La Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín abre sus puertas este fin de semana con Corea del Sur como invitado de honor, y la presencia de ese país en la ciudad va mucho más allá de libros. La programación se extiende hasta el 20 de septiembre y convierte el evento en un encuentro entre dos culturas que han sufrido la violencia y que han aprendido a recordar en lugar de olvidar.
Una de las figuras centrales de esa presencia es Samil Yang, presidente de la Fundación Cultural Asia-Iberoamérica y traductor de literatura coreana al español. Yang presentará la traducción al español del «Chunhyangjeon», una novela clásica coreana cuya forma escrita tomó forma entre los siglos XVII y XVIII, aunque sus raíces vienen de la tradición oral del pansori, descrito como el género musical y narrativo más importante de Corea.
La historia sigue a Chunhyang, hija de una artista y entretenedora, y a Yi Mongryong, hijo de un noble: dos jóvenes que se enamoran y son separados por las circunstancias. Yang la compara con la «Ilíada» y la «Odisea» en el universo cultural coreano. La traducción se distribuirá gratuitamente al público durante el festival.
Yang tendrá dos días intensos en el Auditorio Corea del Sur. El sábado 12, a las 4:00 de la tarde, presentará el lanzamiento del «Chunhyangjeon» como el libro número 7 de la Biblioteca de la Fiesta. A las 6:00 participará en la charla «Narrar la sicología sin caer en un abismo» y a las 7:00 en «La escritura que incomoda». El domingo 13, a las 5:00 de la tarde, estará en «Una herida que aún no cierra» y a las 6:00 en «Corea del Sur no es solo como te lo cuentan».
Entre los invitados coreanos hay un nombre que los lectores de novela gráfica reconocerán de inmediato: Keum Suk Gendry-Kim, autora de «Mi amigo Kim Jong-un» y «Hierba». Esta última es una novela gráfica de no ficción sobre las mujeres de consuelo asiáticas en la Segunda Guerra Mundial, elegida uno de los mejores libros del año por The New York Times, The Guardian y otros medios internacionales.
Traducida a más de cuarenta idiomas y ganadora de una decena de premios, «Hierba» narra la historia real de Lee Ok-Sun, una joven coreana que durante la Guerra del Pacífico fue explotada como esclava sexual por el ejército imperial japonés. La obra ha sido comparada con «Maus», de Art Spiegelman, y «Persépolis», de Marjane Satrapi.
Gendry-Kim participará el sábado 12 de septiembre a las 5:00 de la tarde en el Auditorio Corea del Sur, en una conversación titulada «Documentar la península a través de la historieta», junto a Lina Flórez, autora e investigadora de historietas colombiana. La conversación explorará el dibujo como forma de representar la realidad y la memoria, con traducción de David Yang, profesor del Instituto Sejong de Bogotá.
La delegación literaria de Corea del Sur en esta Fiesta del Libro es la más amplia que el país ha traído a Medellín. La completan Geum-yi Lee, una de las escritoras más importantes de la literatura infantil y juvenil coreana, nominada dos veces al Premio Hans Christian Andersen y autora de una trilogía sobre la diáspora femenina coreana bajo el colonialismo japonés; Un-Su Kim, novelista de thriller conocido internacionalmente por «Los planificadores», publicada en diecisiete países; You-jeong Jeong, considerada la principal escritora de thriller psicológico de Corea del Sur y autora de «Siete años de oscuridad»; Hee-kyung Eun, ganadora del Yi Sang Literary Award; el poeta Jae-hoon Lee, que debutó en 1998 y ha publicado cinco poemarios; la escritora Seolyeon Park, ganadora del Premio Hankyoreh de Literatura en 2018; y Guho Cho, el invitado con el vínculo más directo con Colombia.
Cho es licenciado en Español de la Universidad Hankuk de Estudios Extranjeros, maestro en Literatura Latinoamericana del Instituto Caro y Cuervo y doctor en Literatura Latinoamericana de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá. Ha traducido al coreano a García Márquez, Juan Gabriel Vásquez, Eduardo Galeano, Mario Vargas Llosa y Miguel de Cervantes, y es autor del libro «Lecturas críticas sobre Cien años de soledad».
Para Samil Yang, la presencia de Corea en Medellín es fruto del interés de una generación de jóvenes colombianos que creció viendo k-dramas y escuchando k-pop, y que ahora tiene la oportunidad de encontrar en un mismo lugar lo que hasta ahora consumía de manera fragmentada. «La cultura coreana no es superior ni inferior», dice Yang. «Es la cultura de gente que vive al otro lado del planeta, que siente como nosotros, que ha superado dificultades como nosotros. La cultura no supera el dolor olvidando, sino recordando, para crear una conciencia colectiva que permita seguir adelante».
Ese es también el principio que guía el ssitgim, un ritual coreano asociado al recuerdo y al tránsito, que entra en esta Fiesta del Libro como una pista de lectura sobre el resto de la programación. Para entender el presente hay que volver a esa semana: la ciudad recibe a Corea del Sur no solo como una vitrina cultural, sino como una conversación sobre memoria, identidad y resistencia.
Los detalles cuentan la historia. Cuando una feria del libro abre espacio a traducciones gratuitas, a historietas sobre violencia sexual en guerra y a clásicos que vienen de la tradición oral, el gesto es más que simbólico. También hay una apuesta por el valor de la palabra, por la circulación del conocimiento y por una cultura que no se usa como adorno, sino como puente entre memorias difíciles.



