La temporada de nieve ya tiene su patrocinador más visible. Corona lleva adelante lo que describe como su mayor despliegue invernal en Argentina, con presencia simultánea en ocho centros de ski: Cerro Catedral, Chapelco, Las Leñas, Cerro Castor, Caviahue, La Hoya, Lago Hermoso y Perito Moreno.
La estrategia no se limita a un cartel en la base de la montaña. La marca trazó un circuito que arranca en los aeropuertos y ciudades de acceso, continúa en los medios de elevación y se extiende hasta los refugios de altura. La idea, según la propia compañía, es «acompañar cada momento de la estadía».
Los detalles cuentan la historia. En Cerro Catedral, la telecabina Amancay fue ambientada por Corona: el ascenso se convierte en un recorrido con identidad de marca antes de que el visitante llegue a las pistas. En paralelo, los espacios llamados Corona Cero ofrecen camastros, sectores de descanso y mesas de personalización con pines, stickers y parches. Un artista personaliza cascos en vivo, con el objetivo declarado de convertir cada pieza en un recuerdo de la visita.
El eje más visible del programa es el Corona Sunset Hour. Todos los jueves, a partir de las 17, tres cerros —Catedral, Chapelco y Las Leñas— abren encuentros de après ski con música y vistas a la cordillera. Los puntos de encuentro son Momos en Catedral, Pantera en Chapelco y Ufo Point en Las Leñas. La propuesta incluye barra de tragos, juegos y activaciones para personalizar pañuelos y gorros.
La marca también introdujo un ranking propio de pistas que evalúa diez recorridos en Catedral, Las Leñas, Chapelco y Cerro Castor. El sistema abandona la clasificación técnica tradicional —verde, azul, roja, negra— y pondera cinco criterios: paisaje y vistas, experiencia completa, desafío técnico, diversión y potencial de atardecer. Cada pista recibe así un diferencial que va desde las vistas al Nahuel Huapi y el Lanín hasta los bosques y los paisajes del fin del mundo en Castor.
Para entender el presente hay que volver a esa semana en que las marcas de consumo masivo decidieron que el deporte de nieve ya no era nicho de élite sino plataforma de alcance masivo. El esquí argentino creció en infraestructura y en público; las marcas siguieron ese movimiento. Corona no es la primera en apostar por la montaña, pero la escala de este despliegue —ocho destinos, presencia en toda la cadena del viaje, programa semanal fijo— marca un salto cuantitativo respecto a activaciones anteriores.
Desde la línea editorial de Hemisferio, la lectura es doble. Por un lado, este tipo de inversión privada en experiencias turísticas es exactamente lo que dinamiza economías regionales sin necesidad de subsidio estatal: Bariloche, San Martín de los Andes, Malargüe y Ushuaia reciben visitantes que gastan en hotelería, gastronomía y equipamiento. Por otro lado, el modelo de marketing experiencial que Corona despliega es un recordatorio de que la libre empresa, cuando opera en un entorno de reglas claras, encuentra sus propios caminos para crear valor —y empleo— en geografías que el aparato burocrático difícilmente alcanzaría con la misma eficiencia. La temporada blanca de 2026 tiene, al menos en la cordillera argentina, un patrocinador que apostó con billetera propia.



