Las autoridades y los vecinos de las zonas ribereñas de Corrientes y de Entre Ríos siguen en alerta este domingo. La causa es la crecida sostenida del río Uruguay, que en las últimas horas obligó a evacuar preventivamente a algunas familias en Concordia y en otras ciudades litoraleñas.
El Comité Operativo de Emergencias de Concordia, con datos del área de Hidrología de la Comisión Técnica Mixta de Salto Grande, calculó que el nivel del río frente al puerto de Concordia podría llegar a 11,60 metros este lunes. Ese registro, en principio, se extendería hasta el jueves.
La Municipalidad de Concordia informó que hasta este domingo solo fueron evacuadas siete familias. Cuatro de ellas, 12 adultos y 10 menores, fueron trasladadas al centro de evacuados ex-Bagley. Las tres restantes se alojaron en casas de familiares.
La escena lo dice todo. Mientras el agua sigue ganando terreno, la ciudad se prepara para una emergencia más amplia. Diego Saure, secretario de Salud de Concordia y coordinador del COE, dijo que existe una ordenanza que prohíbe construir viviendas por debajo de la cota 14. Según explicó, en ese nivel «se estresa todo el sistema y donde crece exponencialmente el número de evacuados».
Saure agregó que, pensando en un escenario complejo, se proyecta infraestructura para albergar unos 1000 evacuados. También señaló que, como último recurso, buscarán usar las escuelas para no afectar a los estudiantes.
La presión no se limita a Concordia. En Colón, el río continuaba creciendo y la Comisión Administradora del Río Uruguay proyectó una altura cercana a los 7,70 metros en los próximos días. Esa marca quedaría apenas 20 centímetros por debajo de la cota de evacuación, fijada en 7,90 metros.
En Concepción del Uruguay, las proyecciones de la CARU estiman una altura de 6,10 metros, por encima de la cota de alerta de 5,30 metros. En la desembocadura del Gualeguaychú, las previsiones anticipan registros superiores al nivel de evacuación. Y en Paysandú, donde el nivel de alerta se activa después de los 4,39 metros, se esperan marcas muy por encima, con una crecida de 6,70.
Más al norte, la creciente ya dejó consecuencias en Corrientes. En Paso de los Libres, donde según los medios locales fueron asistidas alrededor de 30 personas, Prefectura Naval Argentina registró una altura de 9,18 metros, por encima de la cota de evacuación establecida en 8,50 metros. En Alvear, las autoridades dispusieron el cierre del puerto y suspendieron el cruce hacia Brasil. Allí el río marcó 10 metros, superando el nivel de alerta local.
El fenómeno llega en un momento en que El Niño vuelve a ganar fuerza. Los organismos técnicos advirtieron que eso aumenta la probabilidad de lluvias superiores a las normales en el noreste argentino y el Litoral. Según un informe meteorológico citado por LA NACION, durante octubre y noviembre la señal con mayor humedad se concentrará en el extremo nordeste del Litoral, con precipitaciones que superarán en más de 50 milímetros los valores normales.
Ese dato explica por qué la tensión no baja. El mismo reporte presume riesgos altos de inundaciones en la Mesopotamia, aunque el resultado final aún es incierto.
De acuerdo con el último informe de la CARU, hasta las 15 de este lunes el río Uruguay no superaría los 11,80 metros frente al puerto de Concordia ni los 12,10 metros frente al de Salto. El nivel se mantendría estable, aunque podría registrar variaciones leves y localizadas por los vientos y por el nivel del Río de la Plata. Aun así, el organismo recomendó prestar atención a posibles variaciones en los aportes de agua a la represa de Salto Grande.
Para entender el presente hay que volver a esa semana. La crecida no solo pone a prueba a los sistemas de emergencia. También recuerda que cada decisión urbanística tiene consecuencias reales cuando el río desborda. Allí aparece el verdadero costo: infraestructura que debe levantarse a último momento, escuelas que pueden quedar en reserva y familias que terminan dependiendo de la capacidad de respuesta del Estado.
En el fondo, el debate no es solo meteorológico. Es también de ordenamiento, previsión y responsabilidad sobre el uso del suelo. Cuando se construye en zonas bajas, el ajuste llega después, y lo paga la comunidad entera con más evacuaciones, más gasto y más presión sobre servicios que ya trabajan al límite.



