del Conicet y también primer autor del estudio, añadió otra dimensión del hallazgo: la proteína SlBBX20 favorece además la producción de antocianinas, los pigmentos naturales que dan tonos violetas y azulados a hojas, tallos y frutos. «Estos pigmentos naturales actúan como 'protector solar' y antioxidantes para la planta, reduciendo los efectos inhibitorios por alta intensidad de luz sobre la fotosíntesis», detalló. El resultado práctico: la planta cosecha más luz, sintetiza más carbohidratos y produce más tomates en ambientes abiertos y luminosos.

El experimento

Para verificar la función de la proteína, los científicos compararon plantas silvestres con plantas editadas genéticamente para impedir la expresión del gen SlBBX20. Ambos grupos fueron sometidos a condiciones que simulaban sombra mediante filtros especiales, sistemas de iluminación y cultivos de alta densidad, tanto en cámaras de crecimiento como en invernaderos.

Las plantas sin la proteína perdieron prácticamente toda su capacidad de adaptación: desarrollaron menos poros estomáticos, registraron una caída drástica en sus niveles de auxinas —las hormonas clave del crecimiento— y produjeron menos pigmentos fotoprotectores. El desenlace fue una menor cantidad de frutos y tomates de menor peso.

El estudio contó con la participación de especialistas del Instituto de Botánica Experimental de la Universidad Palacký, en República Checa, y del Instituto de Biociencias de la Universidad de São Paulo, en Brasil.

La lectura de Hemisferio

Los detalles cuentan la historia. Un gen, una proteína, un mecanismo que la planta ya tenía y que la ciencia acaba de descifrar. Botto fue explícito sobre el alcance: «Estos resultados abren la posibilidad de usar a este gen como un blanco molecular para desarrollar variedades comerciales de tomate —y otros cultivos— más eficientes y de alto rendimiento».

Eso es exactamente lo que la agricultura de libre empresa necesita: conocimiento básico que se traduzca en variedades comerciales, en mayor productividad por hectárea, en menos insumos por kilo cosechado. El aparato estatal del Conicet, con todas sus conocidas tensiones presupuestarias, produjo aquí ciencia que tiene un destinatario claro: el productor, el mercado y, en última instancia, el consumidor. El desafío que sigue —transferir el hallazgo al semillero comercial— es donde la libre empresa tiene más que decir que cualquier burocracia.

Más de Tecnología