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El auto que no arranca: la ley antialcohol que divide al Congreso de EE.UU.

Una norma aprobada en 2021 obliga a desarrollar tecnología que detecte conductores en estado de alteración y bloquee el vehículo. Los datos, la privacidad y los falsos positivos son el campo de batalla.
Imagen ilustrativa
lunes 20 de julio de 2026

La escena lo dice todo. Un comité del Congreso de Estados Unidos debate en junio si un automóvil debe tener permitido negarse a arrancar. Del otro lado de la sala, una madre recuerda que su hijo de 23 años murió el 10 de junio de 2018 en un choche provocado por un conductor con las capacidades alteradas.

Ese es el núcleo de una controversia que lleva años cocinándose a fuego lento en Washington y que ahora empieza a salir a la superficie.

El mandato legal

En 2021, el Congreso aprobó una ley que encargó a la Administración Nacional de Seguridad del Tráfico en las Carreteras (NHTSA) desarrollar un estándar capaz de detectar de manera pasiva si una persona está alcoholizada o presenta alguna alteración al conducir. Cuando entre en vigor, los nuevos automóviles deberán impedir o limitar la marcha ante esas señales.

Los números que respaldan la iniciativa son difíciles de ignorar: según la NHTSA, en 2024 murieron 11.904 personas en Estados Unidos en choques que involucraron al menos a un conductor alcoholizado, un promedio de alrededor de 32 víctimas por día.

Sheila Lockwood, madre de Austin Lockwood —el joven fallecido en 2018— se sumó a Mothers Against Drunk Driving para impulsar la aplicación de la ley. Según declaró a NBC Chicago, la incorporación de esta herramienta en todos los automóviles podría evitar hasta 10.000 muertes anuales. El mecanismo, explicó, reconocería la alteración al momento de ingresar al vehículo: el auto «podrá encenderse», pero la persona «no podrá ponerlo en marcha».

La tecnología disponible

Empresas como Smart Eye desarrollan sistemas que monitorean de manera pasiva los movimientos de los ojos y la cabeza, la dirección de la mirada y los patrones de atención. Esos indicadores pueden ayudar a detectar distracción, fatiga o una posible alteración del conductor, según informó NBC Chicago.

Algunos fabricantes ya se adelantan al estándar federal. Varios modelos Cadillac 2026 incorporan Driver Attention Assist, un mecanismo que utiliza una cámara y un sensor instalado en el volante para identificar si quien conduce podría estar cansado o distraído. General Motors aseguró en su declaración de privacidad que no recopila imágenes ni videos captados por los sensores ubicados dentro de sus vehículos, aunque sí puede almacenar datos derivados de esos dispositivos, como los registros que señalan cuándo un auto detecta a un conductor distraído o somnoliento.

La NHTSA, por su parte, señaló en su informe de febrero de 2026 que todavía evalúa si las tecnologías disponibles permiten alcanzar un estándar práctico, objetivo y seguro. La agencia también debe definir cómo responderá el vehículo ante una detección y reducir el riesgo de falsos positivos. Por ahora, no existe una fecha definitiva para la publicación de la regla final.

El frente de las objeciones

Las resistencias en el Congreso no son menores. Durante una audiencia del Comité de Asignaciones de la Cámara de Representantes celebrada el 3 de junio, el republicano por Texas Michael Cloud pidió considerar los «falsos positivos» que podría producir el mecanismo. La representante por Utah Celeste Maloy afirmó que la tecnología presenta «demasiadas oportunidades para el abuso». En junio, un comité de la Cámara aprobó una enmienda para retrasar la aplicación de la ley, solicitar más estudios y reforzar las protecciones de privacidad.

Cloud también planteó una pregunta que resuena más allá del debate técnico: quién será el propietario de la información recopilada por los automóviles, qué destino tendrá y cómo se utilizará. Advirtió que esos registros podrían terminar «en el mercado» y venderse «al mejor postor».

Lockwood reconoció que «todos están preocupados por su privacidad», pero sostuvo que algunos vehículos nuevos ya incorporan sistemas similares.

Lo que está en juego

Hemisferio no minimiza la tragedia que está detrás de esta ley: 11.904 muertes en un solo año son un argumento de peso. Pero la pregunta que el Congreso no puede eludir es si la respuesta correcta es convertir cada automóvil en un dispositivo de vigilancia permanente gestionado por el aparato regulatorio federal.

El historial de las burocracias con los datos de los ciudadanos no invita al optimismo. Cuando Cloud pregunta quién será el dueño de esa información, no está obstruyendo; está haciendo exactamente el trabajo que se le pide. La enmienda para ralentizar el proceso y exigir más estudios no es un triunfo de los conductores borrachos: es una señal de que el Congreso, al menos por ahora, recuerda que la libertad individual y la privacidad también cuentan como vidas que vale la pena proteger.

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