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El aeropuerto de Palm Beach ya es Donald J. Trump International

El cambio de nombre costará hasta 5,5 millones de dólares y convierte a Trump en el primer presidente en ejercicio con un aeropuerto a su nombre. La mitad la pone el Estado de Florida; el resto, el presupuesto operativo del propio aeropuerto.
Imagen ilustrativa
sábado 11 de julio de 2026

La escena lo dice todo.

Eran poco después de las 5 de la mañana del jueves cuando «Trump Force One», el Boeing 757 de The Trump Organization, tocó pista en West Palm Beach. Era el primer vuelo en aterrizar en lo que ya se llama oficialmente el President Donald J. Trump International Airport. A bordo viajaba Eric Trump, hijo del presidente, quien minutos después publicó en X: «No hay persona que haya hecho más por Florida y por nuestro país, y nadie más merecedor de este increíble honor. Como hijo, y como alguien que vuela desde este aeropuerto casi todos los días, estaré siempre orgulloso de ver las iniciales DJT en mi tarjeta de embarque».

Los carteles del antiguo Palm Beach International Airport ya fueron retirados. La nueva señalética se instala en fases. Los responsables del aeropuerto advirtieron en redes sociales que «durante las próximas semanas» convivirán elementos del diseño clásico con los nuevos, mientras la transición avanza «entre bastidores».

El cambio de nombre no fue una decisión administrativa menor. En marzo, el gobernador de Florida, Ron DeSantis, firmó la legislación que lo hizo posible, después de que la Asamblea estatal aprobara el proyecto. The Trump Organization había registrado previamente solicitudes de marca para posibles nombres del aeropuerto. El presidente utiliza con frecuencia el hub de Palm Beach, puerta de entrada a su residencia de Mar-a-Lago, en la cercana localidad de Palm Beach. Un tramo de carretera entre el aeropuerto y la mansión ya había sido rebautizado como Donald J. Trump Boulevard a principios de este año.

Los detalles cuentan la historia.

El coste total del rebranding asciende a aproximadamente 5,5 millones de dólares, según el sitio web del aeropuerto, que depende del Palm Beach County Department of Airports. Ese monto cubre el cambio de señalética, imagen corporativa y materiales impresos, entre otros conceptos. El Estado de Florida aportará 2,75 millones; el resto saldrá del presupuesto operativo del departamento y de su programa de mejoras de capital. El aeropuerto precisó que el cambio «no genera un cargo separado a los pasajeros».

En cuanto al código de tres letras que usan aerolíneas y viajeros para ticketing y equipaje, la transición de PBI a DJT no se completará hasta el 18 de agosto. Hasta entonces, el aeropuerto recomienda seguir usando PBI. El jueves por la tarde, algunas plataformas de reserva como el portal de Delta ya reconocían ambos códigos, mientras que otras como American Airlines solo registraban el original.

El renombrado convierte a Trump en el primer presidente en ejercicio en tener un aeropuerto con su nombre, según reseñó la revista Time. Hay precedentes históricos —el John F. Kennedy International de Nueva York entre los más conocidos—, pero siempre póstumos.

La jornada tuvo un segundo acto en Dandridge, Tennessee. Allí, el secretario del Tesoro Scott Bessent, los senadores Marsha Blackburn y Bill Hagerty, y el representante Tim Burchett asistieron a la ceremonia de renombramiento del puente sobre la I-40 en el este del estado, que pasó a llamarse Donald J. Trump Bridge. Bessent declaró que «nadie es más merecedor» del honor. Trump obtuvo el 82% de los votos en el condado de Jefferson, donde se ubica Dandridge, en las elecciones generales de 2024.

No todos los viajeros compartieron el entusiasmo. Keegan Collett, que salía ese mismo jueves hacia Cincinnati, dijo que le sorprendió el nuevo nombre y que no cree que Trump lo merezca, aunque tampoco le preocupa especialmente: «Al fin y al cabo es solo el nombre de un aeropuerto. Hay cosas más importantes. Siento que es más una distracción. ¿Para qué preocuparse?»

Para entender el presente hay que volver a esa semana.

Lo que ocurrió en Palm Beach y en Dandridge no es solo una cuestión de carteles o de códigos IATA. Es la consolidación de una marca política en el espacio público, ejecutada con velocidad legislativa y respaldo estatal. La pregunta que queda abierta no es simbólica sino fiscal: 5,5 millones de dólares de dinero público y presupuesto aeroportuario para un cambio de nombre que, según el propio aeropuerto, no altera ni la propiedad, ni la gobernanza, ni una sola ruta. Desde Hemisferio, el principio es claro: los recursos del contribuyente tienen un coste de oportunidad. El honor puede ser legítimo; el precio, discutible.

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