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Drexler presenta «Taracá» en París y ve al español ganando terreno en la música

El uruguayo lanzó su nuevo disco en la capital francesa y defendió la expansión internacional de la música en español. También sostuvo que su trabajo no es hacer crónica de la actualidad, sino emocionar.
domingo 11 de octubre de 2026

Jorge Drexler presentó este viernes en París su nuevo disco, Taracá, en un momento que describió como favorable para la proyección internacional del español gracias a figuras como Bad Bunny.

«París siempre es un reto», aseguró el uruguayo, que ubica el lanzamiento en una etapa de expansión para la música en español. Según Drexler, el puertorriqueño «ha llegado a lugares donde no llegó el Quijote».

El cantautor dijo que le gustan las letras de Bad Bunny y defendió la incorporación de un lenguaje más explícito en el reguetón. A su juicio, ese género «ha ampliado el campo semántico de la canción» al incorporar «el lenguaje de alcoba que antes no se ponía en las canciones».

Drexler también calificó ese cambio como «un logro literario» y sostuvo que el arte no está solo para «poner las cosas fáciles», sino también para «remover». En esa misma línea, añadió que la desconfianza ante lo nuevo forma parte del ser humano y se mostró abierto a aprender de la música urbana.

El músico uruguayo, ganador de un Oscar, dijo además que la música iberoamericana es «fruto de muchas integraciones» y la definió como «un laboratorio de la globalización 500 años antes de que existiera la palabra globalización».

El álbum incorpora ritmos tradicionales iberoamericanos, entre ellos el candombe, que da nombre al disco. Drexler explicó que, por su trayectoria, se reivindica como iberoamericano y que el español es su vehículo de comunicación.

También admitió que eso le ha limitado la entrada en algunos mercados, como el francés. Pese a haber bebido de referentes franceses, recordó que en Uruguay incluso los libros de anatomía que usó en sus estudios de medicina estaban en francés.

En la trastienda de esa presentación aparece una idea que atraviesa toda su obra: el idioma como frontera, pero también como plataforma. Drexler dijo que le resulta «más natural tocar en Guadalajara que en Lyon», aunque esta última ciudad le quede más cerca, y afirmó que conoce «mejor lo que pasa en Colombia o en Perú que en Francia».

El uruguayo también observó el clima social europeo desde Madrid y París. Vinculó las protestas por el precio de la vivienda en la capital española y las manifestaciones estudiantiles en Francia con una generación que, según dijo, dejó de ser apática para reclamar «cosas esenciales».

Para Drexler, el mundo es hoy «más inhóspito, más polarizado, más violento», y muchas de las conquistas posteriores a la caída del muro de Berlín se han derrumbado en pocos años. En ese contexto citó su canción «Todo tiempo pasado es peor» y remarcó que no es un nostálgico.

La escena lo dice todo. Drexler no se presenta como un observador distante de la política ni como un cronista del día a día, sino como un músico que busca conmover. «Yo no soy un periodista con mis canciones. Mi trabajo es emocionar a través de la relación conmigo mismo y con el ser humano en general», dijo.

Esa definición importa porque separa dos planos que hoy se confunden con frecuencia: el comentario inmediato y la obra artística. Drexler se coloca en el segundo, pero sin escapar del primero cuando observa la expansión del español, las tensiones sociales en Europa o el lugar que ocupan la música urbana y el reguetón en la cultura popular.

Para el lector, el giro es claro: mientras la industria cultural amplía mercados y lenguajes, el valor de una canción sigue dependiendo de su capacidad para conectar con la experiencia humana. En ese terreno, Drexler apuesta por la emoción antes que por el periodismo, por la identidad antes que por la consigna, y por una música iberoamericana que no pide permiso para cruzar fronteras.

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