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El fideicomiso de Trump mueve millones hacia Meta y SpaceX y reabre el debate por sus conflictos de interés

El patrimonio del presidente de Estados Unidos compró en agosto acciones de Meta y bonos de SpaceX por varios millones de dólares. La actividad alimenta las acusaciones de conflicto de interés mientras la administración Trump sigue tomando decisiones que tocan a empresas bajo su influencia.
jueves 8 de octubre de 2026

El fideicomiso en el que están depositados los haberes de Donald Trump compró en agosto varios millones de dólares en títulos de Meta y SpaceX, según un documento publicado el jueves por la Oficina de Ética Gubernamental, conocida como OGE.

La escena lo dice todo. Mientras el presidente de Estados Unidos seguía al frente de la Casa Blanca, el vehículo jurídico que administra su patrimonio se mantuvo activo en los mercados con 517 transacciones en agosto, de acuerdo con el mismo documento.

Las compras de Meta fueron las más importantes. El fideicomiso adquirió entre 5.1 y 25.4 millones de dólares en acciones de la empresa de redes sociales, una de las firmas más visibles del sector tecnológico y una de las que más expuestas están a las decisiones regulatorias y políticas de Washington.

En el caso de SpaceX, la operación no fue sobre acciones, sino sobre bonos, es decir, deuda de la empresa, por un total comprendido entre uno y cinco millones de dólares.

La propia nota publicada por la OGE también detalla otras apuestas del fideicomiso: tomó participaciones más modestas en tres operadores de centros de datos, CoreWeave, American Tower y Cogent Communications. La inversión más significativa entre esas tres fue en American Tower, por 51 mil a 115 mil dólares.

En la lista figuran además varios actores del sector tecnológico, entre ellos fabricantes de chips como Nvidia y la empresa de software Microsoft. Las compras muestran que el fideicomiso siguió muy activo en un momento en que numerosas empresas, entre ellas SpaceX y sus contratos con el gobierno estadounidense, están directamente bajo la influencia de posibles decisiones de la administración Trump.

Ahí está el punto sensible. Aunque el fideicomiso se gestiona de manera independiente, las miles de operaciones bursátiles realizadas desde el inicio del segundo mandato de Trump han dado lugar a acusaciones de conflictos de interés, según la información divulgada junto con el documento.

Los activos del presidente estadounidense están depositados en un fideicomiso administrado por su hijo Donald Jr. Se trata de una estructura jurídica revocable, que puede disolverse en cualquier momento para permitir a Trump recuperar la gestión directa de sus bienes.

Eso importa porque no estamos ante un ahorro pasivo ni ante una caja inmóvil. Estamos ante un patrimonio que sigue moviéndose en sectores donde el poder político y el valor bursátil pueden tocarse. Cuando el dinero de un gobernante entra en empresas que dependen del clima regulatorio, la frontera entre gestión patrimonial y ventaja potencial se vuelve delicada.

Para entender el presente hay que volver a esa semana en que la OGE dejó ver la dimensión de esas operaciones. El dato central no es solo cuánto compró el fideicomiso, sino el tipo de activos elegidos y el contexto de poder en el que esas compras ocurrieron.

En términos institucionales, el caso vuelve a poner sobre la mesa una pregunta incómoda para cualquier democracia: cuánto puede confiar el público en una separación real entre la riqueza privada de un presidente y las decisiones de un gobierno que afecta a empresas con contratos, regulaciones y expectativas sobre la mesa.

En la lógica del mercado libre, la regla debería ser simple: normas claras, sin privilegios ni zonas grises. Pero cuando un aparato estatal concentra tanta capacidad de influir en compañías grandes y en sectores estratégicos, la transparencia deja de ser un detalle y pasa a ser una condición básica de legitimidad.

El desenlace, por ahora, no está en una sanción ni en una resolución judicial. Está en la percepción pública que dejan estas compras: un presidente con patrimonio aún expuesto a sectores que orbitan cerca del poder, y un sistema que vuelve a discutir si la separación entre negocios y gobierno es suficiente o apenas formal.

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