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El festivo más caro de Colombia

Con el recargo festivo subiendo al 90% y la jornada laboral reduciéndose a 42 horas semanales, julio de 2026 marca el momento en que la reforma laboral de Petro empieza a costarle dinero real a las empresas colombianas.
Imagen ilustrativa
domingo 12 de julio de 2026

La escena lo dice todo. El lunes 13 de julio de 2026, Colombia estrena festivo y, con él, la factura más visible de la reforma laboral impulsada por el gobierno de Gustavo Petro. Por primera vez en la historia, el país conmemora el Día de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá como día de descanso obligatorio, incorporado al calendario nacional mediante la Ley 2578 de 2026. La celebración religiosa cae cada 9 de julio, pero en aplicación de la Ley 51 de 1983 —la llamada Ley Emiliani— el descanso se trasladó al lunes siguiente para conformar puente.

El dato duro llega acompañado: desde el 1 de julio de 2026, el recargo por trabajar un domingo o festivo pasó del 80% al 90% sobre el valor de la hora ordinaria. No es un ajuste menor. Quien labore ese lunes no solo cobra las horas trabajadas; recibe encima un 90% adicional por cada una de ellas. Si además hay horas extras o trabajo nocturno, cada concepto se liquida de manera independiente y luego se suma. Los números no se compensan entre sí: se acumulan.

La reforma estableció una transición gradual para llegar a ese 90%, y el 13 de julio es la primera fecha en que el nuevo techo aplica sobre un festivo real. El descanso remunerado rige tanto para el sector público como para el privado, pero son las empresas de operación continua las que absorben el golpe directo: comercio, restaurantes, hoteles, turismo, transporte y servicios de alimentación. Según el Ministerio del Trabajo, precisamente esos sectores concentran la mayor parte de los empleados que trabajan durante fines de semana y festivos.

El 13 de julio no llega solo. Dos días después, el 15 de julio, continúa la reducción gradual de la jornada máxima legal semanal prevista en la Ley 2101 de 2021: de 44 horas semanales se baja a 42, sin reducción de salario. La consecuencia técnica es inmediata: al haber menos horas en la semana, el valor de cada hora ordinaria sube. Eso eleva automáticamente el costo de las horas extras, los recargos nocturnos y, por supuesto, los recargos por domingos y festivos. Las áreas de nómina de miles de empresas deben actualizar sus sistemas de liquidación para calcular correctamente todos esos conceptos bajo las nuevas reglas.

El resultado acumulado es que Colombia llega a 19 días festivos al año, convirtiéndose, según los datos disponibles, en el país con más festivos entre los miembros de la OCDE. Los gremios empresariales han advertido públicamente un incremento en los costos laborales y una posible afectación sobre la productividad.

La ley tampoco llegó sin resistencia jurídica. El pasado 9 de junio, el ciudadano Rodrigo Ospina Ortiz presentó una demanda de inconstitucionalidad contra la Ley 2578 de 2026 ante la Corte Constitucional. Los argumentos son tres: que la norma vulnera el principio de Estado laico al privilegiar una celebración católica; que fue aprobada sin el análisis obligatorio de impacto fiscal por parte del Ministerio de Hacienda; y que el nuevo festivo incrementa los costos de nómina y afecta la libertad económica de las empresas. Mientras la Corte no decida, la ley sigue vigente y el festivo debe respetarse.

El abogado Andrés Felipe Velásquez, socio de Velásquez Osorio Abogados, explicó a La República que la creación del festivo no constituye necesariamente un beneficio directo para la Iglesia Católica, y señaló que la Constitución permite reconocer el valor histórico, cultural, artístico y turístico de distintas confesiones en la construcción de la identidad nacional. Según Velásquez, la Corte tendría cinco posibles caminos: tres de ellos mantendrían la norma vigente —sentencia inhibitoria, declaración de exequibilidad plena o exequibilidad condicionada— y dos la modificarían o eliminarían.

Para entender el presente hay que volver a esa semana. Lo que ocurre en julio de 2026 no es un ajuste técnico de nómina: es el momento en que la agenda laboral del petrismo deja de ser promesa legislativa y se convierte en costo operativo para la libre empresa colombiana. Un festivo nuevo, un recargo más alto y una jornada más corta —todo en quince días— es una concentración de cargas que los gremios venían advirtiendo desde que la reforma entró al Congreso. La demanda ante la Corte Constitucional es la última línea de defensa institucional disponible. Lo que decidan los magistrados determinará si este modelo de expansión del calendario festivo tiene techo o si Colombia seguirá sumando días de descanso obligatorio mientras sus competidores en la región mantienen estructuras laborales más flexibles y atractivas para la inversión.

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