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El arquitecto de DeepMind se aparta del mando

Demis Hassabis cede la dirección operativa de Google DeepMind a Koray Kavukcuoglu y asume un rol de científico jefe en Alphabet, mientras la división enfrenta una fuga de talento y la presión de OpenAI y Anthropic.
Imagen ilustrativa
jueves 6 de agosto de 2026

La escena lo dice todo. Mientras los mercados procesaban la noticia, Sundar Pichai distribuía un memorando interno que redibujaba el organigrama del laboratorio de inteligencia artificial más ambicioso del mundo. Demis Hassabis, fundador y CEO de Google DeepMind desde 2010, dejaba el puesto de mando. No se iba. Se desplazaba.

Hassabis asume el título de presidente de DeepMind y añade el de científico jefe de Alphabet, la matriz de Google. Koray Kavukcuoglu, hasta ahora director de tecnología de la división, pasa a ocupar el puesto de vicepresidente sénior y reportará directamente a Pichai. El cambio de título es significativo: Kavukcuoglu no hereda el cargo de CEO, sino una posición rediseñada que refleja la nueva arquitectura de poder.

Los detalles cuentan la historia. Según dos personas con conocimiento de su agenda, Hassabis había reducido progresivamente su participación en el desarrollo de Gemini, el modelo de inteligencia artificial de Google que ha acumulado retrasos y ha perdido terreno frente a los modelos de OpenAI y Anthropic. En cambio, asistía con regularidad a reuniones sobre seguridad, gobernanza de la IA y preparación para lo que la industria denomina inteligencia artificial general, o AGI. Había estado presente, entre otros foros, en la reciente cumbre del G7.

En una nota interna al equipo, Hassabis escribió que considera la AGI «próxima» y explicó que el cambio de rol le permitirá «tener el tiempo y el espacio para concentrarme en el panorama general». Kavukcuoglu, por su parte, había asumido de facto la conducción de Gemini mucho antes del anuncio: lideraba las sesiones de revisión del modelo en las reuniones internas, mientras Hassabis solo aparecía en las más significativas, según un empleado de DeepMind consultado por TIME.

La reestructuración va más allá del cambio en la cúpula. Lila Ibrahim, directora de preparación para la IA de DeepMind, pasará a reportar a James Manyika, un ejecutivo sénior de Google. Algunos de los equipos que dependían de ella, incluidos ciertos grupos de seguridad, podrían pasar a la órbita de Kent Walker, presidente de asuntos globales de Google, aunque fuentes internas advierten que esa decisión no está aún finalizada. Los equipos de comunicación, legal y marketing de DeepMind se fusionarán con sus equivalentes en Google. Shane Legg, cofundador de DeepMind y científico jefe de AGI, continuará reportando a Hassabis.

Un empleado de DeepMind expresó a TIME su preocupación por el posible traslado de los equipos de seguridad y ética fuera de la división: la percepción es que, integrados en la estructura corporativa general de Google, podrían perder influencia. La compañía respondió con una declaración categórica: «En lo que respecta a la seguridad de la IA de frontera, esta transición no cambia absolutamente nada».

El movimiento se produce en un contexto de sangría de talento que ningún comunicado puede disimular. El mismo miércoles del anuncio, Jeff Dean, científico jefe de larga trayectoria en Google, confirmó su salida para fundar una startup llamada Discovery Loop, orientada a modelos de IA capaces de mejorarse con mínima intervención humana. Google invertirá una cantidad no revelada en la nueva empresa y actuará como su proveedor de nube. John Jumper, quien compartió con Hassabis el Premio Nobel de Química por la predicción de estructuras proteínicas mediante AlphaFold, ya había abandonado DeepMind antes para incorporarse a Anthropic. El equipo de AlphaFold fue disuelto recientemente; algunos miembros fueron reasignados y otros se marcharon.

Hassabis mantendrá además la dirección de Isomorphic Labs, la filial farmacéutica que aplica inteligencia artificial al descubrimiento de nuevos medicamentos.

Para entender el presente hay que volver a esa semana. Google enfrenta una paradoja que este reordenamiento no resuelve por sí solo: la empresa que ayudó a sentar las bases teóricas del aprendizaje profundo moderno observa cómo sus rivales —OpenAI y Anthropic— dictan el ritmo de la carrera en la IA generativa. La apuesta de hasta 40.000 millones de dólares que Google ha anunciado en Anthropic, con 10.000 millones ya desembolsados en abril y 30.000 millones adicionales condicionados a hitos de rendimiento, ilustra la magnitud del problema: la compañía financia parcialmente al competidor que le está ganando terreno.

Lo que está en juego no es solo un organigrama. Cuando una corporación del tamaño de Alphabet reordena su laboratorio estrella, traslada equipos de seguridad hacia estructuras de relaciones públicas y ve partir a sus científicos más reconocidos, la pregunta de fondo es si el aparato burocrático corporativo es el entorno adecuado para ganar una carrera que exige velocidad, riesgo y visión científica. Hassabis eligió la ciencia. El mercado tomará nota.

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