La escena lo dice todo: un conductor en San Juan de Lurigancho paga 16,15 soles por un galón de gasohol regular mientras que, a unos kilómetros, en Villa El Salvador, el mismo producto arranca en 16,90 soles. En Los Olivos, el precio cae a 16,55 soles. Tres distritos de la misma ciudad, tres tarifas distintas, una sola cuenta que paga el bolsillo del consumidor.
Según la fuente consultada por Hemisferio, el conflicto armado en Medio Oriente disparó los precios internacionales del petróleo y generó un incremento inmediato en el costo de la gasolina en Lima y el resto de Perú. Los valores en grifos y plantas mayoristas aumentaron hasta un 30% en pocas semanas, afectando tanto a consumidores como a sectores de transporte y producción.
La brecha no se detiene en Lima. En Cusco, el gasohol parte de S/ 18,37 y llega a S/ 21,49. En Ica, el gasohol regular inicia en S/ 16,99. En Lambayeque, el gasohol premium se ubica en S/ 18,50. En Tacna, el diésel alcanza S/ 20,95. En total, la diferencia entre el precio más alto y el más bajo del mercado puede superar los cinco soles por galón, según los datos reportados.
La plataforma Facilito, desarrollada por el Organismo Supervisor de la Inversión en Energía y Minería (Osinergmin), recoge diariamente los precios que los propios grifos reportan y permite a los usuarios comparar tarifas y localizar los establecimientos con las tarifas más convenientes. La herramienta es, en la práctica, el único escudo digital que el consumidor peruano tiene ante una volatilidad que, según las proyecciones citadas en la fuente, podría mantenerse elevada durante el próximo trimestre en función de la evolución del mercado global y de la política fiscal interna.
Los factores detrás de la dispersión son múltiples: precio internacional del petróleo, tipo de cambio, impuestos, márgenes de comercialización y acceso logístico a cada zona. La fuente subraya que en provincias los precios pueden elevarse aún más, precisamente por los costos de distribución que el aparato regulatorio no ha logrado aplanar.
Para quienes tienen vehículos compatibles, la fuente apunta al GLP y al gas natural vehicular como alternativas ante la escalada. La demanda de transparencia por parte de los consumidores, junto con la digitalización de la consulta de precios, refuerza la utilidad de plataformas como Facilito, aunque ninguna aplicación sustituye una política de precios que alinee incentivos correctamente.
La lectura de Hemisferio
Una diferencia de hasta seis soles por galón entre distritos de una misma ciudad no es solo un dato de mercado: es el retrato de un sistema donde los impuestos y la regulación se acumulan sobre el precio final sin que el consumidor tenga poder real de negociación. La plataforma Facilito ofrece información, que es necesaria, pero la transparencia sin competencia real es un consuelo limitado. Mientras el conflicto en Medio Oriente presiona el barril hacia arriba y la política fiscal interna no da señales de alivio, quien llena el tanque en Perú financia, quiera o no, las ineficiencias de una cadena que el libre mercado podría ordenar mejor.
El verdadero desafío no es saber dónde está el grifo más barato del barrio. Es preguntarse por qué, en un país con reservas de gas natural, el conductor sigue pagando precios de crisis sin que ningún actor del aparato estatal tenga urgencia en responder esa pregunta.



