AHORA
Zacharia cae a los cinco días y expone el costo político de la improvisación en la Casa Blanca•Trump frena la transmisión pública de la ejecución de Hasan tras el rechazo por convertirla en espectáculo•Pope Leo pasa la primera prueba tras la cirugía de pulmón y el Vaticano habla de recuperación normal•La mansión de Durazo se convierte en universidad: Tlalpan gana una sede y el gobierno presume recuperación de espacio•Museo Nacional: 30 obras retiradas y una batalla cultural que avanza sobre la memoria•Sonora frena sus exportaciones de ganado por una sospecha de aftosa•El Vaticano descarta complicaciones en la cirugía del papa León XIV, con un pronóstico aún por definir•Caen dos presuntos extorsionadores tras el ataque a la casa de Elvis Guerra•Tecnología, individualismo y política: la alarma de Ades sobre una sociedad más replegada•Anthropic pide reglas comunes para la IA mientras acelera ingresos y salida a bolsa•Zacharia cae a los cinco días y expone el costo político de la improvisación en la Casa Blanca•Trump frena la transmisión pública de la ejecución de Hasan tras el rechazo por convertirla en espectáculo•Pope Leo pasa la primera prueba tras la cirugía de pulmón y el Vaticano habla de recuperación normal•La mansión de Durazo se convierte en universidad: Tlalpan gana una sede y el gobierno presume recuperación de espacio•Museo Nacional: 30 obras retiradas y una batalla cultural que avanza sobre la memoria•Sonora frena sus exportaciones de ganado por una sospecha de aftosa•El Vaticano descarta complicaciones en la cirugía del papa León XIV, con un pronóstico aún por definir•Caen dos presuntos extorsionadores tras el ataque a la casa de Elvis Guerra•Tecnología, individualismo y política: la alarma de Ades sobre una sociedad más replegada•Anthropic pide reglas comunes para la IA mientras acelera ingresos y salida a bolsa•
Hemisferio
PolíticaAméricasMundoNegociosTecnologíaCulturaIdeas
Hemisferio
Secciones
El medio
Cultura

El idioma interior

La psicóloga chilena Pilar Sordo advierte que el empobrecimiento del lenguaje y la fuga del malestar están erosionando la profundidad de los vínculos humanos. Una conversación sobre palabras, crecimiento y el precio de querer congelar el tiempo.
Imagen ilustrativa
miércoles 22 de julio de 2026

La escena lo dice todo. Dos personas frente a frente, cada una esperando ser escuchada, ninguna dispuesta a transformarse con lo que la otra dice. No es una discusión política ni una negociación comercial: es, según Pilar Sordo, la conversación promedio del mundo contemporáneo.

La psicóloga y escritora chilena dialogó con José del Rio para La Nación y trazó un diagnóstico que incomoda precisamente porque no apunta a estructuras externas sino al territorio más íntimo: la forma en que cada persona se habla a sí misma y habla con los demás.

Menos palabras, vínculos más delgados

Sordo abrió el análisis con un dato que parece menor y no lo es: las personas usan cada vez menos vocabulario al hablar. Para explicar las consecuencias, citó al psiquiatra español José Luis Marín, según quien el ser humano se enferma por falta de palabras. El argumento es preciso: cuando el lenguaje se reduce —o se reemplaza por emoticones— la capacidad de expresar lo que ocurre en el interior de cada individuo se contrae en la misma proporción. Y lo que no se puede nombrar, difícilmente se puede procesar.

El fenómeno tiene una segunda cara. No solo cuesta más decir lo que se siente; también hay menos paciencia del otro lado para escucharlo. «Hemos ido reduciendo la paciencia, porque no solo me cuesta decirte lo que me pasa, sino que cada vez tú tienes menos paciencia para escucharme a mí», señaló la especialista. El resultado, según su lectura, es lo que llamó un «monólogo intermitente»: dos personas que hablan en paralelo sin que ninguna se exponga realmente a ser modificada por la otra. Una conversación sin riesgo no es, en rigor, una conversación.

La incomodidad como puerta

El segundo eje del diagnóstico apunta a la cultura del bienestar permanente. Sordo fue directa: la exigencia social de felicidad constante opera como un obstáculo al crecimiento, porque el crecimiento requiere incomodidad. «La incomodidad es la única invitación al crecimiento», afirmó, y describió a la cultura actual como «experta en la fuga».

Esa fuga tiene una manifestación concreta: la tendencia a congelar mentalmente los momentos de plenitud, especialmente los de la infancia o la juventud, para no enfrentar el cambio. «El placer sería maravilloso congelarlo. Esos momentos que tienen magia, uno quisiera perpetuarlos, porque además sabemos que cuando estás viviendo esa cosa maravillosa, también sabemos que se va a pasar», reflexionó.

La toma de conciencia de que todo pasa, lejos de ser paralizante, puede funcionar como motor: «Cuando uno empieza a tomar la conciencia de que todo pasa, entonces dan más ganas de capturar ciertos instantes, ciertas miradas». La diferencia entre quien congela y quien captura no es semántica; es una postura ante la vida.

Sordo también defendió lo que llamó derechos humanos informales pero esenciales: el derecho a cambiar de opinión, a equivocarse y a retirarse de lugares donde no existe bienestar. En una época que penaliza la contradicción y exige coherencia performativa en redes sociales, la reivindicación tiene peso.

El diálogo interno como arquitectura

El tramo más denso de la conversación llegó al final. Sordo dedicó ocho años a investigar el diálogo interno —la forma en que cada persona se habla a sí misma— y sus conclusiones son contundentes: «Cómo te hablas define tu amor propio y tu visión del mundo».

La lógica es circular pero no viciosa. Si alguien se percibe como una persona confiable, proyecta esa confiabilidad en su entorno. La autopercepción, según la especialista, no solo regula la autoestima: define también los procesos de duelo, el propósito de vida y la forma de expresar las emociones. «Mi autopercepción tiende a definir mi visión del mundo y de cómo yo me voy a relacionar con él», explicó.

Los detalles cuentan la historia. Una sociedad que empobrece su vocabulario, que huye del malestar y que ha perdido la paciencia para escuchar no está simplemente siendo menos educada: está construyendo individuos con menos recursos para procesar la realidad, sostener vínculos y tomar decisiones con criterio propio.

Para entender el presente hay que volver a esa semana en que alguien decidió que un emoticón era suficiente respuesta. Hemisferio no tiene postura sobre qué terapia funciona mejor, pero sí sobre lo que está en juego: una cultura que renuncia al lenguaje preciso renuncia también a la capacidad de argumentar, de disentir y de construir acuerdos reales. El libre pensamiento y la deliberación genuina —pilares de cualquier sociedad abierta— no sobreviven sin las palabras que los sostienen. El diagnóstico de Sordo no es solo clínico. Es, también, político.

Más de Cultura