La escena lo dice todo. Antes de que terminara la semana del sismo, representantes estudiantiles, miembros de los consejos Directivo y Académico y el comité de riesgos de la Universidad Eafit ya estaban sentados a la misma mesa. De esa reunión salió «Eafit Contigo»: una estrategia de respuesta que combina dinero, flexibilidad académica y capacidades técnicas institucionales.
El componente más visible es un fondo de emergencia de $1.000 millones, destinado a entregar subsidios y brindar acompañamiento a estudiantes, profesores y colaboradores con afectaciones directas por el terremoto registrado el pasado lunes 10 de agosto en Colombia.
La rectora Restrepo Montoya explicó que la institución identificó a más de 800 estudiantes de pregrado y posgrado con residencia registrada en zonas afectadas, principalmente en el Eje Cafetero, Valle del Cauca y Chocó. De ese grupo, alrededor de 280 pertenecen a la sede de posgrados en Pereira, una de las ciudades con mayores afectaciones tras el movimiento telúrico.
Cuatro ejes de acción
La ruta «Eafit Contigo» opera sobre cuatro frentes simultáneos. El primero es el económico, con el fondo ya mencionado. El segundo es el acompañamiento psicosocial para quienes atraviesen dificultades emocionales derivadas del sismo. El tercero contempla medidas de flexibilidad académica y laboral para quienes deban desplazarse a las zonas afectadas o no puedan desarrollar sus actividades con normalidad. El cuarto pone a disposición los Consultorios Jurídico y Financiero de la universidad, junto con otras capacidades técnicas institucionales.
La universidad habilitó cuatro canales de atención: la línea en Medellín 604 261 9500, la línea nacional gratuita 01 8000 515900, WhatsApp al 310 899 2908 y el correo eafitcontigo@eafit.edu.co.
Más allá del campus
La respuesta de Eafit no se detuvo en su propia comunidad. La institución se sumó a las iniciativas de solidaridad hacia las zonas damnificadas y funciona como centro de acopio de la Alcaldía de Medellín, participando en la recepción y organización de ayudas. Grupos estudiantiles y el área de Filantropía coordinan donaciones de dinero, elementos y tiempo de voluntariado.
Eafit también anunció su incorporación a la red de universidades que pusieron sus capacidades técnicas y académicas al servicio de los territorios afectados, incluyendo aportes de conocimiento especializado para diagnóstico y acompañamiento durante la recuperación.
«Más allá de que sean eafitenses, hoy nuestra responsabilidad es con todo el país», señaló la rectora Restrepo Montoya.
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Los detalles cuentan la historia. Lo que Eafit puso en marcha no es un comunicado de prensa: es un mecanismo con recursos propios, canales operativos y alcance territorial concreto. En un país donde la respuesta a las emergencias suele recaer sobre el aparato estatal —con toda su lentitud burocrática—, la velocidad con que una institución privada movilizó mil millones de pesos y articuló una red de apoyo multidimensional en días ilustra lo que la libre empresa y la autonomía institucional pueden hacer cuando el Estado todavía está organizando el primer formulario.
El principio en juego es simple: las instituciones que responden con recursos propios, sin esperar instrucciones desde arriba, son las que llegan primero. Esa capacidad de reacción no es accidental; es el resultado de estructuras de gobierno ágiles y de una cultura institucional que entiende la responsabilidad como algo que se ejerce, no que se declama.



