Diego San Jorge pasó más de 24 años como piloto comercial de aerolíneas y, según su propio relato, vio una misma falla repetirse en distintos lugares: años de estudio, entrenamiento constante y, aun así, los mismos errores en las capacitaciones.
De esa observación nació TestU, una plataforma de aprendizaje impulsada por inteligencia artificial que, según sus impulsores, no solo evalúa sino que también capacita de forma adaptativa. La herramienta se apoya en el concepto de assessment for learning y en el llamado microaprendizaje adaptativo: predice la curva de olvido de cada usuario, detecta qué conocimiento se degrada y lo refuerza con microestímulos.
San Jorge se asoció con Hugo Gisande, experto en marketing y data mining, para llevar esa idea a un producto. Gisande explicó que la base teórica del proyecto se apoya en la curva del olvido de Hermann Ebbinghaus y en los trabajos de Daniel Kahneman sobre los dos sistemas de pensamiento y la diferencia entre «el yo que experimenta» y «el yo que recuerda».
La plataforma incluye también un tutor de IA que acompaña y personaliza el aprendizaje. La aplicación mide el desempeño, predice el olvido y lanza repasos adaptados a la necesidad del usuario. Su nombre, TestU, viene de «testear» la propia memoria.
Aunque el proyecto nació para la industria de la aviación, ganó visibilidad en Chile a partir de la preparación para la Prueba de Acceso a la Educación Superior, la PAES. Gisande dijo que llegó a un acuerdo de colaboración con Santillana, por el que la editorial aporta contenidos para la preparación y TestU provee la plataforma tecnológica.
Los impulsores del sistema afirman que los estudiantes incrementaron en un 30% sus puntajes en las PAES y redujeron la tasa de olvido en un 42%. También reportaron una disminución del 15% en el abandono escolar, un aumento del 25% en las horas efectivas de aprendizaje y un crecimiento del 30% en el bienestar percibido.
El proyecto también fue seleccionado por Philip Kotler para incluirlo en la versión para Latinoamérica de su libro Marketing 6.0. Según la nota, esa obra está vinculada al aprovechamiento de nuevas tecnologías en educación.
En paralelo, TestU se expandió a la capacitación corporativa y empezó a trabajar con empresas eléctricas, de servicio y minería. En esos ámbitos, sus impulsores sostienen que lograron una retención del conocimiento promedio del 98%.
San Jorge dio un ejemplo concreto: dijo que, en una empresa generadora eléctrica, un supervisor al que antes llamaban 20 veces al día ya no necesita ser llamado. También afirmó que en ese caso alcanzaron una reducción del 90% en accidentes e incidentes.
Con el tiempo, TestU Learn quedó como una plataforma pensada para organizaciones que necesitan desarrollar, actualizar y transformar las capacidades de sus equipos. Luego, el proyecto pasó a integrarse en GenAI Labs, una aceleradora de implementación de inteligencia artificial fundada por San Jorge y Gisande con base en Estados Unidos.
La aceleradora, según sus fundadores, busca acompañar a las empresas en su transición hacia modelos AI native y desarrollar agentes especializados capaces de asistir, ejecutar y optimizar procesos concretos. También dicen haber diseñado una metodología para implementar estos proyectos en aproximadamente 14 semanas.
La escena lo dice todo. En un mercado que castiga el tiempo perdido y premia la eficiencia, la promesa de este tipo de tecnología no es solo pedagógica: es económica. Si un sistema logra reducir el olvido, bajar la dependencia de supervisión y mejorar resultados medibles, el valor para empresas, escuelas y universidades está en convertir capacitación en productividad real.
Para el lector, el punto de fondo es simple. Menos horas huecas, menos burocracia formativa y más herramientas que retengan conocimiento. Si los datos reportados por el proyecto se sostienen, la ventaja no es del aparato estatal ni de la pedagogía abstracta, sino de la libre empresa aplicada a un problema concreto: aprender mejor para producir mejor.


