La escena lo dice todo.
Gustavo Bolívar estaba en las calles de Miami, Florida, acompañado de su hijo y la novia de su hijo, cuando una camioneta negra redujo la velocidad. Quienes iban adentro bajaron los vidrios, los insultaron durante varios minutos y les lanzaron cervezas en la cara. Cuando Bolívar intentó confrontarlos, subieron los vidrios y se marcharon.
El senador del Pacto Histórico esperó días antes de hacer pública la situación. Quería tener en su poder los videos de lo ocurrido. Una vez los obtuvo, publicó un clip en su cuenta de X, expuso la placa del vehículo y pidió a las autoridades estadounidenses investigar el incidente. «Nos volvieron a agredir y de la peor manera», escribió.
El verbo «volvieron» no es casual. Bolívar señaló que este no fue el primer episodio: durante el Mundial de fútbol, su hijo ya había sido insultado en uno de los estadios de Estados Unidos. Fue esa acumulación la que lo llevó a romper el silencio. «Ya me cansé», resumió.
La novia de su hijo, según su relato, fue la más afectada y no comprendió lo que estaba sucediendo en ese momento.
La acusación directa
Bolivar no dejó margen a la ambigüedad: culpó directamente al presidente electo Abelardo De La Espriella. Según él, el discurso del nuevo mandatario genera ese tipo de agresiones entre sus seguidores. «Abelardo sembró odio en sus seguidores y lo estamos padeciendo», afirmó en su publicación.
El senador añadió que no es posible que los ciudadanos tengan que vivir este tipo de situaciones «sencillamente por pensar diferente» e hizo un llamado a la calma.
Hasta el cierre de esta edición, no hay registro de una respuesta pública de De La Espriella ni de su equipo ante las acusaciones de Bolívar.
El contexto del viaje
Bolivar había viajado a Estados Unidos precisamente para alejarse de la polarización que, según él, se vive en Colombia tras los resultados de las elecciones presidenciales. La ironía es evidente: buscó distancia del conflicto político y el conflicto lo siguió hasta Miami.
SEMANA confirmó que los hechos ocurrieron la semana pasada.
La lectura de Hemisferio
Lo que Bolívar describe —si los videos lo corroboran— es un acto de intimidación callejera que merece condena sin importar el signo político del agredido. El orden público y la integridad física no tienen ideología. Las autoridades estadounidenses, a quienes el senador dice haber entregado toda la información, tienen los instrumentos para investigar.
Pero el ángulo político que Bolívar elige no puede pasarse por alto. Atribuir la conducta de desconocidos en una camioneta en Miami directamente al discurso de un presidente electo es un salto que requiere evidencia, no solo indignación. Abelardo De La Espriella llega al poder con un mandato de orden y estabilidad que Colombia lleva años reclamando. Convertir cada incidente callejero en munición contra el nuevo gobierno, antes incluso de que tome posesión, dice más sobre la estrategia opositora del Pacto Histórico que sobre el clima político que De La Espriella habrá de heredar. Los hechos merecen investigación; la narrativa que los envuelve, escepticismo.



