Eran cerca de las 16.00 cuando las radios de Carabineros comenzaron a alertar que en la población Las Dunas de Lo Espejo había ocurrido un ataque contra un uniformado. La pareja policial estaba haciendo un control de identidad preventivo a sujetos que merodeaban la villa, descrita por vecinos como un sector complejo por la habitual venta de drogas.
El procedimiento terminó con el cabo 2° Cristopher Andrés Aguilera Fernández, de 30 años, herido de un disparo en la cabeza. Según información policial, Brayan Farías Díaz, de 29 años y de nacionalidad venezolana en situación irregular, abrió fuego de inmediato contra los uniformados. El cabo 1° Pablo García Ortiz repelió el ataque.
De acuerdo con la versión policial, Farías disparó cerca de 20 veces. Luego se produjo un intenso operativo en la zona, con resistencia de varios vecinos del sector, y el atacante murió abatido. En ese mismo despliegue, los carabineros recuperaron el arma: tenía un cargador extendido para 30 disparos.
El fiscal Juan Cheuquiante explicó en la noche del domingo que «en circunstancias en que funcionarios de Carabineros efectuaban trabajo preventivo en un sector de Lo Espejo fue que se encuentran de frente con un sujeto, ciudadano venezolano, que extrae desde su vestimenta un arma de fuego iniciando un proceso de disparos contra los funcionarios policiales quien lamentablemente posteriormente fallece».
La Fiscalía Sur mantenía diligencias para determinar quiénes están detrás del delincuente muerto. Por ahora, no está claro cuál fue la motivación del sujeto para reaccionar de esa manera. Fuentes policiales señalan que se trataba de un peligroso delincuente vinculado al tráfico de drogas en esa zona, y también se investiga si justo a esa hora iba a producirse alguna transacción de sustancias.
Vecinos del sector subrayan el tráfico constante de drogas en la villa. Según esos testimonios, habría departamentos tomados y usados solo para esos fines. En ese contexto, la nota describe que sujetos como Farías actuarían como soldados de narcotraficantes que buscan resguardo ante eventuales operativos policiales.
Allí una de las principales drogas que se mueve es el tussi. En esa convivencia, dicen quienes conocen la dinámica de la comuna, varias bandas se disputarían el territorio. La semana pasada, el 22 de septiembre, en la población José María Caro, fue acribillado Héctor Cárdenas, alias «el Poroto», sindicado como uno de los líderes narco de la comuna. El crimen del carabinero ocurrió a unos tres kilómetros de ese lugar.
Durante este lunes, el sector amaneció con fuerte presencia policial. «El sector es supermalo», dijeron habitantes del área, que prefirieron mantener su nombre bajo reserva. Pese a que el atacante murió abatido, la investigación sigue abierta y el foco está puesto en la trama detrás del hecho.
En abril de este año, Farías había sido detenido por portar un arma blanca en un hecho en que otros sujetos terminaron agrediendo a carabineros durante otro control preventivo. Fue dejado en libertad casi de inmediato tras ser formalizado. También registraba domicilio en La Cisterna y se encontraba en condición irregular en Chile.
Desde Carabineros destacaron la trayectoria del cabo 2° Aguilera, padre de un hijo de nueve meses. Tenía ocho años en la institución y acumulaba 10 felicitaciones en su hoja de vida. En junio había sido felicitado por «demostrar alto compromiso y profesionalismo» al concretar la detención de un sujeto que portaba un arma de fuego.
Al inicio de una actividad relacionada con la inyección de empleo, en La Moneda, el Presidente José Antonio Kast se refirió al ataque. «Como lo dije también en el consejo de gabinete, cuando muere un carabinero, muere una parte de Chile. Y en eso estamos todos unidos en respaldo a nuestras fuerzas policiales», dijo. Luego pidió un minuto de silencio y se decretó duelo de tres días.
En paralelo, el féretro salió escoltado por un contingente policial desde la oficina del Servicio Médico Legal, en Independencia. Pasó por la Alameda y Providencia, donde hubo personas que se apostaron en la vía pública para rendir homenaje al funcionario. En la parroquia San Ramón de Providencia se ofició una misa de responso a las 17.00 y el martes se realizará una última despedida en esa iglesia, donde también se abrió un libro de condolencias.
El funeral será a las 15.00 en el Cementerio General y la presencia de Kast, hasta el cierre de esta edición, estaba confirmada. El ministro de Seguridad, Martín Arrau, dijo que el asesinato del carabinero los llamaba a «reformar lo que estaban haciendo e ir más allá». También habló de reforzar el apoyo irrestricto a las fuerzas de orden y seguridad y de aumentar medios materiales a través del presupuesto.
La escena lo dice todo. Cuando un carabinero cae en un control preventivo, el problema ya no es solo policial: es institucional, presupuestario y de orden público. El Estado aparece obligado a responder con más capacidad, más control y menos margen para que el narco siga marcando territorio.
Para entender el presente hay que volver a esa semana. El asesinato de Aguilera ocurre tras otro crimen narco en la misma comuna y en un entorno donde vecinos describen departamentos tomados, disputas entre bandas y tráfico constante. Si el aparato estatal no recupera la calle, el costo lo pagan los funcionarios, los vecinos y, al final, todos los contribuyentes.


