Este domingo empezó el traslado gradual de los 1500 presos de la cárcel de Villa Devoto al nuevo complejo penitenciario de Marcos Paz. Según dijo la ministra de Seguridad de la Nación, Alejandra Monteoliva, 326 internos fueron los primeros mudados en una jornada que el Gobierno definió como parte de un «operativo histórico».
El movimiento se produjo tras un acuerdo entre el Gobierno nacional y el porteño. Esta semana, ambos firmaron el acta de recepción provisoria del Complejo Penitenciario Federal VIII de Marcos Paz, el paso formal que habilitó el inicio del traslado de los presos alojados en Devoto.
La nueva unidad penitenciaria se levanta en un terreno de 80 hectáreas y tendrá capacidad para 2232 detenidos, según una de las fuentes, o 2.240 personas privadas de la libertad, según la otra. Allí funcionarán cuatro unidades de máxima seguridad o cuatro módulos, además de un edificio administrativo, un área de salud, espacios para visitas, salas de videoconferencia, un gimnasio y un sector educativo para talleres de trabajo y capacitación laboral.
El Ministerio de Seguridad Nacional puso en marcha un Comando Unificado Federal para planificar, coordinar y ejecutar el procedimiento. Monteoliva explicó que el despliegue reúne a las cinco Fuerzas Federales y busca garantizar la seguridad durante todo el traslado. La información oficial también indica que la planificación consideró el perfil criminológico de cada detenido, los recorridos terrestres y la vigilancia de los inmuebles involucrados.
La mudanza no termina en Devoto. Una vez que el penal quede vacío, el Gobierno prevé trasladar a Marcos Paz a unos 350 internos alojados en comisarías y alcaidías de la Policía de la Ciudad, a disposición del Poder Judicial de la Nación. La promesa no es menor: el propio esquema oficial señala que el nuevo complejo permitirá desalojar la cárcel porteña y descomprimir las dependencias policiales.
La escena lo dice todo. Durante años, Villa Devoto convivió con una cárcel activa en medio del barrio. Los vecinos reclamaron durante décadas el traslado de los detenidos y miraban con desconfianza cada anuncio oficial. En 2016, uno de ellos dijo a este diario que no había nada concreto y que solo creería el cierre cuando viera una prueba real. La desconfianza tenía razones: en 2011, Cristina Fernández de Kirchner anunció el cierre del complejo y la construcción de una nueva prisión en Agote, pero las obras de esa unidad solo avanzaron un 8% durante su gobierno.
La obra de Marcos Paz también tuvo su propia historia de demoras. Permaneció interrumpida durante cinco años y fue reactivada en diciembre de 2024. De acuerdo con la otra fuente, la construcción comenzó hace ocho años y la reactivación buscó cumplir el acuerdo firmado entre ambas jurisdicciones en 2018.
Para el barrio, el cambio no es solo penitenciario. Cuando el penal deje de operar, el predio será urbanizado y deberá contar con espacios verdes y un sector destinado a la memoria por la masacre del Pabellón N.º 7, ocurrida en 1978, cuando murieron 65 internos en un incendio. El sitio donde hoy se levanta la cárcel fue definido en 1923 por decreto, y su historia arrastra un siglo de tensiones entre expansión urbana, encierro y reclamos vecinales.
En términos prácticos, el Gobierno dice que el traslado será gradual y planificado. En términos políticos, representa algo más simple: sacar de una zona residencial una cárcel federal que ya no encaja con la vida del barrio. Para la Ciudad, el beneficio es concreto: menos presión sobre Devoto y menos personas detenidas en comisarías y alcaidías. Para el Estado, también hay un mensaje de orden: cuando la burocracia logra coordinarse, incluso un problema que parecía congelado durante años puede moverse.
Pero el desenlace también deja una pregunta de fondo. Si una infraestructura penitenciaria tarda años en terminarse y depende de acuerdos frágiles entre jurisdicciones, el costo no lo paga solo el sistema político. Lo pagan los vecinos, los agentes que operan el traslado y los contribuyentes que sostienen una obra que estuvo paralizada durante cinco años. Esa es la verdadera lección de Devoto: la seguridad y la planificación no admiten promesas vacías; requieren decisiones, continuidad y ejecución.



