La escena lo dice todo. Cuando en febrero las llamas de vehículos quemados bloquearon carreteras en dos tercios de México, el mundo supo que Nemesio Oseguera Cervantes, alias «El Mencho», había muerto en Tapalpa, Jalisco, durante un operativo mexicano. Lo que el mundo no sabía todavía era quién ocuparía su lugar. Ahora los servicios de inteligencia estadounidenses tienen una respuesta.
El nombre es Juan Carlos Valencia González, alias «El 03». Nacido en Estados Unidos, hijo de Rosalinda González Valencia y de Armando Valencia Cornelio —cofundador del Cártel del Milenio en Michoacán— e hijastro del propio Mencho, Valencia es, en sentido casi literal, el producto de una dinastía criminal. Su árbol genealógico es también el mapa de medio siglo de narcotráfico mexicano: el Cártel del Milenio, que su padre cofundó, fue durante años el enlace entre grupos del crimen organizado colombianos y las redes mexicanas. El CJNG nació hacia 2010 precisamente de los restos de esa organización.
La guía del Centro Nacional de Contraterrorismo de Estados Unidos, actualizada en junio de este año, es explícita: el CJNG cuenta en la actualidad con entre 15.000 y 20.000 miembros distribuidos en el centro del país, entre ambas costas de México, con líderes regionales que, según el documento, «controlan operaciones diarias para el líder máximo del grupo, el estadounidense Juan Carlos Valencia González». La frase merece subrayarse: el hombre que hoy encabeza el cártel más violento de México es ciudadano estadounidense.
El gobierno de Washington ofrece cinco millones de dólares por su captura. La misma cifra que ofrecía, también, por Audias Flores Silva, uno de los posibles sucesores del Mencho capturado en abril por fuerzas mexicanas, cuando la organización aún buscaba su nueva forma tras la muerte de su fundador. La reorganización, al parecer, ya encontró su centro de gravedad.
Para entender el presente hay que volver a esa semana de febrero. La muerte del Mencho no desmanteló el aparato: lo activó. Los bloqueos de carreteras y la quema de vehículos en dos tercios del territorio mexicano no fueron el colapso de una estructura, sino su demostración de fuerza en el momento de mayor vulnerabilidad. El CJNG avisó que seguía en pie. La identificación de «El 03» confirma que el aviso era real.
El cártel utiliza, según la misma guía estadounidense, «violencia extrema y medios intimidatorios» en su disputa territorial contra su principal enemigo, el Cártel de Sinaloa. La guerra entre ambas organizaciones define hoy la geografía del crimen en México, con consecuencias directas sobre la seguridad de millones de ciudadanos y sobre las rutas comerciales y migratorias del continente.
Los detalles cuentan la historia. Juan Carlos Valencia no es un operador de segunda fila que ascendió por vacío de poder: es el heredero de un linaje, formado dentro de la estructura desde su origen, con acceso a redes familiares que atraviesan dos países y varias generaciones de crimen organizado. Su ciudadanía estadounidense añade una capa de complejidad jurídica y política a cualquier eventual proceso de extradición o captura.
Para Hemisferio, la fotografía es incómoda pero nítida. México lleva meses presentando la muerte del Mencho como un golpe estratégico al narcotráfico. La inteligencia estadounidense responde con un nombre, una recompensa y un recuento de entre 15.000 y 20.000 efectivos bajo mando de su sucesor. El aparato estatal mexicano neutralizó al fundador; la estructura sobrevivió, se reorganizó y ya tiene nuevo rostro. La pregunta que queda sobre la mesa no es quién manda en el CJNG, sino si el Estado mexicano tiene la voluntad y la capacidad de responder a esa respuesta. Los contribuyentes mexicanos, y los ciudadanos que viven bajo la sombra de esa organización, merecen algo más que victorias simbólicas.



