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Ecuador y Estados Unidos golpean una red ligada al CJNG: más de 30 detenidos en una operación coordinada

El despliegue alcanzó varias ciudades y puertos clave, con participación de la Policía Nacional de Ecuador y 50 miembros del Comando Sur de Estados Unidos. La escena deja una señal clara: la presión sobre el crimen organizado ya implica cooperación directa con Washington.
Imagen generada con IA
sábado 26 de septiembre de 2026

La escena lo dice todo. En un solo despliegue, la Policía Nacional de Ecuador y Estados Unidos desarticularon una red criminal ligada al Cártel Jalisco Nueva Generación en Guayaquil, Daule, Samborondón, Ventanas, Babahoyo, Puebloviejo, Vinces y Machala. Hubo más de 30 personas detenidas.

La operación se ejecutó este miércoles con más de 320 miembros de la Policía Nacional de Ecuador y 50 miembros del Comando Sur de Estados Unidos. El centro de gravedad estuvo en zonas estratégicas para el tráfico de drogas, incluida la franja portuaria del país.

El ministro del Interior, John Reimberg, aseguró que la organización desarticulada «no tiene ningún vínculo con bandas locales» y que «tenía relación directa con el CJNG». Dijo además que la investigación tomó cerca de ocho meses.

La Embajada de Estados Unidos en Ecuador, en cambio, destacó que se trató de una operación contra Los Choneros, un grupo que las autoridades estadounidenses han identificado como una célula con vínculos con el Cártel de Sinaloa y el CJNG. Esa diferencia de enfoque no altera el hecho central: la red fue golpeada en una acción conjunta de Ecuador y Estados Unidos.

Según Reimberg, la estructura criminal se dedicaba al acopio, intermediación, distribución, transporte y comercialización de grandes cantidades de droga proveniente de Colombia. Esa carga pretendía salir por vía marítima desde los puertos de Guayaquil y Machala hacia Centroamérica, Estados Unidos y Europa.

El ministro añadió que los decomisos de cargamento de droga a lo largo de 2026 derivaron en una afectación al crimen organizado de 322 millones de dólares. Ecuador, además, figura como el tercer país del mundo que más drogas decomisa, después de Colombia y Estados Unidos, con 200 toneladas anuales en 2021 y un récord histórico de cerca de 300 toneladas en 2024.

El gobierno de Daniel Noboa vive desde 2024 bajo un estado de «conflicto armado interno», declarado para intensificar la lucha contra las bandas criminales, a las que pasó a llamar «terroristas». Noboa celebró las más de 30 detenciones y las acciones coordinadas con Estados Unidos.

Detrás de esta operación aparece una guerra criminal más amplia. Los Choneros nacieron en Ecuador como una organización dedicada al narcotráfico y luego se convirtieron en la estructura criminal más grande del país. Tras la muerte de su líder, Jorge Luis Zambrano, en 2020, el grupo se fragmentó y surgieron Los Lobos, Los Chone Killers y Los Tiguerones.

De acuerdo con Víctor Sánchez Valdés, especialista en seguridad pública e investigador de la Universidad Autónoma de Coahuila, el CJNG aprovechó esa crisis para acercarse a las tres facciones desprendidas. El especialista dijo que la disputa entre Los Choneros y Los Lobos convirtió al Cártel de Sinaloa y al CJNG en proveedores de armamento para cada bando.

El Departamento de Estado de Estados Unidos ya había designado el 4 de septiembre de 2025 a Los Choneros y Los Lobos como Organizaciones Terroristas Extranjeras y Terroristas Globales Especialmente Designados. También señaló que ambos grupos están vinculados con el Cártel de Sinaloa y el Cártel de Jalisco Nueva Generación.

El Departamento de Justicia de Estados Unidos identificó a Los Lobos como proveedor de servicios de seguridad para el CJNG en operaciones en los puertos ecuatorianos. Ese dato ayuda a entender el desenlace: el crimen organizado no solo usa rutas, también compra protección, logística y acceso al aparato portuario.

Para entender el presente hay que volver a esa semana. La presión sobre estas redes ya no es solo policial. Es una disputa por el control de los puertos, por la soberanía territorial y por la capacidad del Estado de frenar economías ilegales que convierten el comercio en plataforma del narcotráfico.

La cooperación con Estados Unidos muestra que la amenaza ya desbordó las fronteras nacionales. Y también deja una lección incómoda: cuando el crimen se adapta más rápido que la burocracia, el costo lo paga el ciudadano común, el comercio formal y la seguridad de los contribuyentes. El orden sigue siendo la primera condición para que funcione la libre empresa.

Los detalles cuentan la historia. Esta vez, el giro no fue solo la caída de más de 30 personas. Fue la confirmación de que el combate al narcotráfico en Ecuador depende cada vez más de inteligencia, coordinación internacional y una respuesta del Estado que llegue antes que las redes criminales.

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