La escena lo dice todo. Un edificio blanco de grandes dimensiones envuelto en llamas en Krasny Bor, cerca de San Petersburgo. El martes, la cuenta oficial de Defensa de Ucrania publicó el video con una leyenda escueta: «Logística rusa, desmantelada un nodo a la vez».
El objetivo no era una fábrica de armamento ni una base militar. Era un almacén de Wildberries, la plataforma de comercio electrónico más grande de Rusia, conocida fuera de sus fronteras como «el Amazon ruso».
Desde el 18 de julio, las fuerzas ucranianas han atacado cerca de 20 instalaciones de la compañía en distintas regiones del país. La justificación de Kyiv es directa: el presidente Volodymyr Zelensky anunció tras los primeros golpes que las instalaciones eran usadas para «suministrar componentes sancionados para la producción de drones y equipos de navegación». El Ministerio de Defensa ucraniano las denomina «centros logísticos de uso militar».
Moscú y la propia Wildberries rechazan esas acusaciones. El portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, ha refutado que los almacenes sirvan al ejército ruso. La fundadora de la empresa, Tatyana Kim, fue más lejos: en un video publicado el 31 de julio en Telegram calificó los ataques de «actos de terrorismo» contra civiles y argumentó que Wildberries no vende nada que no esté disponible en Amazon o Alibaba.
Una empresa con peso propio
Wildberries no es una empresa cualquiera. Fundada en 2004 por Kim —entonces una profesora de inglés de 28 años con licencia de maternidad—, la plataforma creció hasta convertirse en uno de los dos grandes mercados digitales de Rusia, junto a Ozon. Hoy facilita desde artículos del hogar hasta boletos de avión, y cuenta con un brazo financiero propio: WB Bank.
Forbes estima la fortuna de Kim en 8.100 millones de dólares, lo que la convierte en la mujer más rica de Rusia. Fue además la única ciudadana rusa en la lista de las 50 mujeres más ricas que se hicieron a sí mismas en el mundo, publicada por Forbes en 2025.
«Wildberries ha crecido desde orígenes modestos hasta ser uno de los dos grandes marketplaces de internet en Rusia», dijo a TIME Charles Hecker, investigador asociado en seguridad internacional del Royal United Services Institute. «Es una empresa enormemente prominente y Kim es una empresaria increíblemente prominente en Rusia».
El nudo financiero
Lo que eleva la apuesta estratégica es el entramado financiero detrás de la minorista. En mayo, Wildberries anunció una alianza estratégica con VTB Bank, institución de mayoría estatal rusa. Las acciones de VTB cayeron alrededor de un 2,5% el 28 de julio, en plena oleada de ataques, según Reuters.
Días después de los primeros strikes del 18 de julio, la Comisión Europea incluyó a WB Bank en el paquete número 21 de sanciones de la Unión Europea contra Rusia. El Consejo de la UE fue explícito: declaró que «Wildberries Bank LLC opera en un sector económico que constituye una fuente sustancial de ingresos para el Gobierno de la Federación Rusa».
La campaña ucraniana se enmarca en un giro más amplio. Con la guerra en su quinto año, Kyiv ha apostado por drones de largo alcance para golpear infraestructura y redes de suministro en profundidad dentro del territorio ruso. A finales de julio, en medio de una reorganización gubernamental, Zelensky nombró a Mykhailo Drapatyi como nuevo jefe militar, con el mandato de liderar los esfuerzos defensivos de precisión del país.
El costo para el ciudadano ruso
Hecker lo resume con una observación que apunta al corazón político del asunto: «Putin dijo al inicio de la invasión a gran escala que la guerra no afectaría la vida cotidiana de los rusos. Pero atacar Wildberries impacta al consumidor ruso, y esto se suma a la inflación y a los cortes periódicos de internet móvil en todo el país».
Para Hemisferio, la lectura es más nítida aún. Wildberries no es solo un blanco logístico: es el símbolo más visible de que la economía de guerra rusa no puede aislarse del tejido civil. Cada almacén en llamas es un recordatorio de que el aparato estatal de Moscú —incluido un banco de mayoría pública como VTB— está entrelazado con las cadenas de suministro que alimentan tanto la guerra como el carrito de compras del ciudadano de a pie. Cuando ese ciudadano no puede recibir su pedido, la promesa de Putin de una guerra sin consecuencias domésticas se erosiona un nodo a la vez. Eso, más que cualquier declaración diplomática, es lo que Kyiv parece estar calculando.


