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El bebé en la bolsa de compras

Un nuevo documental de Netflix reconstruye el caso de Eleonor Alejandra Marín Mendoza, quien fingió un embarazo y secuestró a un recién nacido en un hospital de Ciudad de México en 2009. La historia lleva más de una década en la memoria colectiva mexicana; ahora regresa con la voz de todos los protagonistas.
Imagen generada con IA
jueves 13 de agosto de 2026

La escena lo dice todo. Las cámaras de seguridad del hospital registraron a una mujer que entró poco antes del mediodía con una bolsa de compras vacía y salió alrededor de las 6:30 de la tarde con un recién nacido dentro. Ocho horas después, la policía encontró a Eleonor Alejandra Marín Mendoza —conocida como Ale— junto a su pareja, Arturo Garmiño, y al bebé, en una habitación de hotel cercana.

Ese es el núcleo de A Child of My Own, el documental que Netflix estrenó el 13 de agosto y que reconstruye uno de los casos de secuestro infantil más resonantes de México en los últimos años. Ale trabajaba en el hospital donde ocurrió el hecho. Antes de tomar al bebé, había fingido un embarazo ante su familia y sus amigos durante meses: adulteró registros médicos para simular ecografías y comió en exceso para que su vientre creciera. Tenía planeado «dar a luz» sola en el hospital y llegar a casa con el recién nacido como si fuera suyo.

Ale no niega los hechos centrales. En el documental lo dice con sus propias palabras: «¿Qué hice mal para estar aquí? Romper la ley, mentir, engañar, causar dolor». Pero sostiene, hasta hoy, que la madre del bebé, Mayra Navarro, le había entregado voluntariamente al niño. Según su versión, ambas se conocieron en una sala de espera del hospital cinco meses antes del parto, y Mayra habría decidido darle el bebé en adopción.

Mayra lo desmiente sin rodeos: «Nunca hubo un trato». Dice que conoció a Ale por primera vez justo después de dar a luz, cuando la mujer se presentó en su habitación diciendo que hacía una encuesta para el hospital. Mayra tenía fiebre alta y fue al baño a dejar una muestra de orina. Cuando volvió, el bebé no estaba. «Nunca, nunca pensé que mi bebé había sido secuestrado», declara en el documental.

La jueza que presidió el caso, Taissia Cruz Parcero, detalla la evidencia que derrumbó la versión de Ale: las fechas en la tarjeta de citas de Mayra demostraban que sus controles se realizaban en un centro de salud diferente, lo que hacía imposible el supuesto encuentro previo en ese hospital. El suéter de Ale, con su credencial del hospital, fue hallado en la habitación de Mayra. Las imágenes de seguridad completaron el cuadro. «Al final, lo único que no encajaba era el supuesto consentimiento de Mayra», resume Parcero.

Arturo Garmiño, la pareja de Ale, creyó durante todo ese tiempo que el bebé era su hijo biológico. Pasó dos años y seis meses en prisión antes de ser absuelto. «No hubo intención maliciosa de su parte», señala la jueza. «No era cómplice».

Ale cumplió más de 13 años de condena.

El documental, dirigido por Maite Alberdi, adopta una estructura inusual: los primeros 50 minutos están producidos como una película de ficción, con actores profesionales interpretando la versión de los hechos según Ale. Ana Celeste Montalvo y Armando Espitia encarnan a Ale y Arturo. Alberdi describe esa primera mitad como la «versión de cuento de hadas» que Ale se construyó para sobrevivir: «Está soñando». La segunda parte incorpora las entrevistas con los protagonistas reales, incluidas Mayra y la jueza Cruz Parcero.

Alberdi señala que Ale actuó bajo una presión familiar y social intensa: la pareja había sufrido tres abortos espontáneos, Arturo no quería adoptar, y Ale sentía que su matrimonio dependía de tener un hijo. «Muchos no pueden entender un matrimonio sin un bebé», dice la directora sobre la cultura mexicana y latinoamericana en general, y espera que el «caso extremo» de Ale invite a reflexionar sobre las «presiones invisibles para ser madre».

Los detalles cuentan la historia. Un video casero presentado en el juicio y reproducido en el documental muestra a Ale en su propio baby shower, abriendo regalos y acariciando un vientre que nunca albergó un embarazo.

Para Hemisferio, el caso subraya algo que va más allá del drama personal: la fragilidad de las instituciones hospitalarias cuando el acceso interno se convierte en herramienta del delito. Ale no era una extraña que forzó una entrada; era una empleada con credencial, con conocimiento del sistema y con tiempo para planear cada paso. El aparato de seguridad del hospital solo reaccionó cuando ya era demasiado tarde, y fue la cámara —no el protocolo— la que terminó construyendo el caso. Que una madre haya vuelto de un baño para encontrar la cuna vacía, sin que ningún mecanismo de alerta se activara, es la pregunta incómoda que el documental deja flotando mucho después de los créditos finales.

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