Henry Camargo permanece hospitalizado en el Hospital Elmhurst, en Nueva York, mientras su familia intenta conseguir su traslado a Colombia para continuar el tratamiento médico que necesita. El caso llegó al presidente Abelardo de la Espriella, quien respondió con el anuncio de un vuelo humanitario.
Camargo, según lo expuesto en el video que circuló sobre su situación, sirvió en las Fuerzas Militares durante 22 años y fue herido en tres ocasiones y en medio de combates. Hoy enfrenta una afección pulmonar grave y requiere un trasplante de ambos pulmones.
La familia ha dicho que ha hecho todo lo que está a su alcance para lograr el regreso del exmilitar, pero que los recursos no han sido suficientes. En ese contexto, el mandatario habló directamente con Camargo por videollamada y le prometió que volverá a su país cuanto antes.
«Un país que no cuida a quienes entregaron su vida y su juventud para defender la bandera es un país sin alma ni honor», respondió De la Espriella al llamado del exmilitar. Después, en su cuenta de X, escribió que vio el video de «nuestro soldado Henry Camargo» y que de inmediato impartió la instrucción a su cónsul en Nueva York para articular «todo lo necesario» para su vuelo humanitario de regreso a Colombia.
En la misma conversación, De la Espriella le dijo a Camargo que «no estaba solo» y que cuenta con el apoyo del Gobierno nacional para todo lo que requiera en relación con su procedimiento médico. También le aseguró: «Hermano Henry: te vamos a traer a Colombia para que recibas tu trasplante».
La escena lo dice todo. Un exmilitar que sirvió por más de dos décadas, herido en combate y hoy postrado en una camilla, depende de que el Estado mueva con rapidez lo que la burocracia y los recursos familiares no han podido resolver. El hecho central no es solo el vuelo anunciado: es la fragilidad de un sistema que deja a la intemperie a quien ya entregó su vida al uniforme.
Para entender el presente hay que volver a esa semana. Cuando el auxilio depende de una gestión excepcional, queda en evidencia que la protección a los veteranos no puede ser un gesto tardío ni una promesa en redes sociales. Debe ser una obligación permanente, con capacidad real de respuesta y sin demoras para quienes ya pagaron el costo más alto.
Los detalles cuentan la historia. Aquí el desenlace todavía no llega, pero el anuncio abre una expectativa concreta: que Camargo pueda volver a Colombia y recibir el trasplante que necesita. Si eso ocurre, habrá un alivio para su familia; si se retrasa, el costo no será abstracto, sino humano, y recaerá sobre quien hoy espera atención médica lejos de casa.


