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El fuego que no termina

Incendios sin precedente arrasan más de 700,000 acres en España y Francia, desplazan a 330,000 personas y amenazan con extenderse a Grecia e Italia.
Imagen ilustrativa
miércoles 29 de julio de 2026

La escena lo dice todo: carreteras bloqueadas, cielos anaranjados y columnas de humo visibles desde el Atlántico. En cuestión de días, una serie de olas de calor abrasadoras convirtieron el verano europeo en una emergencia humanitaria de primer orden.

Los incendios que han arrasado Francia y España han pulverizado récords históricos en ambos países. Según las autoridades, más de 400,000 acres han ardido en España durante este año y otros 300,000 en Francia, para un total que supera los 700,000 acres en los dos países. Las llamas impulsaron lo que se considera la mayor operación de evacuación en tiempos de paz que Francia y España han realizado en su historia moderna: aproximadamente 330,000 personas tuvieron que abandonar sus hogares y destinos vacacionales.

Para entender el presente hay que volver a esa semana. Los bomberos lograron contener algunos de los principales focos el miércoles por la mañana, pero las autoridades advirtieron que la batalla no había concluido: las temperaturas volvían a subir y miles de personas continuaban siendo evacuadas en las zonas más amenazadas.

El centro de respuesta de emergencias de la Unión Europea lanzó una advertencia que pocos querían escuchar. «El próximo riesgo ya se mueve hacia Grecia y también hacia Europa Central», dijo Maria Zuber, directora del Centro de Coordinación de Respuesta de Emergencias de la UE, ante la prensa. «Grecia por el momento se salvó, y ahora vemos que le llegará el turno. Italia enfrentará riesgo a principios de agosto», añadió, y advirtió que si el peligro regresa a la Península Ibérica simultáneamente, «tendremos toda Europa en llamas».

Sobre el terreno, varias organizaciones han movilizado recursos de emergencia. La Federación Internacional de la Cruz Roja y la Media Luna Roja opera en España y Francia con equipos que proveen refugio de emergencia, alimentos, agua, atención médica y suministros esenciales a miles de desplazados. Cruz Roja España y la Croix-Rouge Française reciben donaciones directas para sostener esa respuesta.

World Central Kitchen, la organización sin fines de lucro fundada por el chef José Andrés, trabaja para proporcionar comidas a quienes lo necesitan en Ávila y en Burdeos. Secours Populaire Français, dedicada a combatir la pobreza en Francia, busca voluntarios y donaciones para los afectados en Gironde, Landes y otras zonas en llamas. La organización fue directa en su comunicado: «La crisis inmediata es real, pero también será un desafío a largo plazo. Una vez extinguidos los incendios, las familias seguirán necesitando ayuda para reconstruir sus vidas». Sud Ouest Solidarité, el brazo caritativo de uno de los principales diarios regionales de Francia, informó el martes que su campaña de recaudación había reunido cerca de 500,000 euros.

Los detalles cuentan la historia. Decenas de miles de personas perdieron no solo vacaciones sino casas, negocios y comunidades enteras. El aparato estatal de dos de las economías más grandes de Europa fue puesto a prueba en simultáneo, y la respuesta —evacuaciones masivas, coordinación supranacional, llamados de emergencia desde Bruselas— revela tanto la magnitud del desastre como los límites de cualquier gobierno frente a fenómenos de esta escala.

Desde Hemisferio, la lectura es más amplia que el fuego en sí. Lo que estos incendios exponen con brutalidad es la fragilidad de las economías locales cuando el Estado concentra la gestión del territorio y desplaza a las comunidades y propietarios privados de la primera línea de prevención. Las familias desplazadas, los negocios paralizados y los municipios que deberán reconstruirse con fondos públicos son el costo real de años de regulación forestal que en muchos casos impidió la gestión privada y comunitaria del monte. El libre mercado no produce incendios; la burocracia que bloquea el aprovechamiento, el desbroce y la responsabilidad individual sobre la tierra, sí contribuye a que cuando el fuego llega, no haya nada que lo frene.

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