En una emergencia médica, cada minuto cuenta. Después de una apendicitis reventada o de un accidente de auto, ver a un cirujano a tiempo puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.
Pero en Estados Unidos, esa ventana se estrecha en buena parte del mapa. Más de un tercio de los condados del país no tiene cirujanos generales, según un nuevo análisis publicado el 28 de septiembre en el Journal of the American College of Surgeons.
El estudio encontró que 38% de los condados de Estados Unidos —hogar de unos 15 millones de estadounidenses— no tiene cirujanos generales, y que 30% de los condados no tiene cirujanos en 12 especialidades distintas. Incluso muchos condados rurales con hospitales, a menudo llamados hospitales de acceso crítico, carecen de un cirujano de tiempo completo.
La escena lo dice todo: en zonas rurales, el cirujano no es solo el especialista que opera. También cumple varias funciones dentro del ecosistema sanitario local. Así lo plantea el doctor Thomas Tsai, director médico de investigación en políticas de salud del American College of Surgeons y coautor del estudio. En su visión, «el acceso a los cirujanos es la piedra angular de todo el ecosistema de atención rural».
Tsai también se pregunta qué ocurre cuando la atención se posterga o se traslada lejos: qué tipo de cirugía se difiere, cuán lejos deben ser llevadas las personas para recibirla, qué carga representa eso para los pacientes y qué significa en costos para el sistema de salud. Son preguntas que describen una falla de acceso, pero también una factura invisible para las familias y para el aparato sanitario.
La desigualdad es marcada. La oferta de cirujanos en algunas especialidades fue 12 veces más alta en unas regiones que en otras. Rochester, en Minnesota, donde está la Mayo Clinic, tiene 250 cirujanos por cada 100.000 personas, mientras Harlingen, Texas, tiene solo 20.
El problema no se limita a la geografía. Tsai dice que la formación no está siguiendo el ritmo de la demanda, sobre todo porque el país envejece y necesita más procedimientos médicos. En otra investigación, el American College of Surgeons proyectó recientemente que Estados Unidos enfrentará una escasez de casi 28.000 cirujanos para 2038.
A esa brecha se suma el diseño mismo de la formación. Tsai sostiene que hace falta más entrenamiento para cirujanos en áreas rurales, para que arraiguen allí y tengan más probabilidades de quedarse lejos de las grandes ciudades, donde se concentra la preparación.
Hay además límites regulatorios. Tsai señala que en otros países se experimenta con cirugías robóticas a través de telesalud, pero que en Estados Unidos las barreras regulatorias lo han impedido. En contraste, dice, las zonas rurales sí pueden acceder con relativa facilidad a la atención primaria mediante telesalud y proveedores de práctica avanzada. Lo que con frecuencia no pueden conseguir es atención especializada, como cirugía.
La situación podría empeorar. Tsai advierte que la escasez en el campo podría agravarse a medida que se implemente en todo el país la H.R. 1, también conocida como la One Big Beautiful Bill Act. Esa ley incluye recortes a Medicaid y, según el análisis citado por la nota, se proyecta que obligue al cierre de muchos hospitales.
Para entender el presente hay que volver a esa semana: la escasez de cirujanos no aparece como un accidente aislado, sino como la expresión de un sistema que concentra recursos donde ya hay más oferta y deja vacíos en el interior del país. Cuando un condado pierde acceso a un cirujano, no solo pierde capacidad médica. Pierde tiempo, competencia y opciones.
Y en términos de libertad y de responsabilidad pública, el costo es claro: más distancia, más traslados y más dependencia de un aparato estatal y hospitalario que hoy ya no alcanza a cubrir el territorio de forma pareja. Si la atención especializada se vuelve un lujo geográfico, el mercado sanitario también falla donde más debería funcionar: en la urgencia, donde el paciente no puede esperar.



