La escena lo dice todo. El domingo, en Salt Lake City, Utah, el termómetro marcó 109 grados Fahrenheit y pulverizó el récord anterior de 107 grados que tenía la ciudad, según informó el Servicio Meteorológico Nacional. Ese mismo día, en Billings, Montana, las temperaturas superaron los 110 grados Fahrenheit. No era un pico aislado: era el arranque de otra semana de calor excepcional en buena parte del país.
La ola comenzó el fin de semana en el suroeste y las Grandes Llanuras antes de desplazarse hacia el este. El Servicio Meteorológico Nacional pronosticó temperaturas generalizadas de entre 95 y 105 grados Fahrenheit y advirtió que «incluso para mediados de julio, se espera que este calor sea excepcionalmente raro en algunos lugares y produzca numerosos récords diarios de temperatura, mientras que potencialmente se acerca a récords mensuales y de todos los tiempos».
Los detalles cuentan la historia. Los pronosticadores de AccuWeather indicaron que las temperaturas de los próximos días probablemente no alcanzarán los niveles registrados durante el fin de semana largo del Cuatro de Julio en algunas partes del país. Aun así, los expertos instaron a la población de las zonas afectadas a tomar las precauciones necesarias.
«Se recomienda que los residentes que puedan hacerlo permanezcan en interiores durante las horas de mayor calor», dijo Brandon Buckingham, meteorólogo de AccuWeather, en un comunicado. «Si tiene que estar afuera, considere tomar numerosos descansos, usar áreas con sombra, usar ropa de colores claros y mantenerse hidratado».
El miércoles se perfila como el día más caluroso para gran parte del noreste. En Nueva York, se esperan temperaturas de hasta 103 grados Fahrenheit. En Filadelfia, el pronóstico es aún más extremo: algunos meteorólogos anticipan 107 grados. Ciudades como Tempe y Phoenix, en Arizona, seguirán con temperaturas que alcanzan o superan los 110 grados ese mismo día. Las temperaturas de tres dígitos se extenderán a lo largo de la semana en Fort Lauderdale, Florida; Las Vegas, Nevada; y Brownsville, Texas.
Hacia el final de la semana, el noreste comenzará a ver una caída hacia los 80 grados, según AccuWeather. Pero el alivio térmico traerá su propio riesgo: tormentas eléctricas con vientos fuertes y lluvias intensas se esperan en Wisconsin y los estados del Atlántico Medio. El Servicio Meteorológico Nacional en Salt Lake City ya advirtió el martes sobre un mayor riesgo de inundaciones repentinas por las lluvias. En Billings, las autoridades alertaron que el calor continuará durante la semana, pero con mayor humedad, lo que aumenta la probabilidad de tormentas.
Para entender el presente hay que volver a esa semana del Cuatro de Julio, cuando grandes franjas del país ya habían soportado días consecutivos de calor extremo. Esta nueva ola llega apenas dos semanas después, antes de que muchas comunidades hayan podido recuperarse plenamente.
Lo que está en juego no es solo una cuestión meteorológica. Las olas de calor de esta magnitud ponen a prueba la infraestructura eléctrica, los sistemas de salud pública y la capacidad de respuesta de cada municipio. Los ciudadanos que dependen del aire acondicionado enfrentan facturas de electricidad que se disparan; quienes no tienen acceso a él quedan expuestos a riesgos reales para su vida. La pregunta que los gobiernos locales deberán responder no es solo cómo gestionar la emergencia de esta semana, sino qué inversiones en infraestructura y en libertad de elección energética están dispuestos a garantizar para que el próximo episodio no encuentre a nadie desprotegido.



