La escena lo dice todo. Un rescatista voluntario de 25 años se interna entre los restos de un edificio derrumbado, escucha un golpe rítmico contra un clóset y comprende que alguien sigue vivo. Era las 5:00 de la tarde del lunes 10 de agosto. El edificio Torres del Limonar, en la zona de Capri, al sur de Cali, había colapsado horas antes.
Dentro estaba Diana Marcela Troncoso, biomédica de 31 años. Atrapada de los pies, golpeaba el mueble para hacerse escuchar. Según Santiago Aguirre, el rescatista voluntario que hizo el primer contacto, ella nunca perdió la conciencia. Esa lucidez, según los equipos de emergencia, fue determinante para lo que vendría.
Desde ese primer contacto verbal, los bomberos mantuvieron comunicación continua con Diana. Durante la noche se sumaron unidades del Cuerpo de Bomberos de Bogotá; hacia las 6:00 de la mañana del martes 11 de agosto, se incorporaron los Bomberos de Cali. La operación exigió una apertura vertical dentro de la estructura: los socorristas avanzaron cerca de ocho metros desde el quinto nivel hasta el segundo, donde permanecía la mujer, removiendo escombros con precisión para evitar nuevos derrumbes.
«Logramos acceder a ella desde ayer a las nueve de la noche. Desde ayer estuvimos trabajando hasta esta hora, un periodo operacional de 16 horas en conjunto con Bomberos Bogotá», explicó el cabo que participó en la operación. Otro bombero lo resumió sin protocolo: «Nos metimos ocho metros adentro, trabajamos sin parar. Verla a ella sonreír es la mejor sensación».
A través de una de sus manos, que tenía libre, Diana pudo recibir agua e hidratación durante las horas de espera. Sebastián Sánchez, personal de bomberos a cargo de la maniobra, subrayó que ese estado de alerta fue clave: «Siempre estuvimos activos con ella. Ella nunca estuvo inconsciente, siempre estuvo consciente, activa y gracias a eso pudimos rescatarla».
El rescate de Diana elevó a siete el número de sobrevivientes recuperados de esa estructura. Unas horas antes, los mismos equipos habían sacado con vida a Carlos Esteban Rebolledo, un hombre de 35 años con lesiones leves, según informó el alcalde de Bogotá, Carlos Fernando Galán, quien destacó la labor de los 62 rescatistas enviados desde la capital. «Una buena noticia en medio de la tragedia», escribió Galán. El alcalde de Cali, Alejandro Éder, también celebró el rescate.
Para la familia Troncoso, las horas previas habían sido de angustia extrema. Álvaro Troncoso, padre de Diana, relató que salieron del edificio justo antes del colapso para llevar a familiares al médico. «Cuando hice la u en la carrera 72, no vi el edificio, uno siempre lo veía, el edificio se derrumbó y ahí empezó el terror más grande para nosotros», dijo, según Blu Radio. «Encontrarla es un milagro», agregó.
Al momento de su extracción, Diana fue trasladada a un centro asistencial. Los socorristas indicaron que se encontraba en buenas condiciones generales.
El contexto es devastador. El terremoto, con epicentro en San José del Palmar, en el Chocó, y magnitud de 7,4 en la escala de Richter según Semana —o 7,2 según El Colombiano—, ha dejado hasta ahora 181 personas fallecidas en Cali, Quibdó, Pereira, Manizales y otras poblaciones del país, más de 1.300 heridos y 54 réplicas registradas. Solo en Cali, las cifras parciales hablan de 95 fallecidos, 949 heridos, 45 estructuras con colapso total o parcial, 239 personas atrapadas reportadas y 86 rescatadas.
El rescate de Diana Troncoso es, en medio de esas cifras, la demostración de lo que la coordinación institucional y la voluntad individual pueden lograr cuando operan juntas y sin dilación. Sesenta y dos rescatistas de Bogotá cruzaron el país para trabajar junto a sus pares caleños; un voluntario de 25 años se metió solo entre los escombros cuando todavía no había certeza de que hubiera alguien con vida. Esa cadena —Estado, municipio, voluntariado, familia— funcionó. El desafío ahora es que funcione igual para las decenas de personas que, según las cifras oficiales, aún permanecen atrapadas. Cada hora que pasa estrecha el margen.



