La escena lo dice todo.
Doris llevaba cuatro años en Islón, en la comuna de La Serena. Había comprado la casa junto a su marido después de jubilarse. Una noche del sistema frontal, la quebrada que colindaba con el terreno se convirtió en un río. Cuando amaneció, la vivienda era inutilizable.
Eso fue lo que dejaron las intensas lluvias que golpearon la Región de Coquimbo el mes pasado: aluviones que arrasaron viviendas, cortaron caminos y dejaron a cientos de familias sin hogar y, lo que en las primeras horas puede ser igual de grave, sin comunicación.
Mientras los organismos públicos activaban sus protocolos, un camión azul con tracción 4x4 ya rodaba hacia los sectores más afectados.
El vehículo
El Centro de Operaciones de Emergencia (COE) Móvil es un proyecto conjunto de Entel y la organización Desafío Levantemos Chile, enmarcado en el Programa Primera Respuesta de la empresa de telecomunicaciones. Fue diseñado específicamente para operar en catástrofes y lleva incorporadas placas solares, conexión satelital mediante Starlink, una zona de carga para hasta cincuenta dispositivos electrónicos, una pantalla inteligente para coordinar operaciones en terreno, una sala de reuniones, cámaras de seguridad y luces de emergencia.
El despliegue cubrió localidades como Islón, Vicuña y Paihuano, zonas donde los caminos cortados y los socavones habían convertido el simple acto de salir a comprar agua en una odisea de varios días.
«Las personas pueden cargar sus teléfonos y otros equipos, y buscamos que sea un punto de referencia, reunión y coordinación entre las diferentes instituciones. Sabemos que la situación es muy complicada, y que todos los aportes son necesarios», explicó Patricia Muñoz, gerente de Comunicaciones Corporativas y Grupos de Interés de Entel.
Askaan Wohlt, director de Emergencias de Desafío Levantemos Chile, fue más directo al describir lo que encontraron sobre el terreno: «Gran parte de la gente estaba sin luz y estuvo sin luz durante varios días, de hecho, se reponía el servicio y se volvía a caer, la conectividad estaba complicada y sobre todo los caminos, muchos caminos cortados, socavones, hubo varias localidades que estuvieron durante varios días sin poder salir a comprar alimentos, agua».
Para esas familias, el COE Móvil no era un servicio adicional. Era el único punto de contacto con el resto del país.
Más allá del camión
El despliegue físico se complementó con medidas comerciales. Entel suspendió los cortes por boletas impagas y activó la reposición de servicios móvil postpago y de hogar para clientes con deudas, de manera que la emergencia climática no se tradujera también en una desconexión forzada por razones económicas.
La empresa también habilitó su servicio Direct to Cell (D2C), una alianza con Starlink que permite enviar mensajes SMS incluso en ausencia de cobertura de redes móviles tradicionales. La cobertura de ese servicio abarca desde la Región de Atacama hasta Los Lagos, un corredor que incluye precisamente las zonas más golpeadas por el temporal.
Wohlt resumió el efecto de todo esto con una frase que vale más que cualquier indicador de gestión: «Es un gran alivio para los vecinos (...) en el fondo es un acompañamiento integral que permite también a las familias de alguna manera retomar la normalidad de sus vidas después de una catástrofe».
Lo que los detalles cuentan
La historia del camión azul de Entel es, en el fondo, la historia de lo que la libre empresa puede hacer cuando el Estado tarda o no llega. No hubo licitación, no hubo decreto. Hubo un programa diseñado de antemano, un vehículo preparado para el barro y una decisión de despliegue que no esperó a que los formularios estuvieran completos.
El Programa Primera Respuesta existe porque una empresa decidió invertir en capacidad de respuesta antes de que ocurriera la catástrofe, no después. Las placas solares, el Starlink, la sala de reuniones: todo eso fue financiado con capital privado y puesto al servicio de comunidades que, en sus peores horas, necesitaban exactamente eso.
Doris perdió su casa. Pero en algún momento de esos días, pudo cargar su teléfono y llamar. A veces, eso es lo que separa el pánico de la esperanza.



