La escena lo dice todo: una alfombra roja en Bogotá, actores que todavía no terminan de creer lo que lograron, y una directora que describe cada día de rodaje como «surreal». La segunda parte de Cien años de soledad, la serie de Netflix basada en la novela de Gabriel García Márquez, llega este miércoles a las pantallas con siete capítulos que narran la caída de Macondo y el fin de la estirpe de los Buendía.
Laura Mora, directora principal del proyecto, lo resumió con precisión ante EFE durante la alfombra roja de estreno: «Para nosotros sigue siendo increíble que lo hayamos hecho. Cada día en el set era surreal en ese pueblo creado». El pueblo en cuestión no es una metáfora: Macondo fue construido físicamente en una zona rural del departamento colombiano de Tolima.
De la fundación a la ruina
La primera parte de la serie narra los orígenes: José Arcadio Buendía y Úrsula Iguarán se casan contra la voluntad de sus familias, desencadenan una tragedia y, meses después, fundan el mítico pueblo. La segunda parte recoge el tramo final del relato: la firma del armisticio tras las guerras civiles del coronel Aureliano Buendía, la llegada del tren y, con él, la compañía bananera que, según la lógica del libro, desatará las fuerzas que precipitarán la ruina. La maldición de Úrsula —que las estirpes condenadas a cien años de soledad no tendrán una segunda oportunidad sobre la tierra— se cumple.
Mora explicó el desplazamiento del foco narrativo: «Así como en la primera temporada la familia Buendía era la protagonista, en la segunda parte es Macondo como cuerpo político, social, un Macondo donde llegan extranjeros, que crece, donde llega el capitalismo y todos los problemas que eso trae».
El codirector Carlos Moreno fue más directo sobre la vigencia del material: «Cuando yo veo los hechos de hoy en día pareciera que se fuera a repetir lo que ocurrió en Macondo. Todos los colombianos debemos ver la serie y leer el libro para entender esa reflexión que hay detrás del libro», dijo a EFE. Moreno también señaló que la obra habla de «todo, de la injusticia social y un montón de temas que parecieran estar vestidos de realismo mágico».
El peso de Úrsula
Uno de los mayores retos recayó sobre Marleyda Soto, encargada de interpretar a Úrsula Iguarán en su etapa final. «Ahora ya está mayor, ahora está anciana y el personaje tiene el conflicto de que no tiene la vitalidad y la fuerza física para poder enfrentarse a lo que está ocurriendo en Macondo y lo que está pasando en la casa Buendía», describió Soto a EFE, quien calificó la experiencia de «conmovedora» y dijo que la vida le dio la oportunidad de vivir su «propio realismo mágico».
Margarita Rosa de Francisco, que interpreta a Fernanda del Carpio en esta segunda parte, optó por separar la serie de su fuente: la producción «merece ser vista como una obra de arte independiente» de la novela, afirmó a EFE. «El libro no se puede repetir, el libro es inalcanzable», añadió, pero defendió que la serie «tiene mucha belleza» y que las imágenes se han acercado a los momentos memorables de la novela «con un respeto y una poesía que hacen que valga la pena verla».
El Gran Final de la adaptación, titulado Cien años de soledad, está programado para llegar a las pantallas el 26 de agosto.
La lectura de Hemisferio
Hay algo revelador en la forma en que los propios directores enmarcan la segunda parte: Macondo como «cuerpo político» al que «llega el capitalismo y todos los problemas que eso trae». Es una lectura legítima del texto de García Márquez, pero también es una lectura. La novela es lo suficientemente grande como para sostener otras: la de una comunidad que prospera gracias al comercio y el intercambio, y que colapsa cuando el Estado —en forma de guerras civiles y poder arbitrario— devora lo que el mercado construyó. Que la adaptación más cara de la historia del audiovisual latinoamericano haya elegido el primer marco antes que el segundo dice algo sobre quién produce las historias y para quién. Los espectadores, al menos, tendrán la oportunidad de sacar sus propias conclusiones.



