La escena lo dice todo. Mientras los mercados asiáticos absorben una nueva oleada de aplicaciones de aprendizaje de inglés, Duolingo —la compañía que comenzó como una simple app de idiomas— acaba de ser coronada como la empresa de tecnología educativa número uno del mundo, según el ranking elaborado por TIME en colaboración con Statista para 2026. La lista evalúa a miles de compañías del sector en función de su desempeño financiero e impacto en la industria, y el resultado es un listado de las 500 mejores.
Los números respaldan el primer lugar. Duolingo supera los 60 millones de usuarios activos diarios y generó más de mil millones de dólares en reservas el año pasado. Alrededor del 20% de sus usuarios se encuentran en Estados Unidos; la mayoría está distribuida globalmente, y Asia figura como una de sus regiones de crecimiento más acelerado. «Asia, especialmente para el aprendizaje del inglés, es un mercado enorme», señala Cem Kansu, director de producto de la compañía.
La plataforma ha expandido su oferta más allá de los idiomas hacia matemáticas, ajedrez y música. Más de 15 millones de usuarios acumulan una racha de práctica continua superior a un año, dato que habla de una retención que la mayoría de las aplicaciones de consumo envidiaría. Cerca de la mitad de sus usuarios tienen menos de 21 años y utilizan la app como complemento educativo. Existe incluso un producto menos conocido, Duolingo For Classrooms, diseñado para que los docentes asignen lecciones como tarea.
El modelo de acceso gratuito es, según Kansu, una decisión filosófica tanto como comercial. «Es extremadamente importante que ofrezcamos una experiencia gratuita muy amplia porque Duolingo fue construida alrededor de la idea de brindar acceso a la educación», explica. El nivel gratuito también funciona como motor de crecimiento: atrae nuevos usuarios que luego pueden convertirse en suscriptores de pago.
La estrategia de marketing ha sabido capitalizar momentos culturales con precisión quirúrgica. Tras el estreno de la primera temporada de Squid Game, los nuevos aprendices de coreano en Estados Unidos aumentaron un 40% de forma inmediata. Cuando Bad Bunny actuó en el medio tiempo del Super Bowl, el engagement con el español saltó un 35% la semana siguiente. Y durante el Mundial de fútbol, los usuarios que estudiaban noruego crecieron casi un 19% a nivel global y un 24% en Estados Unidos respecto al mes anterior.
Pero el éxito de Duolingo no disimula las tensiones que sacuden al sector en su conjunto, y menos aún en el mercado estadounidense. Un informe de la UNESCO de 2025 documenta avances sostenidos en las tasas de alfabetización global durante la última década, y el acceso al aprendizaje digital ha sido asociado en general con mejores resultados en pruebas estandarizadas. Sin embargo, en Estados Unidos, las puntuaciones en matemáticas y lectura muestran una tendencia a la baja que varios analistas denominan ya «recesión del aprendizaje».
Emily Weinstein, investigadora del Center for Digital Thriving de Harvard, advierte que algunos estudiantes utilizan hasta siete aplicaciones distintas para gestionar desde calificaciones hasta calendarios deportivos. Los propios alumnos reportan sentirse permanentemente atados a estas herramientas, pendientes de «un flujo interminable de notificaciones sobre lo que se supone que deben saber y hacer», lo que agrava las presiones académicas que ya experimentan. Los docentes, por su parte, le han señalado a Weinstein que estas herramientas suelen llegar sin la capacitación necesaria.
Stephen Aguilar, profesor asociado de la USC Rossier School of Education, ofrece un marco útil: «Cuando piensas en tecnología en la educación, debes pensarla como un taburete de tres patas. Tienes la tecnología en sí, la persona que la usa y el lugar donde se usa». El problema, dice, no siempre está en la tecnología central, sino en el desajuste entre producto, usuario y contexto. «Muchas empresas de inteligencia artificial y EdTech entran en un espacio que francamente conocen muy poco», sostiene.
Aguilar apunta a un problema estructural más profundo: las instituciones educativas en Estados Unidos han estado subfinanciadas durante décadas. Esa presión empuja a los administradores a buscar eficiencias donde quizás no las hay. «La educación no es algo donde dejas a tus hijos, se sientan un rato, se les vierte conocimiento y salen un poco más inteligentes. Esa es la visión empresarial, y es fundamentalmente incorrecta», afirma.
La escena, entonces, es más compleja de lo que el titular de un ranking sugiere. Duolingo ha demostrado que es posible construir un negocio rentable y de escala global sobre la promesa del acceso universal al conocimiento. Ese es un logro genuino de libre empresa: sin subsidios estatales, sin mandatos burocráticos, una compañía privada ha llevado el aprendizaje de idiomas a rincones del mundo donde ningún ministerio de educación llegó.
Pero el mercado también envía una señal que conviene leer con atención: el verdadero cuello de botella no es la tecnología, sino el aparato educativo público que la recibe sin los recursos ni la preparación para integrarla. Cuando el Estado lleva décadas subfinanciando sus aulas y luego culpa a las pantallas del retroceso académico, el diagnóstico está invertido. Las empresas que prosperen en este sector serán las que entiendan que venden herramientas para docentes, no sustitutos de ellos.


