El cuatro venezolano fue declarado como el primer Embajador Cultural de Venezuela durante un acto realizado en el monumento de La Flor de Venezuela, en Barquisimeto, estado Lara. La certificación oficial la entregaron el Ministerio para la Cultura y el Instituto Marca País.
La escena lo dice todo. En un país donde la cultura suele convivir con urgencias más apremiantes, el aparato estatal eligió poner al cuatro en el centro de un acto formal y darle una nueva condición simbólica. La distinción no fue menor: el instrumento, ya declarado Patrimonio Cultural de la Nación en 2024, recibió ahora un sello que el gobierno presenta como proyección internacional.
El ministro para la Cultura, Alejandro López Rodríguez, aprovechó el momento para enaltecer el alcance internacional de este instrumento musical criollo. También rindió homenaje a la dedicación artesanal de los lutieres, de quienes dijo que «de la madera y del cedro sacan la sonoridad de este pueblo».
Por su parte, la presidenta del Instituto Marca País, Andreína Tarazón, destacó el valor simbólico de la acreditación. «La iniciativa busca fortalecer nuestro orgullo e identidad nacional, posicionando lo mejor de nuestra cultura en todo el mundo», expresó.
El gobernador del estado Lara, Luis Reyes Reyes, celebró el arraigo del cuatro en la entidad. «Hoy festejamos que el cuatro es nuestra verdadera sonoridad y el instrumento emblemático de nuestra tierra», manifestó.
Durante el acto, Reyes Reyes anunció además la reactivación del programa de dotación escolar en la entidad. Recalcó que se entregarán 10 cuatros por cada institución educativa del estado. Ese dato, más allá del gesto cultural, conecta la ceremonia con una decisión concreta de política pública: llevar instrumentos a las escuelas.
Las personas presentes se mostraron contentas con la declaración. Más de 40 niños cuatristas de El Sistema de Orquestas y Coros del estado Lara ofrecieron un concierto durante la actividad. También entregaron una placa de reconocimiento a los cuatristas Giovanny Vélez, Guísela Rojas, María Alvarado, Clauder Sánchez y Gladys Sánchez.
En el acto también estuvieron presentes cultores locales y autoridades nacionales, regionales y municipales. La certificación del cuatro como Embajador Cultural de Venezuela queda así inscrita en una secuencia institucional que une identidad, ceremonia y distribución de recursos simbólicos y materiales.
Para entender el presente hay que volver a esa semana: mientras el gobierno busca proyectar una narrativa de orgullo cultural, lo hace a través de una estructura pública que decide qué merece visibilidad, reconocimiento y respaldo oficial. En este caso, el mensaje es claro: la cultura tradicional no queda solo en el terreno del símbolo, sino que entra en el circuito de la acción estatal.
Desde la óptica de la libertad cultural y del mérito, hay un punto positivo en que un instrumento arraigado gane difusión y apoyo. Pero también conviene mirar con lupa el papel del Estado como gran validador de la vida cultural. Cuando el aparato público monopoliza el gesto de consagración, el riesgo es que la promoción cultural dependa más de la certificación oficial que de la vitalidad espontánea de la sociedad.
El desenlace deja una imagen útil para la lectura política del país: el cuatro, un instrumento de fuerte raíz popular, recibe impulso institucional en una ceremonia cargada de símbolos. La pregunta de fondo es si ese respaldo terminará fortaleciendo la cultura desde abajo o si quedará, como tantas iniciativas públicas, en una vitrina de orgullo nacional administrada por la burocracia.



