El número lo dice todo: puesto 69 entre 85 países. Así quedó Colombia en el índice de Mejores Países 2026 de la Wharton School de la Universidad de Pensilvania, un estudio que mide percepciones internacionales sobre calidad de vida a partir de las respuestas de 15.131 personas en 33 países. En América Latina, el resultado es aún más elocuente: Colombia solo supera a Ecuador y Guatemala. Es el tercer peor de la región.
La escena lo dice todo. Mientras México se instala en el puesto 39 global —impulsado por su ubicación estratégica y el acuerdo comercial T-MEC, con un PIB cercano a los US$1,8 billones—, Argentina aparece en el puesto 49 y Brasil en el 53. Colombia, con un PIB nominal de aproximadamente US$457.410 millones y un PIB per cápita por paridad de poder adquisitivo que supera los US$20.500, no logra traducir esos números en bienestar percibido.
Los detalles cuentan la historia. Alejandro Useche, profesor de economía de la Universidad del Rosario, señaló que uno de los factores centrales que limitan la calidad de vida en el país es «la seguridad». «Es necesario luchar contra la criminalidad y reducir la cantidad de conflictos que hay», dijo. Agregó que el otro gran reto es generar oportunidades de ingreso: «contar con talento humano mejor capacitado fomenta una mejor calidad de vida».
Remi Stellian, profesor de economía de la Pontificia Universidad Javeriana, apuntó a una debilidad estructural de la economía colombiana: la inversión extranjera directa que llega al país «se concentra en sectores de bajo valor agregado». Según Stellian, «lograr diversificar hacia sectores de mayor valor podría atraer más talento e inversión». El diagnóstico es preciso: Colombia atrae capital, pero no el tipo de capital que transforma.
El índice también registra que Colombia ha mejorado sus condiciones históricas de seguridad y ha atraído mayores flujos de inversión extranjera directa. Eso, sin embargo, no ha sido suficiente para mover la aguja en la percepción global. El potencial existe; la política pública que lo aprovecha, no.
Una nota metodológica relevante: siete países latinoamericanos no aparecen en el ranking —Venezuela, Bolivia, Paraguay, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Cuba—, no por baja calificación, sino porque no cumplieron con los criterios de elegibilidad del estudio. Colombia sí cumplió. Y el resultado es el que es.
En el podio global, Suecia lidera con su modelo de democracia, bienestar e innovación —Volvo, IKEA y Spotify son parte de su carta de presentación—, seguida de Dinamarca y Canadá.
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Para Hemisferio, el ranking de Wharton no es solo un termómetro de imagen: es el retrato de lo que ocurre cuando el aparato estatal prioriza la confrontación ideológica sobre las condiciones básicas que hacen posible la libre empresa y la vida digna. Seguridad y diversificación productiva no son consignas de campaña; son los dos pilares que los expertos consultados identificaron como ausentes. Un país que no garantiza orden público ni incentiva inversión de alto valor no puede competir con sus vecinos, por más que sus cifras macroeconómicas luzcan presentables en papel.
El contraste con Argentina —puesto 49, en medio de su propio proceso de ajuste— es revelador: incluso en un contexto de volatilidad e inflación reconocidas por el propio estudio, la percepción internacional sobre estándares de vida allí supera a la colombiana. La pregunta que queda en la trastienda es cuántos años más de políticas que ahuyentan la inversión y toleran la criminalidad puede permitirse Colombia antes de que el puesto 69 se convierta en algo peor.



