La escena lo dice todo.
Un sitio de humor cristiano, conocido por sus parodias de candidatos y causas progresistas, publica un falso anuncio turístico burlándose de Nuevo México y de uno de sus magistrados. El Estado responde, no con una réplica ni con su propio chiste, sino con la amenaza de una multa si el sitio no coloca un cartel que diga, en esencia: «esto es sátira».
Esa es la disputa que llegó esta semana a los tribunales.
The Babylon Bee presentó el martes una demanda contra funcionarios del estado de Nuevo México con la asistencia de la organización legal Alliance Defending Freedom. El blanco es HB 182, una ley aprobada en 2024 que modificó la Ley de Reporte de Campañas del estado para exigir avisos de divulgación en publicidad política que contenga lo que la norma define como «medios materialmente engañosos». Según la ley, imágenes, videos o audios manipulados o creados mediante inteligencia artificial deben incluir un aviso prominente que identifique el contenido como generado o alterado por IA.
The Babylon Bee, que con frecuencia satiriza a candidatos y causas políticas, sostiene que la ley viola derechos fundamentales de libre expresión y el debido proceso.
El argumento central está en la propia demanda: «Este aviso altera el contenido de la sátira y la parodia que The Bee quiere expresar, al alertar al espectador sobre la naturaleza satírica o paródica de la comunicación, privando así a la expresión de su fuerza retórica». En palabras más directas, según el texto de la queja: «HB 182 arruina el chiste desde el principio, cada vez».
Seth Dillon, director ejecutivo de The Babylon Bee, fue más explícito al hablar con Fox News Digital. «Nuevo México nos está metiendo palabras en la boca, obligándonos a decir cosas que de otro modo no diríamos», declaró. Para Dillon, el requisito de divulgación representa un problema más profundo: el del discurso compelido, es decir, cuando el gobierno no prohíbe hablar sino que fuerza a hablar de una manera determinada.
Jim Campbell, abogado de Alliance Defending Freedom, calificó HB 182 como una línea peligrosa: penalizar el humor político mediante lo que describió como coerción gubernamental inconstitucional que amenaza el núcleo del discurso político.
La semana pasada, el sitio publicó precisamente el tipo de contenido que está en disputa: un falso anuncio turístico generado con IA que se burlaba de la «utopía demócrata» de Nuevo México y del magistrado de la Corte Suprema estatal David K. Thomson, quien aparecerá en la boleta electoral de noviembre. Ese material, según la ley, requeriría el aviso que The Bee se niega a colocar.
El sitio argumenta que no está dispuesto a publicar contenido con la etiqueta obligatoria porque eso alteraría su mensaje.
Los detalles cuentan la historia.
Nuevo México no es el único estado que ha legislado sobre IA y contenido electoral, pero la demanda de The Babylon Bee pone el dedo en una tensión que muchas de esas leyes ignoran: la diferencia entre desinformación y parodia deliberada. Una cosa es un deepfake diseñado para hacer creer que un candidato dijo algo que nunca dijo. Otra, muy distinta, es un anuncio falso que nadie en su sano juicio tomaría por real, cuyo propósito declarado es el ridículo político.
Para Hemisferio, el caso ilustra un patrón que merece atención. Cuando el aparato estatal no puede ganar el argumento, regula el formato. La obligación de colocar un aviso que destruye el efecto de la broma no protege al ciudadano de ser engañado; lo que hace es proteger al político de ser ridiculizado con eficacia. Eso no es transparencia: es censura con etiqueta de modernidad tecnológica. El dinero de los contribuyentes de Nuevo México financiará ahora la defensa de una ley cuyo efecto práctico más claro es silenciar a quienes se ríen del poder. El principio en juego es antiguo y no admite matices: el humor político es, desde los panfletos del siglo XVIII hasta los memes del siglo XXI, una de las formas más democráticas de fiscalizar a quienes gobiernan. Cuando el Estado decide cuándo y cómo puede contarse un chiste, algo más que la gracia se pierde.



