El presidente de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, Mike Johnson, descartó por ahora impulsar una moratoria de emergencia sobre el desarrollo de la inteligencia artificial y abrió la puerta a una reunión con líderes del sector este lunes o martes.
La escena lo dice todo: mientras parte de la industria tecnológica pide bajar el ritmo, la principal figura republicana en la Cámara Baja quiere discutir el tema sin cerrar la puerta a la innovación. Johnson dijo en una entrevista con CNN que, si algunos quieren desacelerar el avance, le parece bien, pero que el Congreso no debe intervenir para imponer una suspensión abrupta.
«Tiene que hacerse de manera correcta, segura y sensata», señaló Johnson, al explicar por qué no apoya frenar el desarrollo de la tecnología en este momento. También insistió en que la conversación debe incluir los riesgos asociados a la IA y su impacto en la seguridad nacional.
La discusión se intensificó después de que ejecutivos del sector, entre ellos Dario Amodei, de Anthropic; Sam Altman, de OpenAI; y Elon Musk, de xAI, plantearan la necesidad de reducir el ritmo de desarrollo ante sus potenciales riesgos. Amodei publicó un ensayo en el que pidió avanzar a «un ritmo más lento» frente a amenazas como ciberataques, bioterrorismo, pérdida de control sobre los sistemas y efectos sobre la economía.
Johnson, sin embargo, puso el foco en la competencia estratégica con China. «No podemos imponer una moratoria a esto porque China nos va a sobrepasar», dijo. A su juicio, el reto consiste en equilibrar la seguridad nacional con la seguridad inmediata de asegurarse de que los modelos sean seguros.
En otra entrevista con NBC, sostuvo que Estados Unidos no puede perder su ventaja en la competencia global con China, porque eso representaría una amenaza a la seguridad nacional. También afirmó estar a favor de una «regulación significativa» que permita controlar los riesgos, pero sin «asfixiar la innovación estadounidense».
El debate ya se trasladó al Congreso estadounidense, donde la pregunta de fondo es si el aparato estatal debe poner un freno preventivo o si el costo de una pausa terminaría siendo una ventaja entregada a China. Johnson optó por lo segundo: regular, sí; inmovilizar, no.
Para la industria y para el país, el giro importa. Si Washington convierte la prudencia en parálisis, el precio podría pagarlo la libre empresa estadounidense en el momento menos oportuno. Si, en cambio, el Congreso consigue reglas que protejan la seguridad sin sofocar el desarrollo, el mercado mantendrá una ventaja que hoy está bajo presión. Esa es la apuesta que Johnson puso sobre la mesa.



