La escena lo dice todo. En Puerto Colombia, los feligreses celebran misa en la plaza pública. En el pueblo de Choroní, el templo provisional es la casa de las hermanas Agustinas. Las dos iglesias que durante siglos marcaron el ritmo espiritual de esta costa del estado Aragua permanecen cerradas, y su futuro depende ahora de un arquitecto especialista en patrimonio histórico.
Los terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 registrados hace más de tres semanas en Venezuela dejaron daños estructurales de tal gravedad en la iglesia Santa Clara de Asís y en la capilla San Juan Bautista que los organismos técnicos que las evaluaron no descartan la demolición de ambas edificaciones. Así lo informó a Unión Radio el párroco de la localidad, Edinson Correa.
Los números cuentan una historia larga. La iglesia Santa Clara de Asís es considerada la más antigua de Choroní: su data se remonta a la fundación del pueblo en 1622. La capilla San Juan Bautista, ubicada en Puerto Colombia, fue erigida unos 200 años después. Cuatro siglos de historia colonial, de procesiones y de arquitectura vernácula venezolana, hoy reducidos a columnas con grietas severas que comprometen la estabilidad de ambas estructuras.
Según el párroco Correa, representantes de patrimonio histórico e ingeniería visitaron la parroquia tras los sismos y advirtieron que el estado de las estructuras es grave, «al punto de plantear la posibilidad de demolerlas», según recoge la fuente. La mayoría de las columnas de los dos templos presentan ese deterioro.
El alcalde del municipio Girardot, Rafael Morales, visitó la zona y adelantó que en las próximas horas se realizará una inspección formal a cargo de un arquitecto especialista en patrimonio histórico, convocado directamente por la autoridad local. Esa evaluación técnica será determinante: si confirma el riesgo estructural, se procedería con la demolición.
Mientras tanto, la vida religiosa de la comunidad continúa en los espacios provisionales. La plaza de Puerto Colombia y la casa conventual se han convertido en los únicos puntos de encuentro para una población que ya carga con el peso de los daños materiales y humanos que dejaron los terremotos en toda la región.
Para entender el presente hay que volver a esa semana. Venezuela enfrenta una cadena de emergencias simultáneas: sismos, inundaciones en Apure con unas 2.000 personas damnificadas según reportes, daños en el puerto de La Guaira y ahora la amenaza sobre su patrimonio colonial. En ese contexto, la suerte de dos iglesias en un pueblo costero podría parecer un detalle menor. No lo es.
Los detalles cuentan la historia. El patrimonio histórico no es ornamento: es el tejido que une a una comunidad con su propia continuidad. La iglesia Santa Clara de Asís sobrevivió guerras, epidemias y más de cuatro siglos de intemperie tropical. Que su destino dependa hoy de una inspección técnica pendiente —en un país donde la respuesta institucional ante desastres ha sido históricamente lenta y opaca— dice mucho sobre el estado real de la gestión pública venezolana. El aparato estatal llegó al lugar; la pregunta es si llegará a tiempo con los recursos y la voluntad necesarios para preservar lo que aún puede preservarse. Cuando el patrimonio cae, no se reconstruye con decretos.



