AHORA
Zacharia cae a los cinco días y expone el costo político de la improvisación en la Casa Blanca•Trump frena la transmisión pública de la ejecución de Hasan tras el rechazo por convertirla en espectáculo•Pope Leo pasa la primera prueba tras la cirugía de pulmón y el Vaticano habla de recuperación normal•La mansión de Durazo se convierte en universidad: Tlalpan gana una sede y el gobierno presume recuperación de espacio•Museo Nacional: 30 obras retiradas y una batalla cultural que avanza sobre la memoria•Sonora frena sus exportaciones de ganado por una sospecha de aftosa•El Vaticano descarta complicaciones en la cirugía del papa León XIV, con un pronóstico aún por definir•Caen dos presuntos extorsionadores tras el ataque a la casa de Elvis Guerra•Tecnología, individualismo y política: la alarma de Ades sobre una sociedad más replegada•Anthropic pide reglas comunes para la IA mientras acelera ingresos y salida a bolsa•Zacharia cae a los cinco días y expone el costo político de la improvisación en la Casa Blanca•Trump frena la transmisión pública de la ejecución de Hasan tras el rechazo por convertirla en espectáculo•Pope Leo pasa la primera prueba tras la cirugía de pulmón y el Vaticano habla de recuperación normal•La mansión de Durazo se convierte en universidad: Tlalpan gana una sede y el gobierno presume recuperación de espacio•Museo Nacional: 30 obras retiradas y una batalla cultural que avanza sobre la memoria•Sonora frena sus exportaciones de ganado por una sospecha de aftosa•El Vaticano descarta complicaciones en la cirugía del papa León XIV, con un pronóstico aún por definir•Caen dos presuntos extorsionadores tras el ataque a la casa de Elvis Guerra•Tecnología, individualismo y política: la alarma de Ades sobre una sociedad más replegada•Anthropic pide reglas comunes para la IA mientras acelera ingresos y salida a bolsa•
Hemisferio
PolíticaAméricasMundoNegociosTecnologíaCulturaIdeas
Hemisferio
Secciones
El medio
Américas

El campo como motor: Dangond Baquero, el hombre del agro que llega al gabinete de De la Espriella

El presidente electo designó al experto en financiamiento agropecuario Indalecio Dangond Baquero como ministro de Agricultura con tres prioridades concretas: bancarización, títulos de tierra y riego. La apuesta marca un giro radical frente a la herencia que deja el petrismo.
Imagen ilustrativa
sábado 11 de julio de 2026

El sábado 11 de julio de 2026, Abelardo de la Espriella publicó en X una frase que resumía la dirección de su gobierno hacia el campo: «El campo volverá a ser el motor del desarrollo de Colombia». Con esa consigna presentó a Indalecio Dangond Baquero como ministro designado de Agricultura y Desarrollo Rural, uno de los nombramientos más esperados de un gabinete que tomará posesión el próximo 7 de agosto.

Los detalles cuentan la historia. Dangond Baquero, barranquillero con raíces en Urumita, La Guajira, es administrador de empresas egresado de la Universidad Externado de Colombia. Llega con cerca de cuarenta años de trayectoria en el sector agropecuario, con paso por instituciones como Finagro, la Caja de Crédito Agrario y el Banco Agrario. También ha asesorado en la formulación de políticas de desarrollo rural a cinco ministros de Agricultura y dos de Comercio en distintos periodos gubernamentales. No es un recién llegado: es, quizás, el perfil técnico más sólido que podía ocupar esa cartera.

De la Espriella anunció tres prioridades concretas para su nuevo ministro: la bancarización de 2,5 millones de campesinos, la legalización de los títulos de sus tierras y el impulso a la construcción de distritos de riego, bajo la premisa de que «la agricultura se escribe con agua». La consigna del gobierno entrante lo dice todo: «Al campo, lo que es del campo».

El paquete de medidas no se detiene ahí. Según el comunicado del presidente electo, Dangond Baquero deberá promover un censo nacional agropecuario y la creación de 700 escuelas de emprendimiento rural orientadas al relevo generacional. Además, se contempla la sustitución inicial de 50.000 hectáreas de cultivos de uso ilícito por palma en Tumaco y cacao en Tibú, con el objetivo de diversificar la producción rural, combatir la deforestación y flexibilizar el sistema crediticio para los productores.

«El tiempo de los campesinos y productores con títulos de propiedad, acceso al crédito, garantías, asistencia técnica, riego, tecnología y mercados ha llegado», escribió De la Espriella al presentar el nombramiento.

Antes de ser confirmado en el cargo, Dangond Baquero lideró el equipo de empalme del presidente electo para el sector agrícola con el gobierno saliente. En ese rol, ya había encendido alertas. «Los empalmes suelen convertirse en un ritual predecible donde la realidad se maquilla con cifras y narrativas convenientes», dijo entonces, según consignó Semana. Y fue más directo al describir el estado de la economía que recibirá el nuevo gobierno: «El Gobierno de Gustavo Petro entrega la economía del país en cuidados intensivos. El déficit fiscal colombiano sigue siendo elevado por bajo recaudo tributario, aumento de gasto público y mayor pago de intereses. Toca practicar cirugía de adelgazamiento al paciente para poder salvarlo», afirmó el entonces líder del equipo de empalme, antes de ser confirmado como ministro.

La escena lo dice todo. El hombre que diagnosticó la herencia fiscal del petrismo es ahora el responsable de reconstruir el agro colombiano desde cero: con crédito, con títulos, con agua.

Para Hemisferio, el nombramiento de Dangond Baquero es una señal inequívoca de que el gobierno entrante apuesta por libre empresa y propiedad privada como palancas del desarrollo rural, frente a años de retórica redistributiva que, según el propio equipo de empalme, dejó las cuentas en terapia intensiva. Bancarizar campesinos y legalizarles sus tierras no es solo política agraria: es devolverle al productor las herramientas del mercado que el aparato estatal le negó o le complicó durante el ciclo anterior. Si De la Espriella logra convertir esas 700 escuelas de emprendimiento y los distritos de riego en realidad, el campo colombiano podría dejar de ser un problema de seguridad para convertirse en lo que siempre debió ser: un motor de prosperidad.

Más de Américas